Los ataques ucranianos contra refinerías e infraestructura energética rusa comenzaron a generar nuevas dificultades de abastecimiento en la capital, donde algunas estaciones permanecieron cerradas y los conductores reportaron esperas de hasta una hora.
Las consecuencias de la campaña ucraniana contra la infraestructura energética rusa comenzaron a sentirse nuevamente en Moscú, donde durante los últimos días volvieron a formarse largas filas de vehículos en las estaciones de servicio. Algunas gasolineras permanecieron cerradas o tuvieron surtidores fuera de funcionamiento, mientras los conductores reportaron esperas de hasta una hora para conseguir combustible.
La situación está relacionada con una serie de ataques con drones realizados por Ucrania contra refinerías y otras instalaciones petroleras ubicadas en territorio ruso. Kiev ha convertido las infraestructuras energéticas en uno de sus principales objetivos estratégicos, con la intención de reducir la capacidad rusa para producir combustible.
La refinería rusa de Orsk después de un ataque ucraniano
Uno de los golpes más recientes afectó a la refinería de Orsk, en la región de Oremburgo. El ataque provocó daños en instalaciones fundamentales y obligó a detener completamente el procesamiento de petróleo. La reparación podría prolongarse durante meses debido a la dificultad para conseguir determinados equipos afectados por las sanciones internacionales.
La refinería de Orsk tiene una capacidad aproximada de 5,76 millones de toneladas de petróleo al año, equivalentes a unos 115.000 barriles diarios. Su paralización se suma a los problemas registrados en otras instalaciones de refinación rusas, reduciendo la producción disponible de gasolina, diésel y otros derivados.
El impacto ya se refleja también en el comercio exterior. Las exportaciones rusas de productos petrolíferos por vía marítima cayeron un 33,3% en julio respecto del mes anterior y un 54,7% frente a julio de 2025, en parte como consecuencia de las interrupciones provocadas por ataques ucranianos y trabajos de mantenimiento no previstos.
Para Ucrania, los ataques representan una forma de trasladar parte del costo de la guerra al territorio ruso. El objetivo no es únicamente afectar instalaciones militares, sino también reducir la capacidad energética que sostiene la economía rusa y el esfuerzo bélico de Moscú.
Vehículos rusos haciendo fila en una estación de servicio
La situación en Moscú constituye una señal especialmente significativa debido a que la capital se encuentra muy alejada de la línea del frente. Las imágenes de vehículos esperando para cargar combustible muestran cómo los efectos de los ataques ucranianos comienzan a repercutir en la vida cotidiana de los ciudadanos rusos.
Mientras Ucrania continúa atacando refinerías y depósitos de combustible, Rusia enfrenta el desafío de mantener el abastecimiento interno y reparar las instalaciones dañadas. La creciente presión sobre el sector energético añade así un nuevo frente económico a una guerra que ya se extiende mucho más allá de las zonas directamente afectadas por los combates.