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La Dictadura de la Corte Suprema en todo su esplendor: arrestaron a un ex asesor de Trump por reunirse con Bolsonaro

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El CEO de la red social GETTR fue detenido por varias horas por un juez izquierdista de la Corte Suprema, que continúa con sus arrestos arbitrarios y sus actitudes antidemocráticas.

Jason Miller, ex asesor del expresidente estadounidense Donald Trump en la Casa Blanca y actual CEO de la red social GETTR, que busca ser una alternativa a Twitter sin censura, fue detenido por la Policía Federal (PF) este martes 7 en Brasilia.

Miller fue detenido en el aeropuerto de la capital federal para regresar a Estados Unidos, tan solo un día después de haber estado reunido con Jair Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro y nuestro corresponsal de La Derecha Diario, en el Palacio Planalto.

El empresario fue detenido para declarar ante la Policía Federal, por orden del juez de la Corte Suprema (STF), el izquierdista Alexandre de Moraes. Miller está en Brasil porque participó en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), evento que se llevó a cabo la semana pasada en la capital del país.

El interrogatorio duró 3 horas, y agentes de la Policía Federal, que responden a la Corte Suprema, trataron de establecer un vínculo entre el empresario y una causa judicial totalmente politizada que lidera Moraes, sobre Fake News y posibles actos antidemocráticos en la manifestación de hoy. 

Según el STF, el ex asesor de Trump ayudó en la organización de la marcha que reclama justamente por los arrestos arbitrarios de la Suprema Corte.

Miller y su equipo fueron liberados después de varias horas y finalmente le permitieron que se suba a un avión de vuelta a Estados Unidos. La arbitrariedad de la detención y el interrogatorio a una persona que no estaba involucrada en la causa, manda una preocupante señal al resto del mundo: si sos de derecha y amigo de Bolsonaro, no vengas a Brasil.

Brasil

Bolsonaro derrota la inflación: el índice general de precios cayó un 1,22% en el mes de septiembre

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La economía de Brasil registró deflación por tercer mes consecutivo, según las estimaciones de la Fundación Getulio Vargas. La actividad se recupera al mismo tiempo en que los precios bajan. 

El programa económico de Jair Bolsonaro consiguió derrotar la inflación de manera contundente. El Índice General de Precios de Disponibilidad Interna (IGP-DI) cayó un 1,22% al cierre de septiembre. El indicador es elaborado por la Fundación Getulio Vargas y busca ser una medición complementaria y anticipada que combina precios minoristas y mayoristas.

Acorde al segmento de precios relevado por la fundación, la inflación interanual habría caído al 7,94% en septiembre, y la inflación acumulada desde enero alcanzaría el 5,54%

Las cifras para la inflación minorista relevada por el IBGE podrían ser incluso más optimistas, ya que hasta agosto la inflación acumulada no superó el 4,5% sobre esta última canasta de bienes.

Los precios mayoristas habrían bajado hasta un 1,68% en el mes de septiembre, después de haber bajado otro 0,68% en el mes anterior. Este segmento de los precios registraba una profunda desaceleración, ya que la inflación mayorista interanual cayó del 18% al 12,2% entre julio y agosto

La fundación explicó que las estadísticas para el mes de septiembre muestran que solamente el 30% de los productos relevados mostraron subas con respecto a agosto, mientras que en septiembre de 2021 hasta el 69% de los precios relevados mostraron aumentos. 

La baja sobre los mayoristas fue la gran impulsora de la deflación sobre el nivel general de los precios, mientras que en el segmento estrictamente minorista (que componen el IPC) se observó una ligera inflación del 0,02% en septiembre

Es el tercer mes consecutivo en que Brasil registra deflación de precios minoristas, luego de que el IBGE anunciara oficialmente una caída del 0,68% en julio, y 0,36% al término de agosto. La inflación mensual promedió solo el 0,01% entre abril y agosto, una trayectoria que dota de optimismo a los mercados ya que no la tasa de política monetaria podría dar por finalizado su sendero alcista. 

Al igual que los dos meses precedentes, en septiembre la estabilidad del IPC fue explicada por una fuerte baja en los precios de la energía (-11,6%), el transporte (-2,6%) y comunicaciones (-1%). Se observaron alzas moderadas sobre los servicios de educación, lectura y recreación (entre 0,46% y 4,36%). 

Los precios minoristas de los alimentos permanecieron relativamente estables en septiembre, registrando variaciones de entre 0,07% y -0,29% dependiendo cada producto. Lo mismo ocurrió con los servicios de salud y cuidado personal (entre 0,59% y 0,77%) e indumentaria (entre 0,38% y 0,53%). 

