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Estados Unidos

Colapso total de la Ciudad de Nueva York: inseguridad, crisis sanitaria y un alcalde demócrata de extrema izquierda

La capital económica del país, bajo administración demócrata hace 6 años, ha vuelto a ver índices de criminalidad previos a la década del 90. Sumado a una crisis sanitaria y social, el alcalde De Blasio está llevando a la Ciudad a la ruina.

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En las últimas semanas, la Ciudad de Nueva York, en efecto la capital económica de los Estados Unidos, se ha transformado también en la capital de la delincuencia del país. 
La gestión del alcalde ultra-demócrata Bill De Blasio ha revivido un problema del pasado y la ciudad ha vuelto a ser un foco de delincuencia en el Estado neoyorquino, con episodios violentos que ya alcanzaron un nivel preocupante.
El republicano e íntimo amigo de Trump, Rudolph Giuliani, alcalde entre 1994 y 2001, había logrado combatir el crimen y devolver la tranquilidad a los habitantes de Nueva York. A su vez, el sucesor de Giuliani y antecesor de De Blasio, el multimillonario Michael Bloomberg había logrado mantener estables los índices de criminalidad logrados por Giuliani; sin embargo, De Blasio en pocos años está logrando deshacer todos estos logros.

El ex-alcalde republicano de la Ciudad de Nueva York, Rudolph “Rudy” Giuliani, reconocido como “Neoyorquino del Año” por la New York Magazine en su edición final de 2001.

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En las últimas semanas, debido a los constantes disturbios causados tras el caso George Floyd y a la decisión política de desfinanciar a la Policía, el índice de criminalidad ha aumentado enormemente. La cantidad de tiroteos, por ejemplo, aumentó en un 72% respecto de 2019, con enfrentamientos entre pandillas que se creían extintas en la era Giuliani.

Otro dato que preocupa a los neoyorquinos es la cantidad de delincuentes liberados debido a la crisis del coronavirus, muchos de ellos ex-miembros de pandillas, que han vuelto a cometer crímenes tras ser liberados. Muchos de estos crímenes fueron violentos, incluyendo violaciones y asesinatos.
Uno de estos casos fue el de un pandillero de Brooklyn, de nombre Darrius Sutton, 23 años de edad, quien desde su liberación sin fianza en el pasado mayo, ha efectuado 3 tiroteos, uno de los cuales resultó con un hombre herido de gravedad, quien casi pierde la vida. 
Sutton ahora espera bajo custodia federal un juicio en el que podría recibir hasta 10 años de prisión por tenencia de arma para cometer un delito, pero la ciudadanía reclama por qué fue liberado en primer lugar.
No solo los índices de crímenes relacionados con robos y asesinatos relacionados con asaltos han incrementado, sino también se han disparado los índices de vandalismo y destrucción de propiedad pública y privada, impulsadas por violentos manifestantes que acuden a las todavía constantes marchas en reclamo por George Floyd y en apoyo al movimiento Black Lives Matter.
El nivel de destrozos en comercios por parte de los manifestantes, tanto en zonas céntricas de Manhattan como en zonas residenciales de Brooklyn y Queens, sumado a la crisis económica por la cuarentena del alcalde De Blasio, ha causado que muchos de esos comercios hayan tenido que cerrar sus puertas, algunos temporalmente pero otros definitivamente. Los mismos se encuentran imposibilitados de hacer frente a los gastos necesarios para mantener sus negocios luego de la destrucción.

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Las medidas del alcalde de la Ciudad de Nueva York han sido, lejos de efectivas, totalmente dañinas para la sociedad. Además de quitar recursos al Departamento de Policía de su ciudad, De Blasio ordenó destinar casi la totalidad de los patrulleros a monitorear los accesos a la ciudad para reforzar la cuarentena, principalmente en Manhattan.
Estos puntos de control, establecidos en puentes, puertos, estaciones de tren y otros accesos a la ciudad, obligan a cada persona que desee ingresar a la ciudad a llenar un formulario y luego cumplir una estricta cuarentena de 2 semanas. Las personas que se nieguen recibirán multas de entre $2.000 y $10.000 dólares.
La crisis actualmente vivida en la capital económica del país, y quizá del mundo, no solo se limita a problemas de seguridad, sino que los problemas económicos parecen ir en aumento: la ciudad necesitará hasta $4,7 billones de dólares para afrontar las pérdidas económicas causadas por la cuarentena, sumados a las pérdidas causados por el vandalismo.
Es por ello que el alcalde De Blasio ha pedido al gobierno nacional del republicano Donald Trump un auxilio económico federal para afrontar estas pérdidas, instando al presidente a que presione a los republicanos en el Senado para aprobar paquetes de ayuda económica para paliar las ciudades necesitadas.
Curiosamente, el presidente Trump había ofrecido recientemente a De Blasio ayuda federal para afrontar la pandemia de COVID-19, pero De Blasio la había rechazado en repetidas ocasiones, al igual que el también demócrata Andrew Cuomo, gobernador del Estado de Nueva York. Tras meses de desgaste, la necesidad se volvió más fuerte que el orgullo político y éstos acudieron a la ayuda del flamante Presidente.

El gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo (izquierda) y el alcalde de la Ciudad de Nueva York, Bill De Blasio (derecha), ambos altos dirigentes del Partido Demócrata.

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Como si fuera poco, a la crisis económica y de seguridad vivida por la ciudad portuaria se le suma una crisis del gabinete en el área de Salud
El pasado martes 4 de agosto de 2020, la comisionada de Salud de la Ciudad de Nueva York, la Dra. Oxiris Barbot, renunció a su cargo. Este puesto es el equivalente a la del ministro de Salud en la jerga de otras ciudades del mundo.
Barbot justificó su decisión alegando diferencias con el alcalde De Blasio, expresando una “profunda decepción” por el manejo de la pandemia en la ciudad que gestiona. Inmediatamente, el alcalde anunció como reemplazo al Dr. Dave Chokshi, quien formó parte del liderazgo del sistema de salud pública de la Ciudad de Nueva York entre septiembre de 2016 y mayo de 2020.
Los problemas de la Ciudad de Nueva York parecen no tener fin, y continúan en aumento, mientras que los gobiernos demócratas de la Ciudad y el Estado se encuentran distanciados por cuestiones políticas, y sin ninguna intención aparente de cooperar entre sí para el bienestar de los ciudadanos neoyorquinos.
La frase “Start spreading the news, I’m leaving today” de la conocida canción interpretada por Frank Sinatra (tema de la película “New York, New York”) expresaba un 1979 un enorme deseo de abandonar el pueblo natal para lograr el éxito y una vida de lujo en la Ciudad de Nueva York, casi un resumen del sueño americano. Hoy, sin embargo, esa frase pareciera haber revertido sus intenciones, y refleja mejor a la gente que, en lugar de arribar a la Ciudad de los Sueños, abandona lo que se está volviendo a convertir en la Ciudad de las Pesadillas.
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Estados Unidos

Enloqueció Biden: El presidente de EEUU busca sancionar al jefe de las Fuerzas de Defensa Israelíes por combatir al terrorismo

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El gobierno de Biden sancionó al principal financista de Netanyahu en Israel y, según se informa, evalúa expandir las sanciones contra las FDI, que están peleando contra el terrorismo palestino.

Según un informe publicado por Axios, el presidente Joe Biden está preparando una resolución para sancionar económicamente a Herzi Halevi, el actual jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), por sus acciones contra los terroristas vinculados al grupo palestino Hamás.

Particularmente, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, está analizando las acciones del batallón israelí “Netzah Yehuda” en la región de Cisjordania para combatir a los terroristas palestinos, antes del ataque del 7 de octubre.

Si se imponen sanciones, el batallón y sus miembros ya no recibirían ningún tipo de entrenamiento o asistencia del ejército estadounidense, y el comandante Halevi no podría viajar más a Estados Unidos o países aliados. Se trataría de la primera vez en la historia que Estados Unidos impone sanciones contra Israel.

Según las fuentes, Blinken está analizando aplicar la Ley Leahy, que prohíbe a Estados Unidos proporcionar cualquier tipo de ayuda exterior o capacitación militar a países responsables de presuntas violaciones de derechos humanos basadas en información creíble.

Si bien el canciller norteamericano rechazó preguntas sobre el tema, recalcó el viernes que “la Ley Leahy es muy importante y se debe aplicar en todos los ámbitos“, y confirmó que la Casa Blanca está analizando el tema.

“Cuando hacemos estas investigaciones, estas indagaciones, es algo que lleva tiempo, que debe hacerse con mucho cuidado tanto al recopilar los hechos como al analizarlos, y eso es exactamente lo que hemos hecho”, dijo. “Y creo que es justo decir que verán resultados muy pronto. He tomado determinaciones; pueden esperar verlas en los próximos días“, completó.

