Este año, las celebraciones se iniciarán el 1° de octubre, en una decisión que busca, según el propio mandatario, “estimular la economía, la cultura y la alegría de la población”.
Durante la presentación de esta medida, el dictador sostuvo que la Navidad adelantada permitirá“mantener la alegría del pueblo y promover el comercio local”, con actividades culturales como villancicos, gaitas, hallacas y celebraciones en barrios populares.
Maduro, además, arremetió contra la iglesia católica y la oposición: “Unos tipos con sotana salieron a decir que hay Navidad solo si ellos la decretaban. No, no, señor de sotana, usted aquí no decreta nada. Jesucristo le pertenece al pueblo, las Navidades son del pueblo y el pueblo las celebra cuando quiera celebrar sus Navidades”.
Maduro destacó que fue “un año bueno y bonito”, en el que, según él, Venezuela logró “rehacerse y reconstruirse” pese a los problemas internos y las presiones internacionales. En este sentido, la celebración anticipada se convierte en una herramienta política más del régimen para reforzar la narrativa oficial de recuperación, a pesar de las denuncias internacionales sobre violaciones a los derechos humanos, el colapso de servicios básicos y la emigración masiva de ciudadanos.
No es la primera vez que el dictador utiliza esta estrategia. Desde 2013 ha impuesto de manera recurrente el adelantamiento de la Navidad como un recurso para “levantar el ánimo” de la población.
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En aquel año, tras la muerte de Hugo Chávez, expresó: “Vamos a adelantar la Navidad para que la gente pueda disfrutar de esta época de paz y amor, y se olvide un poco de las dificultades”. Desde entonces, la fecha ha variado cada año, adelantándoseincluso en 2023 hasta el 1° de septiembre.
La coyuntura actual está marcada por un incremento de la tensión con Washington, tras el despliegue de activos militares estadounidenses en el Caribe. Maduro respondió con tono desafiante: “A Venezuela nadie la va a humillar, no vamos a aceptar la humillación del imperio gringo (…) Ninguna generación de venezolanos se va a humillar al imperio gringo. Jamás. Ni hoy ni nunca”.
Las fricciones se agravaron luego de que Estados Unidos formalizara la acusación por “narcoterrorismo” contra Maduro y elevara en agosto la recompensa por su captura a 50 millones de dólares.
Mientras el régimen insiste en que se trata de intentos de desestabilización, la comunidad internacional mantiene la presión para forzar una transición política en Venezuela, donde la Navidad vuelve a convertirse en un instrumento de propaganda del dictador.