Más allá de ser un momento de descanso, la Semana Santa es, para millones de personas en México, el periodo más importante del calendario litúrgico.
No obstante, esta tradición se vive hoy en un contexto social profundamente distinto al de décadas pasadas. El catolicismo, la religión históricamente predominante en el país, está enfrentando un notorio y constante declive.

Menos católicos, más creyentes "a su manera".
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, 97.8 millones de mexicanos se declararon católicos. Aunque la cifra sigue siendo significativa, representa solo el 77.7% de la población, una baja considerable frente al 88% registrado en el año 2000.
Un análisis realizado por la UNAM y publicado en la revista Acta Sociológica explicó las razones de este descenso. Entre ellas se encuentran la pérdida de confianza en las instituciones religiosas y un creciente deseo de vivir la espiritualidad de forma libre, sin intermediarios ni dogmas impuestos.
Muchos fieles continúan creyendo, pero lo hacen "a su manera", alejados de los templos y sin una adscripción formal.

Crece la población sin religión
En paralelo, la población que se declara como “no religiosa” ha crecido rápidamente. En el año 2000, solo el 4.7% de los mexicanos se reconocía en esta categoría. Para el 2020, esa cifra aumentó al 8.1%, lo que equivale a más de 10 millones de personas.
Este grupo está compuesto mayoritariamente por hombres (56.1%) y jóvenes entre los 25 y 34 años. El fenómeno también ha sido analizado por el INEGI y por organismos como la CONAPRED, que reconocen la creciente diversidad religiosa del país como parte de un cambio generacional y cultural.

Un país de muchas fes
El mismo estudio revela que existen 32 religiones distintas activas en México, desde cultos populares hasta expresiones religiosas de origen oriental, étnico o africano. Algunas cifras destacadas:









