Un hombre con gafas y camisa blanca aparece en un fondo oscuro junto al texto "Luis Carlos Casiano" y el logo de "La Derecha Diario".
OPINIÓN

Obligada a romper el narcopacto

La presidente Sheinbaum tiene una oportunidad histórica de trascender; sólo ella sabrá de qué manera.

México se paralizó debido a los últimos acontecimientos en donde grupos civiles dieron con un macabro hallazgo: campos de exterminio, presuntamente ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación.

Cuáles nazis durante el Tercer Reich, los capos del narcotráfico nos demuestran por qué es necesario acabar con ellos. 

Lo descubierto no es algo nuevo, pues es de todos sabido que estos grupos criminales, íntimamente ligados al gobierno federal, han podido acrecentar sus dominios y su manera de infundir terror. 

¿Y cómo no hacerlo? Si durante el gobierno del expresidente López Obrador, la estrategia -que no implícita ni subjetiva- fue clara: para los delincuentes, abrazos, no balazos. 

El resultado fue la pérdida de soberanía. Sí, esa que el régimen de la 4T dice defender, fue entregada al crimen organizado, que según información de la sociedad civil, ostenta el poder en el 80% del territorio mexicano. 

El hallazgo de un campo de exterminio en Jalisco, en donde fueron encontrados 400 pares de zapatos, artículos escolares, y cartas de las presuntas víctimas entre otros aterradores hallazgos, es solo la punta del iceberg. 

Este terrible acontecimiento pudiera convertirse en el Ayotzinapa de la Doctora Claudia Sheinbaum, quien ufana en su toma de posesión, se atrevía a decir que con ella "llegaban todas". Lamentablemente muchas se quedaron, si no en los campos, en las fosas clandestinas. 

Es sin embargo importante reconocer que, ya sea por la presión de EUA, o por una especie de desmarque personal respecto a López Obrador, la Doctora haya comenzado a cambiar los abrazos por los balazos. 

Aun sin grandes resultados, esta es una oportunidad histórica para la presidente de México. Puede seguir con el legado de destrucción y con el narcopacto celebrado entre su predecesor y el crimen organizado, o cambiar el rumbo de la historia. 

Desgraciadamente para ella, no hay mucho que pudiera hacer. Aun teniendo la voluntad, y contrario a lo que dice la narrativa pagada por el gobierno, Sheinbaum es una presidente débil; no la respetan ni los de su casa, y no parece querer dar un manotazo sobre la mesa para imponer orden.

Lo hemos visto desde actos protocolarios, donde ha sido groseramente ignorada por compañeros poderosos de su movimiento, hasta los constantes rechazos a sus iniciativas en el Congreso mexicano, controlado por sus correligionarios.

La primera presidente de México llegó atada de manos, controlada por los personeros de López Obrador, sin capacidad de maniobra. Pero tiene una herramienta muy poderosa: ser la titular del Ejecutivo Federal en la era de Donald Trump, quien busca más que capos, políticos ligados al narco. 

Sheinbaum puede escribir su propia historia terminando con el narcopacto que entregue a varios de sus compañeros de partido a la justicia norteamericana, y ponerse a la par de mujeres como Leona Vicario o Josefa Ortiz de Domínguez. 

La Doctora tiene todo para convertirse en la gran estadista que ella se ha convencido ser  y figurar entre las grandes mujeres de la historia de México.

¿Se atreverá a cruzar esa línea y declararle la guerra a los poderosos hombres de su movimiento? ¿Será capaz de romper con los acuerdos que su mentor político celebró para que ella llegara al poder?

No hay tiempo qué perder. Claudia Sheinbaum está obligada moralmente a romper el narcopacto.

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