La demanda de electricidad de los centros de datos de IA empuja a automotrices como GM y Ford a meterse fuerte en el almacenamiento de energía, un mercado que crece a pasos agigantados y donde Tesla domina.
El negocio de las baterías estacionarias se volvió uno de los más atractivos del momento. Mientras las ventas de vehículos eléctricos se estancaron en Estados Unidos, las instalaciones de baterías grandes para guardar energía se duplicaron en los últimos dos años y no muestran signos de parar.
Automotrices tradicionales como Ford y ahora General Motors (GM) quieren agarrar su parte de este pastel que Tesla domina con mano de hierro. La razón principal es el boom de los centros de datos para inteligencia artificial, que multiplican la demanda de electricidad.
Se espera que la demanda energética de estos data centers casi se triplique hacia el final de la década. Pero no es solo eso: también se electrifican cada vez más sectores como el transporte, la manufactura y los sistemas de climatización.
El dominio actual de Tesla
Tesla se lleva la mayor parte del mercado. Del total instalado el año pasado, unos 57 gigavatios-hora, la empresa de Elon Musk fue responsable del 82%. Sus ingresos por generación y almacenamiento de energía se duplicaron desde 2023, impulsados por productos como Megapack y Powerwall.
Además, los márgenes de ganancia en este segmento rondan el 30%, el doble de lo que obtiene con autos eléctricos y mucho más que el promedio de las automotrices tradicionales. GM, por ejemplo, promedia poco más del 11% en los últimos 15 años.
A pesar del potencial, GM no se apura. Recién el martes presentó una nueva química de baterías de sodio-ion pensada específicamente para este mercado. El producto no estará listo hasta más avanzada esta década.
Las ventajas de la tecnología sodio-ion
Los directivos de GM destacan que el sodio-ion usa materiales baratos y abundantes, no necesita sistemas de enfriamiento activo y soporta muchos más ciclos de carga y descarga que las de litio. Además, evita la dependencia de cadenas de suministro controladas por China, como ocurre con el cobalto.
“Nos da un camino hacia la resiliencia en la cadena de suministro y materiales de bajo costo”, explicó un ejecutivo. Esta tecnología todavía está en pañales, lo que abre oportunidades para que otros países inviertan y desarrollen su propia producción.
GM podría haber elegido el camino más fácil reutilizando sus celdas de litio, como hicieron Tesla y Ford. Pero la empresa sigue apostando fuerte al futuro de los vehículos eléctricos y no quiere desviar capacidad de fabricación.
Otras apuestas y el panorama general
La automotriz está desarrollando otra química, litio-manganeso rico (LMR), que debutaría en 2028 y bajaría el costo de los EVs alrededor del 10%, acercándolos al precio de los vehículos a combustión. Después vendría el sodio-ion, que ya usan algunos fabricantes chinos.
Estas baterías son más pesadas y con menor autonomía, pero más baratas, menos propensas a incendios y con potencial de carga rápida. Eso las hace ideales para autos económicos.
No solo las grandes automotrices se meten: startups levantan fondos millonarios. Una recaudó 1.000 millones de dólares para expandirse y otra 232 millones para baterías residenciales. Hasta un fabricante de casas rodantes eléctricas ahora vende baterías móviles para obras.