El contexto deflacionista se produce al mismo tiempo en que el nivel de actividad permanece en crecimiento y mejora sus expectativas para fin de año. La economía creció un 1,2% en el segundo trimestre del año, y hasta un 0,69% solamente en el mes de junio. Las proyecciones de crecimiento para 2022 fueron corregidas del 2% al 2,7%, y del 0,37% al 0,5% para el 2023. 

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Bolsonaro sacó de la pobreza a 10 millones de brasileños en 2021 según el Banco Mundial

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A contracorriente de lo que ocurrió en la mayoría de las economías del mundo, la tasa de pobreza de Brasil cayó en 2020 y llegó al nivel más bajo de la historia. En 2021 se recobró el crecimiento y la pobreza se ubica en el valor más bajo de la historia. 

La medición de la pobreza elaborada y publicada por el Banco Mundial, a partir de ingresos en moneda constante y ajustable por poder adquisitivo, determinó que Brasil concretó una drástica reducción de la pobreza en los primeros tres años de gobierno de Bolsonaro, incluso durante el año de pandemia cuando decenas de gobernadores cerraron sus estados y generaron un caos económico. 

Bajo la administración de Jair Bolsonaro la tasa de pobreza medida bajo una línea de 10 dólares PPP de 2017 cayó del 40,5% en 2018 al 39,7% en 2019, y luego al 34,4% para el término de 2020. No hay datos oficiales para el 2021, pero se estima que el número actualmente se ubica por debajo del 30%.

La adopción de políticas de asistencia social focalizadas y, en mayor medida, el rechazo a un cierre generalizado de la economía a nivel federal durante la pandemia, además de un fuerte crecimiento económico con una inflación baja en comparación con la región, contribuyeron a generar un resultado diametralmente opuesto al que se registró en la mayoría de los países latinoamericanos en 2020

Bajo esta línea de medición, el Banco Mundial estima que desde enero del 2019, cuando asumió Bolsonaro, y hasta el 31 de diciembre del 2020, un total de 11,7 millones de personas salieron de la pobreza en Brasil, de las cuales unas 10,7 millones lo hicieron solamente en 2020

La tasa de pobreza medida en los US$ 8 PPP de 2017 bajó del 23% en 2018 al 18% en 2020, la medición para los US$ 5 PPP pasó del 17% al 10%, y la pobreza más extrema ubicada en los 2,25 dólares diarios bajó del 5,6% al 2% en el mismo período. 

Brasil tiene hoy el menor nivel de pobreza de su historia

La aplicación de las reformas estructurales como parte del Consenso de Washington en la década del 90 permitió que Brasil obtuviera un importante despegue económico entre 1994 y 2014. Las privatizaciones, la apertura comercial, la estabilidad de precios y la disciplina fiscal fueron los factores explicativos del holgado crecimiento. 

Valiéndose de estas reformas, el entonces presidente Lula da Silva capitalizó a partir del 2003 para sí mismo todos y cada uno de los beneficios de este boom económico, pero deteriorando progresivamente los motores que hacían posible esa situación.

Pobreza en Brasil entre 1981 y 2020.

Así, Lula gobernó en un período en el que la pobreza cayó estrepitosamente mientras se encargó, a través de un sólido relato mediático, de convencer a la gente que salía de la pobreza no por el boom económico de aplicar las medidas del Consenso de Washington, si no por los planes sociales y las obras que desde su gobierno impulsó.

Esta situación fue similar a lo que ocurrió con otros presidentes contemporáneos como Néstor Kirchner en Argentina o Evo Morales en Bolivia, quienes se fueron del poder antes de que estallaran las grandes crisis de sus gobiernos, y su imagen quedó impoluta.

Lejos de ser un logro del socialismo del siglo XXI o del Foro de Sao Paulo, fueron las reformas económicas liberales en la década de 1990, propiciadas por los presidentes Collor de Mello, Itamar Franco y Henrique Cardoso quienes sacaron a 41,76 millones de brasileños de la pobreza, en el período de 1992 a 2014. 

Tras 11 años de gobierno de Lula y de su sucesora directa, Dilma Rousseff, Brasil sufrió una severa crisis económica y financiera entre 2015 y 2016, producto directo del agotamiento de recursos. Como los gobiernos del PT se encargaron de distribuir y no de generar capital, el desarrollo no se pudo consolidar y el país entró nuevamente en un ciclo de aumento de pobreza.

El Banco Mundial estima que la pobreza trepó del 38,8% en 2014 al 41,6% en 2016, y casi 7 millones de brasileños cayeron nuevamente bajo ese umbral, medido a partir de los 10 dólares PPP. 

A diferencia de lo que ocurrió en las primeras presidencias de Lula, Bolsonaro no heredó una organización económica reformada y funcional, sino que al contrario, heredó un Estado quebrado y dominado por el asistencialismo, y tuvo la difícil tarea de volver a encaminar a la economía brasileña por el sendero del liberalismo.

