En la conmemoración del 108 aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, un detalle no pasó desapercibido: la ausencia de Norma Piña, la primera mujer en presidir la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Este hecho ha generado un intenso debate en círculos políticos y jurídicos, ya que su exclusión refuerza la percepción de una relación tensa entre el Poder Ejecutivo y el Judicial. La presencia de los tres poderes en este tipo de eventos ha sido una tradición republicana que simboliza el respeto a la división de poderes en México.

Discrepancia entre discurso y realidad
La exclusión de la presidente de la SCJN ha generado críticas sobre el verdadero compromiso del gobierno con la división de poderes y la igualdad de género.
El reconocido jurista Francisco Burgoa señaló que la falta de representación del Poder Judicial Federal (PJF) en un evento de esta magnitud es una grave omisión que afecta la credibilidad del Ejecutivo.
La ausencia de Piña es aún más significativa considerando su rol histórico. Como la primera mujer en dirigir el máximo tribunal del país, su exclusión envía un mensaje contradictorio sobre la inclusión y el respeto institucional.








