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Estados Unidos

El fiscal Durham reveló el entramado de cómo Obama, Biden, Hillary, el FBI y la CIA intentaron que Trump no asuma la presidencia

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En un informe elaborado por el fiscal especial John Durham demuestra que la investigación realizada por el FBI contra Donald Trump en 2016 fue creada por el gobierno de Obama para evitar que asuma la presidencia tras ganar las elecciones.

Una explosiva noticia estalló esta semana en Estados Unidos, en la que se expuso cómo el FBI, la CIA, Obama, Biden, los Clinton y otros funcionarios demócratas perpetraron un golpe de Estado contra un presidente electo de los Estados Unidos.

El fiscal especial John Durham, encargado de auditar la irregular investigación del FBI a la campaña de Donald Trump en 2016, emitió un lapidario informe largamente esperado de más de 300 páginas que expone un complot de los más altos funcionarios del entonces gobierno de Obama para evitar que el republicano asuma la presidencia tras ganar las elecciones de ese año.

Unos meses antes de las elecciones del 2016, el FBI abrió una investigación contra Trump por una supuesta colusión entre su campaña y funcionarios rusos. Esta investigación estuvo basada en “inteligencia cruda, no analizada y no corroborada“, según Durham, y fue ordenada directamente por el ex presidente Obama.

El documento de la investigación, que fue enviado al Congreso el pasado lunes, incluso recuenta una reunión secreta que tuvieron en la Oficina Oval en agosto del 2016 el entonces presidente Barack Obama, el entonces vicepresidente y actual presidente Joe Biden, la entonces Fiscal General Loretta Lynch, además de la ex secretaria de Estado y entonces candidata a presidente, Hillary Clinton, además del entonces director del FBI, James Comey, y el entonces director de la CIA, John Brennan.

En esta reunión, según relata Durham acorde a fuentes consultadas, los funcionarios del gobierno de ese momento y la candidata demócrata acordaron que el FBI abriría esta investigación con el objetivo de mermar las posibilidades de Trump de ganar las elecciones, y que, en caso que ganara, que no pudiera asumir por estar bajo investigación federal.

La investigación se abrió con el aval del Departamento de Justicia (DOJ) de Obama, basándose en una serie de reportes falsos que la campaña de Hillary Clinton, más específicamente su ex abogado, Michael Sussmann, pagó por fabricar, entre ellos el Steele Dossier.

El llamado informalmente “Reporte Durham“, también asegura que hubo una gran cantidad de actos de espionaje y vigilancia constante ilegales, ya que no contaban con lo que se conoce en Estados Unidos como “causa probable” para permitir que se pinchen teléfonos y se ingrese a sus servidores.

Según Durham, todos los que participaron en la investigación del FBI que recibió el apodo de “Crossfire Hurricane” (“Huracán de Fuego Cruzado“), sabían que la premisa de que Trump estaba involucrado con Rusia era falsa, e incluso ignoraron deliberadamente evidencia que lo demostraba.

A su vez, el FBI también decidió ignorar casos en los que se requería investigar a actores del Partido Demócrata, incluyendo Hillary Clinton, durante “Crossfire Huricane“, incluso cerrando una investigación que había comenzado paralelamente luego de que un informante confidencial le avisara a la agencia que se había realizado una holgada contribución financiera de carácter ilegal a la campaña presidencial de Clinton de parte de una entidad foránea.

El informe fue enviado también al actual Fiscal General de Biden, Merrick Garland, donde le informa que muchos funcionarios que todavía están hoy en el Gobierno tras el regreso de los demócratas al poder, incluidos varios agentes del FBI, actuaron careciendo totalmente de objetividad y que incumplieron sus tareas como funcionarios de seguridad.

Una fuente anónima del FBI le mencionó a Durham que dentro del Buró había sospechas y preocupaciones de que se estaba falsificando evidencia por orden del equipo de campaña de Clinton y el Comité Nacional Demócrata (DNC) para llevar a cabo una investigación partidista contra Trump.

