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Israel

A 3 días de las elecciones en Israel, la derecha tiene el mayor apoyo de la historia pero se encuentra dividida: ¿podrá Netanyahu seguir en el gobierno?

Quedan pocos días para las elecciones generales en Israel el 23 de marzo, en las cuales la derecha está más fortalecida que nunca. Sin embargo, al estar dividida en muchos partidos no llegaría a los 61 escaños para poder formar gobierno. Las encuestas cifran a Netanyahu en 60.

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El próximo 23 de marzo Israel celebrará su cuarta elección en menos de dos años, producto de un quiebre en la coalición de gobierno que dirige Benjamin Netanyahu.
A 3 días de los comicios la derecha se encuentra más fortalecida que en todas las elecciones pasadas, aunque esta vez, se encuentra bastante separada.
Debido a las fuertes cuarentenas que impuso Netanyahu, que restringieron totalmente la libertad de los israelíes, muchos de sus votantes cambiaron su voto por otras fuerzas de derecha más liberales en su postura frente a la pandemia.
Esto, si bien lleva a un amplio apoyo a partidos de derecha en todo el espectro político, gracias al sistema d’hont para asignar bancas en el Parlamento, puede resultar en que una coalición que no llegue a los 61 escaños para formar gobierno.
Según las principales encuestas locales, los dos candidatos mejor parados para convertirse en Primer Ministro son el actual mandatario Bibi Netanyahu y el centro-izquierdista Yair Lapid.

Sin embargo, la coalición de derecha de Netanyahu actualmente sondea en 60 bancas en el Knesset, el parlamento israelí, mientras que la coalición “anti-Netanyahu” no llega a las 50 bancas. Si este conflicto perdura y ninguna coalición forma gobierno, podría incluso volver a repetirse esta elección en un futuro.

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Netanyahu, del centro-derechista conservador Likud, busca ser reelecto en el cargo y continuar su largo pero indudablemente próspero legado de más de 10 años como premier. 

Un promedio de encuestas indica que el Likud saldría primero y obtendría entre 27 a 31 bancas.

A pesar de más de una década al frente del gobierno, lo que comúnmente lleva al desgaste con el electorado, el Likud sigue contando con el apoyo de prácticamente un tercio de la población.
Además, a pesar de haber impuesto fuertes cuarentenas, Netanyahu cumplió con su promesa de abrir completamente la economía luego de la campaña de vacunación, lo cual le permitió recuperar varios de sus históricos votantes frustrados.
Esta promesa no hubiera llegado a cumplirse antes de la elección si no fuera porque Israel fue el país que más rápido vacunó a su población entre fines de febrero y principios de marzo, con más del 25% de los habitantes vacunados en sólo la primer semana.
Hoy, el ritmo de vacunación contra el COVID sigue en el podio mundial y fue sólo superado por Chile.
El presidente brasileño Bolsonaro (izquierda) junto a Netanyahu (derecha), con quien mantiene una estrecha amistad.

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Por su parte, Yair Lapid, quien lidera el partido de centro liberal Yesh Atid, quedaría en segundo lugar con entre 17 y 21 escaños, varios menos que el Likud que le saca amplia diferencia.

Lapid se enfrenta al reto más grande de su carrera política, puesto rompió con Benny Gantz, quien aceptó formar un gobierno de coalición con Netanyahu y asumir como Ministro de Defensa, para “derrocar al Likud“. Si no logra formar gobierno, muchos de sus votantes quedarán frustrados y le recriminarán haber llevado al país a otra elección innecesaria.

Mientras que el actual Primer Ministro modera entre los judíos más laicos y los ortodoxos, Lapid tiene un fuerte discurso contra los ortodoxos y plantea llevar a cabo reformas para evitar que Israel ceda ante presiones religiosas tanto del judaísmo como del Islam. 

A su vez, Lapid plantea políticas más progresistas y entreguistas con respecto a los palestinos. Su discurso es más bien moderado y recuerda a muchos al Partido Demócrata norteamericano.

Gantz y Lapid cuando estaban unidos en contra de Netanyahu, en 2019.

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En tercer lugar las encuestas indican un sorpresivo crecimiento de la derecha popular al más fiel estilo trumpista del partido Yamina, liderado por Naftali Bennett. 

