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Estados Unidos

La extrema izquierda logró un contundente triunfo en elecciones primarias y presionan a Joe Biden

Liderados por los triunfos de Rashida Tlaib y Cori Bush en Michigan, el ala más radical del Partido Demócrata cosechó un enorme triunfo que le marca el camino a Joe Biden y lo presiona para caer en la extrema izquierda.

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El pasado martes se celebraron unas agitadas elecciones primarias en varios Estados del país.
En plena pandemia y a tan solo meses de la gran elección general del 3 de noviembre, Michigan, Washington, Kansas, Arizona y Missouri acudieron a las urnas en importantes primarias tanto republicanas como demócratas.
El gran perdedor de la jornada fueron Joe Biden y Barack Obama, ya que los candidatos moderados que apoyaron a lo largo de todo el país sufrieron bochornosas derrotas contra candidatos de izquierda radical.
Por el lado republicano, se vieron triunfos del ala moderada, aunque todos aseguraron que van a trabajar con Trump y lo felicitaron por la conducción del Partido.

Triunfó la extrema izquierda en Michigan: mal augurio para Trump en noviembre

Desde el lado demócrata, las expectativas se centraban principalmente en la carrera para representar en el Congreso al 13º distrito del Estado de Michigan. La contienda involucraba a la congresista de extrema izquierda Rashida Tlaib, quien se enfrentaba a la presidente del Concejo Municipal de Detroit, la moderada Brenda Jones, a quien ya había derrotado por un escaso margen en 2018.  

Esta vez el cotejo fue muy distinto: Tlaib se impuso con mas del 65% de los votos frente a Jones.


Pese a que estas son solo las primarias del partido, es prácticamente un hecho que Tlaib obtenga su banca por 4 años mas ya que el distrito que representa, -uno de los más pobres del país-, es históricamente demócrata. 

Tlaib, de religión musulmana y origen palestino, es una reconocida diputada que milita en contra de Estados Unidos y de Israel, férrea defensora del senador marxista Bernie Sanders y forma parte del popular grupo de congresistas de corte socialista conocido como The Squad, también integrado por Alexandra Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y Ayanna Presley.

Recientemente, Tlaib había decidido no apoyar al candidato demócrata, Joe Biden porque, según ella, su apoyo a Biden iba a causar “problemas entre sus votantes“, lo que demarca la clara linea ideológica radical que persiguen sus seguidores. 

La izquierda y Tlaib también cosecharon otra victoria ya que su candidato en las primarias por el 6° distrito de Michigan, Jon Hoadley, se impuso a su rival, el también moderado Jen Richardson, con el 52,3% de los votos.

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Otra victoria de la extrema izquierda en Missouri

En otra primaria demócrata, esta vez en el Estado de Missouri, la candidata socialista Cori Bush logró un batacazo histórico al derrotar al histórico congresista afroamericano Lacy Clay, lo que supone un golpe sumamente duro para el establishment demócrata y otro triunfo para la extrema izquierda liderada por Bernie Sanders. 

Clay, un aliado de Nancy Pelosi e histórico del Congreso, había representado al 1° distrito del Estado de Missouri desde el año 2000, cuando tomó el lugar de su padre que también ocupó ese asiento por décadas. Es decir, la familia Clay no perdía desde 1969 su asiento.

Los Clay ya habían sido parte del movimiento que giró al Partido Demócrata hacia la izquierda en la década del 70, y ahora, con un grupo de políticos renovados, los demócratas dan un paso más hacia la extrema izquierda en este tumultuoso año electoral.

El progresismo demócrata triunfa en Arizona

Otra victoria para el progresismo demócrata ocurrió en las primarias del Estado de Arizona, dónde la candidata Hiral Tipirmeni, apoyada por la senadora y posible candidata a vicepresidente Kamala Harris, ganó cómodamente con el 53,6% de los votos. 

Junto a su compañero Tom O’Halleran, representarán al Partido Demócrata en las carreras por el 1° y 6° distrito congresional en noviembre.

