Lo que debía ser una manifestación pacífica por el Día Internacional de la Mujer se convirtió en una jornada de violencia y destrozos en Cuernavaca.
Grupos feministas radicales atacaron la Catedral de Cuernavaca intentando derribar su puerta, la cual permanecía cerrada como medida de seguridad para evitar posibles daños.
Las manifestantes además llevaron a cabo pintas ofensivas en las paredes del templo, ignorando el respeto por la libertad religiosa y el patrimonio histórico.
Los muros de la catedral, un símbolo de la ciudad y un sitio de culto para miles de fieles, fueron cubiertos con grafitis en los que acusaban a la Iglesia de ser parte del "sistema opresor".

Comercios y edificios también fueron blanco de ataques
Además del atentado contra la Catedral, las manifestantes realizaron destrozos en negocios y edificios públicos a lo largo de su recorrido. Comerciantes denunciaron que las agresoras rayaron fachadas y rompieron cristales, afectando a pequeños y medianos empresarios.









