Los números de productividad en Estados Unidos vienen sorprendiendo a propios y extraños. Incluso Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal, admitió su asombro ante varios años consecutivos de crecimiento sólido. Mientras muchos apuntaban a la inteligencia artificial como la gran responsable, un experto de Stanford tiene otra explicación: el auge del teletrabajo después de la pandemia explica gran parte de este repunte.
Nicholas Bloom, profesor de Economía en Stanford y referente en estudios sobre trabajo remoto, sostiene que el cambio de modelo laboral pesa mucho más de lo que muchos directivos quieren reconocer. Los datos del Bureau of Labor Statistics lo respaldan: la productividad del sector privado no agrícola creció un 5,3% en 2020, siguió con un 2% en 2021, cayó 1,5% en 2022, rebotó 1,8% en 2023, avanzó 3% en 2024 y cerró 2025 con un 2,2%.
Este promedio cercano al 2% anual desde 2020 contrasta fuertemente con el magro 1% que se registraba en gran parte de la década anterior. Para Bloom, el timing es clave: el salto empezó en 2020, mucho antes del lanzamiento de ChatGPT en 2022, lo que debilita la idea de que la IA sea la principal impulsora.
El teletrabajo trae ventajas concretas y medibles. Menos tiempo perdido en traslados, menos distracciones de oficina y mayor capacidad para concentrarse en tareas importantes. Además, permite crear nuevos negocios y sumar talento de cualquier parte del país, sin ataduras geográficas. Esto amplía el mercado laboral y reduce costos fijos como oficinas.

Por qué las empresas insisten en volver a la oficina
A pesar de estas evidencias, muchas grandes compañías siguen presionando para el regreso presencial completo. Argumentan que mejora la colaboración, la toma de decisiones y el aprendizaje de los más jóvenes. Bloom reconoce que esos beneficios existen, pero cuestiona la necesidad de estar todos los días en la oficina.
Según su investigación, el modelo híbrido de dos días presenciales y tres remotos resulta más eficiente. Se aprovecha la oficina para lo que realmente necesita interacción y se deja el trabajo concentrado para el hogar, donde hay menos interrupciones. "El teletrabajo se correlaciona con un mayor crecimiento de la productividad", resume el economista.
La pandemia obligó a un experimento masivo de trabajo remoto que, contra muchos pronósticos, no solo mantuvo sino que mejoró los indicadores. Esto permitió aguantar una crisis global sin derrumbe productivo y, en varios años, con avances notables. Ahorrar horas en atascos y ganar calidad de vida parece traducirse directamente en más output por hora trabajada.
La IA todavía debe demostrar su impacto real a gran escala. Aunque hay señales iniciales de mejoras por automatización, los economistas coinciden en que aún no está implementada de forma masiva como para explicar el salto de los últimos cinco años. Es probable que en el futuro aporte más, pero por ahora el crédito principal va para el cambio en la forma de trabajar.
Este "milagro" productivo estadounidense, entonces, tendría menos que ver con algoritmos sofisticados y mucho más con gente trabajando desde casa, en un entorno más cómodo y flexible. Mientras los boomers se jubilan y las nuevas generaciones priorizan equilibrio, el teletrabajo podría vivir una segunda juventud. Las empresas que sigan resistiéndose podrían estar dejando pasar una ventaja competitiva clara.