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Los residentes de Washington volvieron a elegir el caos y la anarquía de la extrema izquierda

En el Estado de Washington también se celebraron diversas primarias. El actual gobernador Jay Inslee ganó las primarias gubernamentales por un amplio margen (más de 400,000 votos) y buscará su tercer mandato a cargo del Estado. El oficialista candidato demócrata es un histórico miembro del Partido, conocido por su rechazo extremo al derecho de portar armas y sus políticas socialistas, apoyado tanto por la élite de su partido y por Bernie Sanders. 
Inslee fue el responsable de rechazar la ayuda de la Guardia Nacional durante las protestas de junio y de promover el asentamiento de CHAZ, la zona autónoma que edificó Antifa y que “secesionó” de Estados Unidos por casi un mes en el corazón de Seattle.
A pesar de que estas protestas trajeron caos y destrucción en todo el Estado, sumado a por lo menos 14 muertes durante los casi dos meses de protestas que el gobernador impulsó y ordenó no frenar, los residentes de Washington volvieron a darle su apoyo en las elecciones, dejando muy en claro que están de acuerdo con el caos anarquista que promueve Black Lives Matter y Antifa.

Por su parte, las primarias congresionales en Washington consagraron a la médica Kim Schrier como candidata para el 8° distrito y a Marilyn Strickland y Beth Doglio, ambas apoyadas por Bernie Sanders, como candidatas para el 10° distrito. 

En el 7° distrito, la candidata y miembro del Congreso, Pramila Jayapal, ganó sin complicaciones la nominación. Jayapal es una de las más importantes voces en el Congreso del nuevo movimiento de extrema izquierda que se está gestando dentro del Partido Demócrata, y una gran aliada de Bernie Sanders.

Como señala atinadamente el sitio The Election Center, ya son 5 los candidatos socialistas apoyados por Bernie Sanders que derrotan a miembros del establishment demócrata. Lo que significa un mayor poder en la toma de decisiones para el ala más radical del partido en una eventual presidencia de Joe Biden. 

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Desde el lado republicano también tuvieron lugar importantes contiendas electorales.

Los republicanos en Kansas deciden por el candidato más moderado posible

En la carrera para representar al Estado de Kansas en el Senado, el moderado Roger Marshall obtuvo la nominación como candidato republicano al imponerse contra el candidato aliado de Trump, Kris Kobach. 

Pese a que Marshall se declara abiertamente como defensor del presidente Trump, desde el circulo íntimo del Partido Republicano desconfían de la lealtad del ahora candidato a senador y de lo que puede llegar a ser su desempeño en la cámara. Tal es así que la revista The Conservative Review que se encarga de calificar a los distintos candidatos conservadores y republicanos, le puso una contundente “F”.

Marshall actualmente se desempeña como diputado, y en las últimas inquisiciones demócratas contra Trump, se mostró inclinado a votar en contra de lo que ordenaba el Presidente, incluso parándose con los demócratas en múltiples cuestiones.

De todos modos, la victoria de Marshall se explica gracias a la participación de un tercer candidato en la disputa: Bob Hamilton, quién también es un aliado del Presidente, dividió el voto más de derecha y salió tercero con el 18,8% de los votos.

Los votos de Kobach y Hamilton (45,1%) hubieran vencido a Marshall (40,3%), pero por conflictos intra-partidarios, los candidatos de derecha no pudieron ponerse de acuerdo y fueron con candidaturas separadas.

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Si bien los medios tradicionales catalogaron esta carrera como un fracaso y una derrota para Trump, la realidad es que también es una derrota para el establishment demócrata, que aportó millones de dólares a la campaña de Kobach, ya que lo veía como un candidato mucho más accesible por sus ideas radicales de extrema derecha para enfrentar en las elecciones generales de noviembre.

Cabe destacar que el rival de Roger Marshall será la doctora Barbara Bollier, una ex miembro del Partido Republicano hasta 2018, que ahora encara la elección representando al Partido Demócrata. Pese a ello, Boiller se sigue mostrando con figuras republicanas, como el histórico de Kansas, Tom Moxley, en una clara maniobra para atraer votos en un Estado caracterizado por su apoyo a Trump y al GOP.

La candidata demócrata le prometió a los electores que de ser elegida, se pondrá del lado de los republicanos en múltiples cuestiones.

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Estados Unidos

Biden prohíbe el uso de Tornado Cash, la aplicación que permite transferir criptos de manera anónima

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El Tesoro puso a la aplicación en la lista SDN junto a grupos terroristas, el gobierno de Irán y de Corea del Norte y a oligarcas rusos por la “guerra contra la evasión” de Biden.