Dentro de Yamina, al igual que en el Likud, conviven judíos no muy religiosos con judíos más ortodoxos.

Bennett corre por derecha a Netanyahu en diversas cuestiones sociales e internacionales pero en temas económicos comparten mucho, ya que ambos apoyan un sistema de libre comercio y bajo intervencionismo.

De hecho, Bennett participó en múltiples gobiernos de Netanyahu, a veces muy unidos y otras más distantes. Hoy, el candidato de Yamina busca formar su propia base de votantes sólidos, y poder negociarle puestos más importantes dentro de la coalición de gobierno ostentando un importante bloque de legisladores en el Parlamento.

Yamina ha mostrado estar dispuesto a aliarse con el Likud para formar gobierno, pudiéndole aportar entre 11 y 15 escaños más a Bibi.

Bennett (Izquierda) con Netanyahu (derecha).

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Ya por el cuarto puesto se encuentra el recientemente creado Nueva Esperanza, liderado por Gideon Sa’ar, un ex-miembro del Likud de larga trayectoria partidaria que decidió irse y fundar su propio partido tras una serie de peleas internas con Netanyahu. 

La reciente formación diverge del actual gobierno en que, si bien mantiene muchas de sus posturas sociales y económicas, en el plano internacional le recrimina haberse aliado tanto con Trump y ahora hacen campaña prometiendo una buena relación con Joe Biden.

Dentro de Nueva Esperanza hay facciones centro-derechistas liberales y conservadoras moderadas, pero todas se oponen a la nueva corriente mundial de gobiernos de derecha popular, como el de Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos.

La agrupación de Sa’ar sacaría entre 9 y 12 escaños, pero, a pesar de coincidir en la gran mayoría de la agenda política, ya anunció que no está dispuesta a formar gobierno con el Likud.

Gideon Sa’ar se ha convertido en el principal referente de la derecha “moderada” en Israel, aunque este grupo representa un pequeño fragmento del electorado.

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En quinto lugar, con menos de 10 bancas proyectadas, está la Lista Unida Árabe, una alianza de partidos de tendencia comunista árabe anti-israelí que continúa hace años estancado con los mismos números de bancas puesto que sus votos siempre provienen del mismo sector poblacional.

Sexto y octavo se encuentran los partidos de derecha ortodoxa judía Shas y Yaadut HaTorah, que se proyectan a conseguir cada uno entre 7 y 9 bancas en la Knesset. 

Ambos partidos podrían ser clave para Netanyahu si desea formar gobierno, pero a su vez podría complicarlo ya que los partidos pro-Likud de base más laica se oponen a ceder ante las presiones de los más religiosos.

En la séptima posición se ubica el conservador Avigdor Lieberman, de Yisrael Beiteinu, que parece que llegará a 8 escaños. 

Lieberman, a pesar de ser de derecha, siempre termina siendo un dolor de cabeza para Netanyahu a la hora de formar gobierno de coalición, ya que se rehúsa en toda regla a aliarse con cualquier partido que tenga algún líder ortodoxo, y tiene varios conflictos personales con Bibi. De hecho, por su negación a aliarse con el Likud es que Israel debió repetir las elecciones originales del 9 de abril del 2019 ya por cuarta vez.

Noveno se encuentra el histórico centro-izquierdista Partido Laborista, que supo ser por décadas uno de los dos partidos más grandes de Israel junto al Likud, y ahora está al borde de quedarse afuera del Parlamento, aunque el promedio de encuestas lo ubican con 6 diputados.

Más abajo, con números de escaños de aproximadamente 4 (3 es lo mínimo necesario para entrar), están los derechistas ortodoxos aliados de Netanyahu, Smotrich y Ben Gvir. A diferencia de Shas y Yahadut HaTorah, sus partidos no se basan en la religión si no que en un fuerte tradicionalismo y conservadurismo político.

Promedio de encuestas de marzo de Haaretz arroja que la principal posible coalición de derecha se quedaría a sólo una banca de formar gobierno, con 60 de los 61 parlamentarios necesarios. La coalición “anti-Netanyahu” apenas llegaría a 50.

