En diciembre de 2009, dos de los sellos discográficos más poderosos armaron una fiesta en Nueva York con Bono como figura destacada. Celebraban el lanzamiento de Vevo, una apuesta ambiciosa para recuperar el terreno perdido en internet y monetizar los videoclips que se reproducían masivamente sin que ellos vieran un peso.
La industria musical pasaba por un mal momento. Las ventas de discos se desplomaban por la piratería y la digitalización descontrolada. YouTube acumulaba cientos de millones de reproducciones sin pagar casi nada a los sellos, lo que generaba mucha bronca.
Doug Morris, CEO de Universal en ese entonces, se dio cuenta del potencial cuando vio a su nieto mirando videoclips con publicidad. Presionó para cambiar la situación y logró un acuerdo con Google. Así nació Vevo, acrónimo de "Video Evolution".
El lanzamiento y el boom inicial
Universal, Sony y EMI fueron los fundadores principales, con Warner sumándose después. YouTube aportaba la distribución masiva y ambos lados vendían publicidad. El resultado fue inmediato: en su primer mes se convirtió en el sitio de música más visitado de Estados Unidos, superando a Myspace.
Los números impresionaban. El CPM de los videoclips pasó de 3 dólares a más de 30 en pocos años. En 2012 acumulaba 41.000 millones de reproducciones anuales y en 2013 superó a MTV en audiencia digital. El Vevo Certified para artistas que alcanzaban los 100 millones de vistas se transformó en un sello de éxito cultural.