El lunes pasado, el Tesoro de los Estados Unidos realizó una votación interna luego de que el presidente Joe Biden les pidiera revisar la legalidad de una aplicación conocida como Tornado Cash, que permite realizar transferencias de criptomonedas de manera totalmente anónima entre sus usuarios.

La votación resultó en favor de prohibir su uso en Estados Unidos, y la aplicación fue ingresada a la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN), donde comparte lugar con organizaciones terroristas, instituciones iraníes y norcoreanas, y empresas estatales rusas. Una decisión bastante exagerada.

Tornado Cash recibe las criptomonedas que uno quiere transferir y mezcla la cadenas de bloques de manera completamente anónima para evitar cualquier tipo de rastreabilidad, para luego depositarle a la persona que se le quería enviar dinero.

A partir de ahora, cualquier persona que envíe o reciba dinero a través de Tornado Cash podría enfrentar hasta 30 años de prisión, incluso si los fondos en cuestión no provienen de una fuente ilegal, ya que según esta determinación “es imposible saber si son fondos legales o no”.

La decisión es polémica. Por un lado, Tornado Cash es una de las mejores herramientas para proteger el anonimato en línea, y hace imposible que el Estado rastree las transacciones, permitiéndole a la gente esconderse de cualquier tipo de persecución. Por el otro, es ampliamente utilizada por criminales para poder mover dinero sin ser rastreado por la policía.

Este complejo balance entre el derecho a la privacidad y la capacidad del Estado a investigar el crimen es un tema que sin dudas requiere de una atención especial por parte de los legisladores, en Estados Unidos y en todo el mundo, pero prohibir una herramienta financiera de cuajo no es la manera.

Además, la importancia de Tornado Cash crece cuando se tiene en cuenta que en el mundo de la blockchain todas las transacciones son públicas, y se pierde el secreto bancario que existe hoy por ejemplo en las transferencias que uno hace a través de un banco.

Si el Estado quiere mirar qué transacciones una persona hizo a través de su banco, necesita una orden judicial y un resumen de cuentas emitidos por la identidad financiera. En cambio, con las criptomonedas, cualquiera puede rastrear públicamente los ledgers.

En un comunicado, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), una agencia del Departamento del Tesoro, llamó a Tornado Cash “una amenaza significativa para la seguridad nacional” de los Estados Unidos, y alegó que ha sido utilizado repetidamente por piratas informáticos norcoreanos para lavar dinero de múltiples robos millonarios.

Esta declaración es bastante absurda. Cualquier persona puede enviar y recibir cualquier suma de dinero con este crypto mixer, no solamente los grandes carteles. Según un análisis de Chainalysis, solo el 10,5% del dinero transferido en Tornado Cash el último año provino de fondos robados, y un 17,7% de fondos o personas sancionadas.

Esto quiere decir que el otro 71,8% de las transacciones fueron completamente legales. También implica que la Casa Blanca criminalizó a una empresa que anonimiza fondos y violó el derecho a la privacidad de 350 millones de ciudadanos solo por una cantidad menor de transacciones ilegales.

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Estados Unidos

El reparador de la laptop de Hunter Biden asegura que el FBI lo amenazó para que no publique sus contenidos

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El dueño del taller de reparación que consiguió la computadora con las fotos y videos comprometedores del hijo del presidente fue visitado por el FBI en varias ocasiones para que no publique la información.

John Paul Mac Isaac, el dueño de un taller de reparación de computadoras en Delaware, recibió al hijo del entonces ex vicepresidente Joe Biden, Hunter Biden, una tarde del 14 de abril del 2019. Según describió el encuentro, Hunter estaba “drogado” y balbuceaba que su laptop no andaba porque se le había “caído agua encima” y que la necesitaba “urgentemente” reparada.

Isaac reparó la computadora portátil en menos de una semana, pero Hunter nunca más la pasó a buscar. Un año entero pasó, y en abril del 2020, expiró la garantía que había firmado el hijo del ya candidato a presidente, y la laptop pasó a ser propiedad del taller.

En ese momento, Isaac empezó a revisar sus contenidos ya que tenía intenciones de limpiarle el disco para re-venderla como una computadora usada. Sin embargo, mientras exploraba los archivos encontró fotos de Hunter tomando drogas duras, videos contratando prostitutas y una serie de correos electrónicos que lo comprometían legalmente.