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Israel

Autoridad Palestina afirma que si Jesús viviese hoy sería palestino y jihadista islámico

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El funcionario Rawhi Fattouh y el líder de Fatah, Tawfiq Tirawi, aseguraron que si Jesús de Nazaret viviese en la actualidad se auto-inmolaría o sacrificaría por la causa palestina y sería martirizado.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) acostumbra reivindicar la imagen de Jesús, habiendo dicho en múltiples ocasiones que, de estar vivo hoy, sería palestino y apoyaría su causa.

Sin embargo, ahora altos funcionarios dieron un paso más, y declararon que Jesús, figura central del cristianismo y profeta judío de origen hebreo, sería un jihadista islámico si estuviera vivo en la actualidad.

El funcionario palestino Rawhi Fattouh, del partido oficialista Fatah, dijo que Jesús sería un “Fida’i palestino“, o “luchador palestino“, un título que tiene connotación de guerrillero. Actualmente, terroristas.

Por su parte, el líder de Fatah, Tawfiq Tirawi, suscribió a las declaraciones de Fattouh y además dijo que, a parte de ser Fida’i, Jesús sería un “Shahid, que sería un musulmán que se sacrifica por una causa y se convierte en mártir. En la actualidad, con chalecos explosivos.

Cabe aclarar que el islam rechaza la visión cristiana de que Jesús sea la encarnación de Dios o el hijo de Dios, así como que fuera crucificado, que resucitara o que expiara los pecados de la humanidad. El Corán enfatiza que Jesús fue un mortal que, como todos los otros profetas, había sido elegido por Dios para extender su palabra.

Incluso, si profundizamos en la cuestión, Jesús no sería palestino bajo ningún término, ya que partiendo de la base, era judío y de raíces hebreas.

Incluso dejando esto de lado, teniendo en cuenta el contexto actual, terminaría por nacer en una zona israelí y tendría ciudadanía israelí, cómo explica el especialista en historia de Israel y arqueología bíblica David Yabo.

A pesar de que se podría pensar que la Autoridad Palestina está buscando insultar la memoria de Jesús o desprestigiar su nombre, ocurre exactamente lo contrario. En la creencia de los líderes palestinos, caracterizados por su radicalismo islámico, el ser un terrorista o un asesino por la causa musulmana es el máximo honor.

En Cisjordania, territorio en cuya base se asienta la ANP, los terroristas y sus familias son proveídos de miles de dólares al año por parte del gobierno central como recompensa por sus “buenas acciones”.

Incluso accediendo al mejor trabajo posible en el sector privado palestino, nada es más redituable para un palestino que asesinar israelíes. Se han registrado regalos de autos y casas de parte de la Autoridad Palestina, además de un salario que oscila entre 600 y 3500 dólares, dependiente de cuántos israelíes hirió o mató el terrorista en cuestión.

En síntests, la dirigencia palestina está buscando acercar la figura de Jesús, que todavía mantiene una enorme influencia en Medio Oriente, a pesar de que la región prácticamente está dominada por el islam

Para aportar cifras concretas, en el propio presupuesto de la ANP del 2018 se explícita la asignación de 360 millones de dólares, el 7% de todo el presupuesto nacional palestino, a dos instituciones dedicadas a la ayuda financiera a terroristas palestinos presos en Israel y a sus familias.

Además, el 46% de las donaciones del extranjero que recibe la ANP (una buena parte de estas fueron dadas por Obama, cortadas por Trump y ahora re-enviadas por Biden), se asigna a la promoción del terrorismo y a subsidiar la vida de las familias de los mártires.

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Israel

Insólito: La organización terrorista palestina Hamás acusa a Israel de usar delfines asesinos

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La agrupación islámica dice que Israel tiene delfines asesinos entrenados militarmente, uno de ellos responsable de matar sin dejar rastros a un buzo de operaciones especiales de la propia Hamás.

En un vídeo publicado por el grupo armado palestino Hamás, se acusa a Israel de tener “delfines asesinos entrenados militarmente”, que habrían matado a un buzo de operaciones especiales de la propia organización mientras intentaba infiltrarse en Israel por su costa.

En el archivo audiovisual se visualiza una especie de casco-arnés del tamaño de la cabeza de un delfín que pareciera contar con una lanza o un objeto puntiagudo.