Si bien la investigación fraudulenta fue aprobada en la reunión que se mantuvo en la Oficina Oval en agosto del 2016, Durham cree que el FBI ya había empezado a plantar evidencia en los meses anteriores. El 22 de agosto de ese año, se registró un mail de un analista de la agencia federal escribiéndole a varios empleados del FBI pidiendo una actualización sobre la “inteligencia rusa”, con un archivo pdf que contenía un plan de acción armado por los jefes de campaña de Hillary Clinton.

Dicho mail incluia al supervisor de los analistas de inteligencia, Brian Auten y al Chief Information Office del FBI, Jonathan Moffa, quienes habrían sido los cerebros detrás de la operación fraudulenta para investigar a Trump sin una causa probable.

El fiscal John Durham.

Durham además dedicó un extenso análisis a las faltas de atención del FBI a las acusaciones contra Clinton con respecto a la investigación que la incriminaba tras el descubrimiento de correos en los cuales ella y otros jerarcas pertenecientes al Partido Demócrata conspiraron para aniquilar la campaña presidencial del comunista Bernie Sanders.

El fiscal federal, en su reporte, también hace hincapié en la falta de “sesiones defensivas de información” para el equipo de campaña de Trump, un procedimiento estándar del FBI siempre que se investiga a un candidato a una oficina pública durante una elección. En contraste, la campaña de Clinton recibió decenas de estas sesiones en 2015 y 2016 frente a las acusaciones de conspiración contra Bernie Sanders.

Por el momento, Durham ha estado haciendo continuas presentaciones sobre sus descubrimientos en su investigación de la invastigación del FBI, e incluso ha presentado cargos contra múltiples funcionarios demócratas y de la campaña de Clinton, pero sin mucho éxito.

El abogado de Hillary, Michael Sussmann, por ejemplo, fue acusado pero tras meses de juicio, un jurado compuesto completamente por demócratas lo encontró no culpable. A lo largo de los cuatro años de investigación, Durham solo ha conseguido una declaración de culpabilidad por parte del ex abogado del FBI, Kevin Clinesmith, quien aceptó haber falsificado documentos con el fin de obtener una orden de espionaje contra la campaña de Trump.

Se cree que los Clinton “sacrificaron” a Clinesmith, quien al admitido ser culpable, se hizo cargo de todos los delitos de los demás funcionarios y la posibilidad de enjuiciar a más personas quedó seriamente limitada.

Informe completo del “Reporte Durham”

Estados Unidos

Enloqueció Biden: El presidente de EEUU busca sancionar al jefe de las Fuerzas de Defensa Israelíes por combatir al terrorismo

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El gobierno de Biden sancionó al principal financista de Netanyahu en Israel y, según se informa, evalúa expandir las sanciones contra las FDI, que están peleando contra el terrorismo palestino.

Según un informe publicado por Axios, el presidente Joe Biden está preparando una resolución para sancionar económicamente a Herzi Halevi, el actual jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), por sus acciones contra los terroristas vinculados al grupo palestino Hamás.

Particularmente, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, está analizando las acciones del batallón israelí “Netzah Yehuda” en la región de Cisjordania para combatir a los terroristas palestinos, antes del ataque del 7 de octubre.

Si se imponen sanciones, el batallón y sus miembros ya no recibirían ningún tipo de entrenamiento o asistencia del ejército estadounidense, y el comandante Halevi no podría viajar más a Estados Unidos o países aliados. Se trataría de la primera vez en la historia que Estados Unidos impone sanciones contra Israel.

Según las fuentes, Blinken está analizando aplicar la Ley Leahy, que prohíbe a Estados Unidos proporcionar cualquier tipo de ayuda exterior o capacitación militar a países responsables de presuntas violaciones de derechos humanos basadas en información creíble.

Si bien el canciller norteamericano rechazó preguntas sobre el tema, recalcó el viernes que “la Ley Leahy es muy importante y se debe aplicar en todos los ámbitos“, y confirmó que la Casa Blanca está analizando el tema.

