Rusia volvió a recurrir a una de sus estrategias clásicas de la Guerra Fría: anunciar un misil intercontinental como el arma definitiva capaz de romper cualquier defensa. Vladimir Putin confirmó que el RS-28 Sarmat, conocido por la OTAN como Satan II, será desplegado operativamente a finales de 2026 luego de un ensayo exitoso que incluyó la difusión de imágenes.
Moscú no lo presenta como un misil más, sino como el sistema de misiles más poderoso del mundo, diseñado específicamente para evadir escudos antimisiles. El mensaje busca instalar en Occidente la idea de que, incluso con la mejor tecnología defensiva, Rusia mantiene la capacidad de garantizar una respuesta nuclear devastadora.
El Sarmat combina trayectorias balísticas y suborbitales, con un alcance superior a los 35.000 kilómetros. Según las autoridades rusas, puede llevar múltiples cabezas nucleares y vehículos hipersónicos maniobrables como el Avangard, lo que le permitiría saturar o confundir los sistemas de defensa.











