Siria fue desconectada del sistema SWIFT en 2012 como parte de un conjunto de sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países en respuesta a la represión del régimen de Bashar al-Assad contra las manifestaciones durante el inicio de la guerra civil en 2011.
La desconexión tuvo efectos devastadores: aisló a Siria del sistema bancario global, dificultó el comercio exterior, y obligó a la economía a operar en gran medida a través de canales informales, lo que favoreció el lavado de dinero y la corrupción. Además, estas medidas contribuyeron al colapso económico generalizado y al empobrecimiento masivo de la población.
Con la caída del régimen de Assad a finales del año pasado, el nuevo liderazgo ha empezado a implementar reformas para estabilizar la economía y restaurar la confianza internacional.