“Cuando hacemos estas investigaciones, estas indagaciones, es algo que lleva tiempo, que debe hacerse con mucho cuidado tanto al recopilar los hechos como al analizarlos, y eso es exactamente lo que hemos hecho”, dijo. “Y creo que es justo decir que verán resultados muy pronto. He tomado determinaciones; pueden esperar verlas en los próximos días“, completó.

La semana pasada, la administración de Biden impuso sanciones al principal financista de Benjamin Netanyahu en Israel, el empresario Ben-Zion Gopstein, fundador y líder del grupo de derecha Lehava. El grupo promueve los asentamientos judíos en Judea y Samaria y tiene alrededor de 5.000 miembros en el país.

Según la Casa Blanca demócrata, los grupos vinculados a Gopstein cometieron actos de violencia contra palestinos, pero no se presentaron evidencias y se especula que Biden está utilizando esto como excusa para imponerle sanciones a los empresarios que apoyan a Netanyahu.

Cabe recordar que el Partido Demócrata de los Estados Unidos apoya políticamente a Yair Lapid, principal líder opositor a Netanyahu. Lapid se convirtió en el primer opositor de la historia en rechazar unirse al Gabinete de Guerra de Israel, algo que siempre ocurre cuando el país entra en un conflicto armado, para mostrar unidad en momentos de extrema peligrosidad.

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Estados Unidos

El Congreso de EEUU aprueba la mayor ayuda militar desde la Segunda Guerra Mundial: US$ 95 mil millones para Ucrania, Israel y Taiwán

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Los republicanos le entregaron al presidente Joe Biden un regalo de 95 mil millones de dólares el sábado por la tarde, revirtiendo su promesa de meses de no avanzar nunca en la ayuda exterior sin antes asegurar la frontera de Estados Unidos.

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó este sábado el mayor paquete de ayuda militar de la posguerra, una transferencia de una magnitud que no se veía desde las ayudas que enviaba Roosevelt al Reino Unido en plena Segunda Guerra Mundial.

Con el apoyo de la totalidad de los diputados demócratas, y de varios republicanos anti-Trump, el Congreso aprobó un paquete de US$ 95.000 millones de dólares para asistir a tres naciones aliadas de los Estados Unidos que están en guerra.

La votación resultó aprobada por 316 votos positivos contra 94 negativos, y fue remitida al Senado, donde el líder republicano Mitch McConnell confirmó que un grupo de senadores conservadores votarán con los demócratas para aprobarlo en tiempo récord y que llegue al despacho del presidente Joe Biden esta misma semana.

El mayor beneficiario del paquete es Ucrania, que recibirá US$ 60.800 millones de dólares en equipamiento militar, asistencia financiera y ayuda humanitaria en su guerra contra Rusia, que el próximo mes cumple 2 años y medio de conflicto sin tregua.

El segundo beneficiario será Israel, que recibirá US$ 26.400 millones de dólares, principalmente para reponer los misiles del Domo de Hierro, para entregar ayuda humanitaria en Gaza y para prepararse para lo que parecería ser un conflicto abierto con Irán.

Por último, Taiwán recibirá US$ 8.120 millones de dólares. La isla está entrando en un conflicto cada vez más caliente con la China comunista, y su inclusión en el programa fue pedido por un grupo de republicanos a cambio de votar afirmativamente.

Los diputados trumpistas aseguran que esta ayuda involucra innecesariamente a los Estados Unidos en tres guerras que le son ajenas. La legisladora Marjorie Taylor Greene dijo que esta medida pone al mundo un paso más cerca de la Tercera Guerra Mundial.

Este tipo de ayudas confirman que hay un mundo en guerra, en tres frentes distintos, y que los Estados Unidos está dispuesta a llevar a todo el resto del mundo a la guerra en vez de enfocarse en sus propios problemas“, aseguró la representante de Georgia.

