Al menos medio centenar de personas murieron en ataques simultáneos contra dos aldeas del centro de Mali, en uno de los episodios más sangrientos registrados desde que grupos armados lanzaron una ofensiva coordinada contra el gobierno militar el mes pasado. Las acciones fueron reivindicadas por el grupo yihadista JNIM, organización vinculada a Al-Qaeda, y volvieron a poner en evidencia el grave deterioro de la seguridad en el país africano.
Los ataques ocurrieron en las localidades de Korikori y Gomossogou, situadas en la región de Mopti, una de las zonas más afectadas por la violencia extremista en los últimos años. Según fuentes locales citadas por agencias internacionales, hombres armados irrumpieron durante la noche disparando contra los habitantes y saqueando viviendas antes de retirarse.
Varias fuentes informaron inicialmente que al menos 30 personas habían muerto, aunque posteriormente fuentes diplomáticas y humanitarias elevaron el balance a más de 50 víctimas. La cifra definitiva todavía no ha sido confirmada oficialmente y varios habitantes continúan desaparecidos.
Testigos describieron escenas de caos y destrucción. ''Hombres armados no identificados irrumpieron disparando y saqueando el pueblo'', relató un residente. Además de las muertes, numerosas viviendas fueron incendiadas y parte de las aldeas quedó devastada tras el ataque.

Fuentes de seguridad indicaron que la ofensiva habría sido ejecutada como represalia por acciones atribuidas a Dan Na Ambassagou, una milicia de autodefensa creada por comunidades locales para protegerse de la violencia en el centro de Mali. Aunque algunos de los fallecidos pertenecerían a grupos armados locales, entre las víctimas también habría civiles, incluidos adolescentes y menores de edad.
La red de periodistas especializados en seguridad del Sahel WAMAPS señaló que los ataques provocaron un número de muertos superior a 50 personas y denunciaron saqueos e incendios en las aldeas afectadas.
El gobernador de la región de Bandiagara condenó los hechos y calificó los ataques como ''actos despreciables e inhumanos''. Mientras tanto, el ejército maliense anunció una operación de respuesta en la zona y aseguró haber abatido a cerca de una decena de combatientes extremistas, además de destruir una base logística utilizada por los atacantes.

La situación de seguridad en Mali atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio de la crisis armada en 2012. Ese año, una rebelión separatista en el norte del país fue aprovechada por organizaciones islamistas radicales que lograron expandirse rápidamente y tomar control de amplias regiones del territorio.