Sin embargo, no hay evidencia de lo que asegura Hamás ni de que el arnés mostrado en el video sea ni israelí ni de un delfín. Pero eso es lo que la organización terrorista está diciendo en sus redes sociales y entre sus filas.

A pesar de que podría sonar ridículo pensar en la existencia de delfines asesinos, Estados Unidos y Rusia utilizan técnicas similares e incluso tienen escuadrones dentro de sus Marinas formados por mamíferos, siendo en el caso estadounidense 70 delfines y 30 leones marinos y en el caso ruso un número indeterminado de belugas y delfines.

Prototipo del delfín militar hecho por H. I. Sutton, periodista especializado en cuestiones de marina militar y armada.

De todos modos, lo más probable es que esto sea solo un nuevo capítulo entre las descabelladas teorías de conspiración adjudicadas a grupos islámicos anti-sionistas, como cuándo Hezbolá afirmó capturar águilas de espionaje israelíes o cuando el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, acusó a Israel de enviar cerdos salvajes para destruir los campos de granjeros palestinos.

Otro capítulo recordado sucedió en 2010, cuándo ocurrieron una serie de ataques de tiburón en un resort al sur de Egipto, que según el militar egipcio Mustafa Ismail fueron cometidos gracias a ingeniería genética israelí que permitiría controlar a los tiburones a distancia.

A su vez, en 2015, Hamás afirmó que capturó a un delfín israelí equipado con alta tecnología de espionaje como cámaras y GPS, a diferencia del reportado ahora, que sería un delfín utilizado para la ofensiva.

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Israel

El gobierno de Biden donará 99 millones de dólares a la Agencia de la ONU para Palestina

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La UNRWA volvió a los altos niveles de financiamiento que gozó durante el gobierno de Obama. A pesar de los múltiples escándalos por extremismo islámico, antisemitismo y anticristianismo, Biden ya les envió 150 millones de dólares, y ahora otros 99 millones.

El gobierno de Joe Biden ha dado un giro total en su política de financiación al conflicto Israel-Palestino. Tras bloquear la venta de misiles al gobierno israelí en el Congreso, la administración demócrata puso foco en aumentar las donaciones “humanitarias” a los palestinos.

Tras una donación de 150 millones de dólares en abril del año pasado por parte del gobierno estadounidense, ahora la UNRWA (Organizaciones de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina) recibirá 99 millones adicionales.

La decisión anunciada la semana pasada por el Buró de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado norteamericano tiene como objetivo “proveer educación, salud y un respaldo de emergencia a cientos de miles de niños palestinos y sus familias durante un tiempo de necesidad”.

Sin embargo, en los últimos tiempos la agencia se vio involucrada en más noticias por escándalos que por buenos resultados, ya que se encontraron casos de profesores de las escuelas palestinas de la UNRWA con posteos en redes sociales incitando al yihadismo y el extremismo islámico y llamando a ataques contra cristianos y judíos en Occidente, con Europa como objetivo principal.

No solo los profesores y funcionarios de la UNRWA fueron descubiertos promoviendo la violencia, sino que en los propios libros de texto que dan para alumnos y estudiantes se pueden leer múltiples líbelos anti-judíos que promueven el terrorismo.

Carátula del “Poisoning Palestinian Children”. Reporte investigativo de febrero 2017 del UN WATCH probando el incitamiento al terrorismo yihadista y el antisemitismo por parte de profesores palestinos de la UNRWA.

Las ayudas a la UNRWA habían sido congeladas en 2018 por el ex presidente Donald Trump, que contó con el respaldo total del por ese entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, para recortar las ayudas “humanitarias” a Palestina, luego de que múltiples reportes demostraran que ese dinero terminaba en manos de grupos terroristas.

En abril del 2020, cuando Biden decidió volver a proveer de donaciones a la UNRWA, Netanyahu aún se encontraba en el poder y criticó duramente la decisión, tratando de bloquearla, pero sin éxito.

Ahora, bajo gobierno de Naftali Bennett, que a pesar de ser de derecha sionista está en coalición con partidos de izquierda, ningún funcionario israelí criticó la medida de Biden y agacharon la cabeza contra la peligrosa medida estadounidense.

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