En un Zócalo abarrotado, la presidente Claudia Sheinbaum encabezó un evento que, más que una protesta contra los aranceles de Donald Trump, terminó siendo un espectáculo político.
Con mariachis, discursos de soberanía y una multitud transportada desde distintos estados, la mandataria intentó reforzar su liderazgo en medio de un México en crisis.
El costo del evento es incierto, pero si cada asistente representara un gasto de mil pesos, la cifra podría rondar los 200 millones de pesos, en un país donde los cárteles imponen su ley y la emergencia humanitaria crece. Mientras el gobierno celebra su “negociación” con Trump, la violencia y la impunidad siguen su curso.
Un show político para distraer del desastre
Sheinbaum transformó la protesta en una celebración tras acordar con Washington una pausa en los aranceles. Sin embargo, la inseguridad, el éxodo de migrantes y el colapso del sistema de justicia siguen fuera de la agenda oficial. En solo una semana, los enfrentamientos en Sinaloa dejaron decenas de muertos y la frontera sur sigue desbordada de migrantes atrapados en el limbo.










