Las fuerzas ucranianas lanzaron una nueva ofensiva con drones y misiles contra las refinerías de Perm y Riazán, dos de los mayores complejos de procesamiento de crudo de Rusia.
Ucrania lanzó un nuevo ataque de largo alcance contra dos de las principales refinerías de petróleo de Rusia, en una ofensiva que volvió a poner en el centro de los combates la infraestructura energética utilizada por Moscú para abastecer su esfuerzo militar.
Según informaron las autoridades ucranianas, los objetivos fueron las refinerías de Perm y Riazán, consideradas entre las instalaciones de procesamiento de crudo más importantes del país. Los ataques provocaron incendios, obligaron a evacuar sectores cercanos y generaron interrupciones temporales en las operaciones de ambas plantas.
La refinería rusa de Perm después del ataque ucraniano
La refinería de Riazán se encuentra al sureste de Moscú y es una de las mayores del país por volumen de producción. Por su parte, la planta de Perm, ubicada en la región de los Urales, constituye un importante centro de refinación y distribución de combustibles hacia distintas zonas del territorio ruso.
Las autoridades rusas confirmaron que sus sistemas de defensa aérea respondieron a la ofensiva, aunque reconocieron que se registraron impactos e incendios en instalaciones industriales. Equipos de emergencia fueron desplegados para controlar el fuego y evaluar los daños, mientras que los gobiernos regionales activaron protocolos de seguridad y evacuación en las zonas cercanas a las refinerías afectadas.
La ofensiva forma parte de la estrategia ucraniana de ampliar el alcance de sus operaciones contra objetivos considerados esenciales para el funcionamiento de la maquinaria militar rusa. Durante los últimos meses, Kiev incrementó los ataques contra depósitos de combustible, refinerías, bases aéreas, centros logísticos y embarcaciones vinculadas al transporte de petróleo.
El presidente ucraniano Volodímir Zelensky
Los ataques repetidos sobre la infraestructura energética rusa buscan generar un impacto económico además del efecto militar. Las interrupciones en la producción de combustibles pueden afectar el abastecimiento interno, aumentar los costos logísticos y obligar al Kremlin a destinar mayores recursos para proteger instalaciones críticas distribuidas en distintas regiones del país.
Mientras Ucrania continúa ampliando el radio de acción de sus operaciones con drones y misiles de largo alcance, Rusia mantiene sus bombardeos contra ciudades e infraestructura ucraniana. La intensificación de los ataques sobre objetivos estratégicos de ambos bandos refleja una nueva etapa del conflicto, en la que la infraestructura energética y logística se ha convertido en uno de los principales frentes de la guerra iniciada en febrero de 2022.