En octubre de ese año, Isaac decidió enviarle una copia de sus contenidos al FBI, y vendió otras copias al abogado de Trump, Rudy Giuliani, y a medios como New York Post, Daily Mail y Breitbart. A partir de ese momento, su vida se convertiría en un infierno.

John Paul Mac Isaac.
La tienda de reparación “Mac Shop”, con un cartel que le dejaron los vecinos: “El pueblo te agradece tu valentía. Sos un patriota”.

Según cuenta en un libro de su autoría que saldrá en noviembre, en diciembre del 2020, los dos agentes del FBI con los que se había contactado para enviarles una copia del disco rígido aparecieron una mañana en su taller, y lo amenazaron para que mantuviera silencio y no hablara con la prensa sobre el contenido de la computadora.

Hasta ese momento, Isaac se había mantenido en el anonimato, pero tras el apriete decidió dar la cara, y apareció por primera vez en Fox News, donde contó que él es ciego pero que le mostró grabaciones a sus allegados y éstos le pudieron confirmar que la persona que le dio la computadora era el propio Hunter Biden.

Resulta alarmante que dos agentes del FBI hayan decidido amenazar a Isaac mientras todavía estaba Donald Trump en el poder, y esto revela una fuerte interna dentro de la policía federal de los Estados Unidos, que mantiene una facción adepta al Partido Demócrata esté quien esté en la Oficina Oval.

Según cuenta en su libro, Isaac no se cayó ante las amenazas y les dijo “oigan, muchachos, recordaré cambiar sus nombres cuando escriba el libro“. Según reseña en el New York Post, Isaac cambió los nombres de los agentes: “El agente Wilson siguió caminando, pero el agente DeMeo se detuvo y se volvió hacia mí para decirme que si hablaba de esto públicamente me mataría”.

Es nuestra experiencia que nunca le pasa nada a la gente que no habla de estas cosas”, le dijo este “agente DeMeo”. Sin embargo, tras hablar con su abogado y familiares, decidió que su vida estaría más a salvo si se exponía públicamente. “Decidí hablar con la prensa y no sucumbir ante las amenazas“.

En otra parte del libro, asegura que luego de la asunción de Biden, en enero del 2021, otros dos agentes lo volvieron a visitar y le dijeron que tenía que entregar el disco rígido original al FBI, que la copia que había enviado no era suficiente. Isaac les dijo que no lo iba a hacer, y cuando les recordó que en el taller hay cámaras, los agentes se fueron.

Tras la situación, sin embargo, Isaac tuvo que cerrar su negocio y, según New York Post, “presentó una demanda multimillonaria por difamación en mayo contra el representante demócrata Adam Schiff y una serie de medios de comunicación, incluidos CNN, Daily Beast y Politico, diciendo que lo acusaron falsamente de vender desinformación rusa”.

Tras el allanamiento a la residencia de Trump en Palm Beach por parte del FBI, su historia ahora adquiere un nuevo significado, y revela la magnitud de la red de corrupción que alcanza a varios agentes de la policía federal, hoy en manos del operador judicial demócrata Merrick Garland.

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Estados Unidos

Trump tuvo la posibilidad de allanar a Hillary Clinton pero decidió priorizar la estabilidad política: Hoy lo persiguen a él

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El 20 de enero del 2017 Trump llegaba a la Casa Blanca y su entrante Fiscal General estaba listo para allanar a Hillary Clinton por la eliminación de correos electrónicos, pero el presidente republicano decidió no hacerlo.

El 9 de octubre del 2016, durante el debate presidencial en Estados Unidos de cara a las elecciones de noviembre, el entonces candidato le dijo en la cara a Hillary Clinton que en caso de ganar designaría un fiscal especial para investigar sus crímenes y que si fuera por él, estaría presa.

En su momento, los medios tradicionales alineados al Partido Demócrata explotaron de furia y tildaron al candidato republicano de fascista y de querer perseguir a su principal rival política. Sin embargo, luego de ganar las elecciones y asumir el poder el 20 de enero del 2017, Trump tuvo en su mano la lapicera con la que iba a firmar la investigación de los Clinton, pero decidió no hacerlo.

El ex presidente designó como Fiscal General a Jeff Sessions, por entonces el senador republicano quien más había denunciado a Hillary Clinton durante su paso por la Secretaría de Estado. Todo estaba listo para que el Departamento de Justicia de Trump ordenara un allanamiento y abriera una investigación en su contra. Pero Trump le puso la correa a Sessions, y le pidió que dedicara sus esfuerzos a otras cosas.