Los trumpistas creen que los conflictos entre Ucrania y Rusia, entre Israel e Irán, y entre Taiwán y China, deben ser resueltos a través de la diplomacia, y de la contundente posición que Estados Unidos tendría que tener como policía del mundo, y que enviarles dinero solamente fomenta que los conflictos se extiendan en el tiempo.

Ni Rusia se hubiera animado a atacar a Ucrania, ni Irán a Israel si yo fuera Presidente“, dijo recientemente Trump en un discurso de campaña. “Y definitivamente China no se va a animar a atacar a Taiwán si yo vuelvo a ser presidente, eso se los puedo garantizar“, sentenció.

A su vez, aseguró que “la crisis de los Estados Unidos está ocurriendo adentro de Estados Unidos, no en la otra punta del mundo” y que “los inmigrantes están invadiendo la frontera sur y el Congreso se niega a aprobar un paquete de ayuda para nuestra magnífica Guardia Nacional“.

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Economía

¿Nueva guerra comercial con China? Biden apunta a triplicar los aranceles para la importación de acero y aluminio

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La administración Biden amenaza con lanzar una nueva ofensiva arancelaria contra el ingreso de productos chinos, una maniobra que podría conducir a una pronta respuesta por parte del gigante asiático.

El giro proteccionista de la Casa Blanca bajo la presidencia de Joe Biden se hace cada vez más evidente. Pese a prometer lo contrario en su campaña electoral, Biden promete redoblar los aumentos tarifarios contra China y otros países del mundo.

Hasta ahora, las medidas proteccionistas del Gobierno se focalizaron en subsidios encubiertos, como por ejemplo los dispuesto en la llamada “Ley de Reducción de la inflación” del 2021. Pero esta vez se estudia abiertamente un nuevo rediseño del sistema arancelario.

El Presidente Biden propuso triplicar el arancel de importación para el acero y el aluminio provenientes de China, del 7,5% al 25%. Esta resolución amplía una anterior que ya había adoptado el expresidente Donald Trump, en virtud de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial (establecida en 2018). Pero la ley sancionada durante la administración anterior sólo alcanzaba a unos productos específicos, y la propuesta de Biden es generalizar el aumento arancelario sin excepción en todo el sector.

Estados Unidos se constituye actualmente como el cuarto productor mundial de acero, mientras que China ocupa el primer lugar. Semejante participación en el mercado haría muy efectivo el impacto de un arancel sobre la importación de China (con beneficios positivos para la industria local), pero este tipo de medidas resultan en su mayoría estériles, debido a que se espera una pronta respuesta por parte de China y la situación volvería al punto de inicio (o aún peor debido a la persistente volatilidad).

Siguiendo el mismo patrón, la administración Biden intervendrá deliberadamente en la adquisición de US Steel por parte de inversores japoneses, un acto populista y desesperado en medio del clima de la campaña electoral.

Asimismo, el Presidente Biden propuso incrementar los aranceles para la importación de madera canadiense del 8% al 14%, sin ningún tipo de justificación convencional. Esto supone un golpe hacia uno de los mayores socios comerciales de Estados Unidos en la región.Queda en evidencia que la política comercial de Biden no se limita exclusivamente a China.

Biden despliega este paquete de propuestas como respuesta a las medidas prometidas por Trump, entre las cuales se encuentra el establecimiento de un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones, y una tasa especial del 60% sobre todas las importaciones de China.

Como es de amplio conocimiento, la dictadura comunista en China se negó a cumplir con la liberalización total de su mercado de divisas, un requisito al que se había expresamente comprometido tras su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2000. En lugar de ello, solo se dio lugar a una serie de desregulaciones parciales y progresivas que, hasta el momento, no llegaron a desembocar en un mercado libre.

Las políticas proteccionistas se utilizaron como una medida coercitiva para forzar la liberalización cambiaria de China durante la administración de Donald Trump, aunque una vez finalizada la guerra comercial (2018-2020) se llegó a un nuevo status-quo sin mayores cambios en esta materia y con aranceles más elevados entre ambos países (la relación final entre ellos favoreció ligeramente a Estados Unidos).

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