La destitución de Karim Khan como fiscal jefe de la Corte Penal Internacional marca uno de los episodios más trascendentes en la historia reciente del tribunal de La Haya. Los 125 Estados miembros de la institución votaron por amplia mayoría su remoción tras concluir que incurrió en una grave conducta indebida y en un serio incumplimiento de sus funciones. Khan niega las acusaciones y anunció que apelará la decisión, pero el daño a su credibilidad —y a la de la propia Corte— ya parece irreversible.
Para Israel, la noticia tiene un significado que trasciende el escándalo personal del fiscal británico. Fue precisamente bajo su conducción que la Corte emitió órdenes de arresto contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant, en una decisión que Jerusalén denunció como un proceso profundamente politizado y carente de fundamentos sólidos.