Razones para allanar a la ex Primera Dama no le faltaban. Durante su paso por la Secretaría de Estado, la Cancillería de Estados Unidos, Hillary Clinton estableció un correo electrónico en un servidor externo a la Casa Blanca y lo escondió del Servicio Secreto y de las auditorías federales.

Desde ese correo electrónico coordinó cientos de actos delictivos. Ordenó repartir armas a grupos rebeldes en Libia, ataques con drones, habló con empresarios chinos y rusos, e instruyó espionajes masivos a dirigentes extranjeros.

El servidor no estaba dentro de la red .gov de la Casa Blanca, y fue fácilmente hackeado por ciberataques rusos en reiteradas ocasiones entre 2012 y 2014. En diciembre del 2014, sabiendo que había cometido un crímen, Hillary Clinton eliminó 31.830 e-mails a escondidas y destruyó con ácido las computadoras para que sus discos rígidos sean irrecuperables. Estos mails luego serían publicados por WikiLeaks en 2016, ya que fueron hackeados antes de que los borrara.

Un año después, el Congreso abrió una investigación de Hillary Clinton por sus acciones en la desestabilización de Libia que resultó en el asesinato del embajador estadounidense en Bengazi, y en el Comité de Investigación se le pidió que entregue los correos electrónicos del servidor paralelo, un pedido que no pudo cumplir ya que los había borrado todos.

El FBI abrió una investigación paralela de la ex funcionaria de Obama, y el propio director de la policía federal James Comey compareció ante el Comité y testificó que Hillary cometió una serie de crímenes federales en su accionar, pero no recomendó procesarla ya que “no actuó con intención criminal”, una de los mayores blindajes gubernamentales de la historia.

La testificación de Comey no era vinculante, y la decisión de no denunciar a Hillary Clinton provino de la Fiscal General de Obama, Loretta Lynch, quien unas semanas antes de anunciar que no presentaría cargos contra la ex funcionaria se reunió en privado con el ex presidente y marido de Hillary, Bill Clinton.

Cuando Trump ganó las elecciones, todos esperaban que el republicano instruyera a Jeff Sessions que abriera la investigación que Obama no abrió. Esto hubiera implicado un allanamiento a las propiedades de Hillary Clinton para evitar que destruya evidencia, y cualquier juez se vería obligado a firmar la orden ya que existe el antecedente de la eliminación de los e-mails.

Según han contado funcionarios de la Casa Blanca de Trump, el entonces presidente decidió en los primeros días de su mandato no perseguir a Hillary Clinton, ya que eso traería inestabilidad política y acaparía todas las acciones de su gobierno, imposibilitando que promueva su agenda.

A partir de hoy Estados Unidos empieza a sanar. No vamos a designar un fiscal especial para que persiga a Hillary Clinton desde la Casa Blanca, aunque sí le pedimos a los fiscales federales y al Poder Judicial que haga lo que tiene que hacer con un caso criminal tan evidente“, dijo la portavoz de Trump, Kellyanne Conway, pocos días antes que asuma como presidente.

Esto probó ser un gran error. La Justicia no hizo nada por aplicar la ley contra Hillary Clinton, quien quedó completamente en libertad; y a los demócratas no les importó nada el llamado a estabilidad política.

Ni bien tuvieron oportunidad, colocaron un fiscal especial para que lo investigue a él basándose en la teoría conspirativa que inventó la campaña de los Clinton de que Trump trabajaba para el Kremlin. Después de 3 años de investigación, el fiscal Robert Muller exoneró a Trump, y el presidente republicano se creyó que ahí había terminado todo.

Pero los demócratas recién empezaban. Intentaron hacerle un impeachment por una conversación totalmente benigna con el ahora famoso presidente Volodímir Zelénski, luego montaron un sistema de fraude electoral basado en el voto por correo y hasta le hicieron un segundo impeachment.

Por último, ya afuera del Gobierno, los demócratas ahora cruzaron el Rubicón y ordenaron el allanamiento que Trump se negó a hacerle a Hillary Clinton. Biden instruyó a su Fiscal General, Merrick Garland, que ordenara una redada a la residencia de Trump en Miami sin ningún susteno legal y abrió un capítulo oscuro en la historia norteamericana, tal vez el fin de la República.

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