Rusia lanzó uno de sus ataques aéreos más intensos sobre Kiev desde el inicio de la guerra en 2022, causando al menos tres muertes. El ataque formó parte de una serie de bombardeos que Moscú calificó como represalia por ofensivas ucranianas recientes en territorio ruso.
Durante la noche del lunes al martes, explosiones estremecieron la capital ucraniana. Las autoridades locales informaron que siete de los diez distritos de Kiev fueron impactados, lo que obligó a desplegar helicópteros para apagar incendios provocados por los ataques con misiles y drones tipo Shahed. Tres personas murieron y al menos cuatro resultaron heridas en la capital.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, denunció la agresión y lamentó que estos ataques opacaran los esfuerzos internacionales, especialmente de Estados Unidos de la mano del presidente Trump, para presionar a Rusia a negociar la paz.
En palabras del mandatario, ''hoy fue uno de los ataques más grandes sobre Kiev''. También fue dañado el conjunto monumental de la Catedral de Santa Sofía, patrimonio mundial de la UNESCO, según confirmó el ministro de Cultura ucraniano, Mykola Tochytskyi, quien lo describió como ''el alma de toda Ucrania''.

En el sur, la ciudad portuaria de Odesa fue blanco de otro ataque nocturno con drones que golpeó un edificio médico de emergencias y viviendas residenciales. Dos hombres murieron, pero los pacientes y el personal médico lograron ser evacuados a tiempo.
Estados Unidos condenó los ataques y pidió su cese inmediato. Un portavoz del Departamento de Estado expresó su preocupación y transmitió condolencias a las víctimas. Ambas partes del conflicto niegan atacar deliberadamente a civiles, aunque ya han muerto miles de ellos, en lo que es el peor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.