Lula, en caso de ganar en segunda vuelta, tendrá nuevamente las cuentas ordenadas y recursos para dilapidar, por lo que la prensa nuevamente celebrará el boom económico del PT, a pesar de que el gran responsable es Bolsonaro.

De todos modos, esta vez hay un colchón de recursos mucho más chico que el que heredó Lula en 2003, y es posible que un rápido giro por izquierda de la matriz económica, después de un período de bonanza, lleve a Brasil a una fuerte crisis, como la que atraviesa hoy Argentina.

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Brasil

Lula debió salir a aclarar que “es cristiano” y que “nunca habló ni pactó con el diablo”

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El ex presidente socialista, que criticó el cristianismo toda su carrera, ahora lanza una agenda religiosa para intentar ganarle la segunda vuelta a Jair Bolsonaro.

A pesar de haber ganado holgadamente la elección presidencial de primera vuelta el pasado domingo, el ex presidente Lula lanzó una campaña desesperada para “mostrar su lado más religioso”, algo que nunca hizo en su larga carrera política, más bien marcada por sus críticas a la la religión, y especialmente al cristianismo.

Los ataques de Bolsonaro y el Padre Kelmon sobre cuestiones religiosas y morales parecen haber entrado fuerte, y su equipo de campaña ha decidido que su agenda en el mes electoral antes de la segunda vuelta se enfocará en mostrarlo más cercano a líderes religiosos.

Tan es así que este martes, en sus redes sociales, publicó una insólita imagen con un punteo de cuatro consignas sobre su persona: “1) Lula cree en Dios y es cristiano; 2) Lula no tiene un pacto ni nunca conversó con el diablo; 3) Lula cree que un presidente debe cuidar a quien tiene hambre; 4) Con Lula en la presidencia, Brasil vivió un momento de prosperidad”.

Resulta realmente insólito que un candidato a presidente deba salir a aclarar que “nunca pactó ni conversó con el diablo“, y que toda la evidencia presentada, en un caso que parece tan serio para el candidato izquierdista, sea su propia palabra.

Rápidamente, usuarios en redes sociales se burlaron de la publicación, cuestionando, con ironía, que decir que no pactó con el diablo es algo que alguien que pactó con el diablo diría. Por su parte, simpatizantes de Lula le recriminaron el cambio de discurso para ganar el apoyo de los evangélicos.

Hasta la fecha, Lula había hablado extensivamente a favor de la libertad religiosa y de ir en contra del cristianismo como la religión más importante del país. Incluso había promovido religiones africanas como el candomblé, la cábula, o la umbanda. Ahora, parece que dejó esta agenda en el pasado.

Esta publicación de Lula es parte de una coordinación mayor. Este mismo martes, militantes del PT revivieron un video de Jair Bolsonaro cuando era diputado hablando en una logia masónica, acusándolo de ser parte de esta sociedad.

Es una noticia vieja que Bolsonaro ya despejó en el pasado, pero ahora es parte de una campaña de difamación más profunda. El presidente ya había explicado que fue invitado a hablar, y que él, como cristiano, sintió la necesidad de hacerlo en cualquier ámbito al que sea invitado.

Esto se puede escuchar en el propio discurso que da, donde habla extensamente de la religión y de los valores del cristianismo, increpando a los masones que deberían adoptarlos “para ser más felices”.

El pastor Silas Malafaia, uno de los líderes evangelistas más importantes de Brasil, salió en defensa de Bolsonaro, asegurando que su labor religiosa y política lo lleva a todos lados: “Él tiene la responsabilidad de hablar en todos lados, en la Iglesia Evangélica, en la Iglesia Católica, en la Masonería, que no es una religión, es una sociedad“.

Resulta extraño que Lula esté intentando ganar votos de Bolsonaro creando una noticia falsa de que es masón, cuando su propio candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, es líder dentro de la Masonería de Brasil, y ha hablado públicamente del tema en más de una ocasión.

Alckmin, el segundo desde la derecha, con una banda masónica junto al Gran Maestro de la Masonería de Sao Paulo.

Prácticamente todos los años, Alckmin graba un video por el Día de la Masonería, agradeciéndole a todos sus leales, y hablando en favor de la organización que se define como una “sociedad discreta“.

Quiero destacar la importancia de la masonería en el mundo, que siempre estuvo presente en la defensa de la democracia, en la defensa de la libertad, de la igualidad, de la fraternidad, presente en la izquierda del absolutismo inglés, en la revolución francesa, presente aquí en Brasil por la abolición de la esclavitud“, resume el ahora candidato a vicepresidente de Lula.

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