La semana pasada, la administración de Biden impuso sanciones al principal financista de Benjamin Netanyahu en Israel, el empresario Ben-Zion Gopstein, fundador y líder del grupo de derecha Lehava. El grupo promueve los asentamientos judíos en Judea y Samaria y tiene alrededor de 5.000 miembros en el país.

Según la Casa Blanca demócrata, los grupos vinculados a Gopstein cometieron actos de violencia contra palestinos, pero no se presentaron evidencias y se especula que Biden está utilizando esto como excusa para imponerle sanciones a los empresarios que apoyan a Netanyahu.

Cabe recordar que el Partido Demócrata de los Estados Unidos apoya políticamente a Yair Lapid, principal líder opositor a Netanyahu. Lapid se convirtió en el primer opositor de la historia en rechazar unirse al Gabinete de Guerra de Israel, algo que siempre ocurre cuando el país entra en un conflicto armado, para mostrar unidad en momentos de extrema peligrosidad.

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Estados Unidos

El Congreso de EEUU aprueba la mayor ayuda militar desde la Segunda Guerra Mundial: US$ 95 mil millones para Ucrania, Israel y Taiwán

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Los republicanos le entregaron al presidente Joe Biden un regalo de 95 mil millones de dólares el sábado por la tarde, revirtiendo su promesa de meses de no avanzar nunca en la ayuda exterior sin antes asegurar la frontera de Estados Unidos.

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó este sábado el mayor paquete de ayuda militar de la posguerra, una transferencia de una magnitud que no se veía desde las ayudas que enviaba Roosevelt al Reino Unido en plena Segunda Guerra Mundial.

Con el apoyo de la totalidad de los diputados demócratas, y de varios republicanos anti-Trump, el Congreso aprobó un paquete de US$ 95.000 millones de dólares para asistir a tres naciones aliadas de los Estados Unidos que están en guerra.

La votación resultó aprobada por 316 votos positivos contra 94 negativos, y fue remitida al Senado, donde el líder republicano Mitch McConnell confirmó que un grupo de senadores conservadores votarán con los demócratas para aprobarlo en tiempo récord y que llegue al despacho del presidente Joe Biden esta misma semana.

El mayor beneficiario del paquete es Ucrania, que recibirá US$ 60.800 millones de dólares en equipamiento militar, asistencia financiera y ayuda humanitaria en su guerra contra Rusia, que el próximo mes cumple 2 años y medio de conflicto sin tregua.

El segundo beneficiario será Israel, que recibirá US$ 26.400 millones de dólares, principalmente para reponer los misiles del Domo de Hierro, para entregar ayuda humanitaria en Gaza y para prepararse para lo que parecería ser un conflicto abierto con Irán.

Por último, Taiwán recibirá US$ 8.120 millones de dólares. La isla está entrando en un conflicto cada vez más caliente con la China comunista, y su inclusión en el programa fue pedido por un grupo de republicanos a cambio de votar afirmativamente.

Los diputados trumpistas aseguran que esta ayuda involucra innecesariamente a los Estados Unidos en tres guerras que le son ajenas. La legisladora Marjorie Taylor Greene dijo que esta medida pone al mundo un paso más cerca de la Tercera Guerra Mundial.

Este tipo de ayudas confirman que hay un mundo en guerra, en tres frentes distintos, y que los Estados Unidos está dispuesta a llevar a todo el resto del mundo a la guerra en vez de enfocarse en sus propios problemas“, aseguró la representante de Georgia.

Los trumpistas creen que los conflictos entre Ucrania y Rusia, entre Israel e Irán, y entre Taiwán y China, deben ser resueltos a través de la diplomacia, y de la contundente posición que Estados Unidos tendría que tener como policía del mundo, y que enviarles dinero solamente fomenta que los conflictos se extiendan en el tiempo.

Ni Rusia se hubiera animado a atacar a Ucrania, ni Irán a Israel si yo fuera Presidente“, dijo recientemente Trump en un discurso de campaña. “Y definitivamente China no se va a animar a atacar a Taiwán si yo vuelvo a ser presidente, eso se los puedo garantizar“, sentenció.

A su vez, aseguró que “la crisis de los Estados Unidos está ocurriendo adentro de Estados Unidos, no en la otra punta del mundo” y que “los inmigrantes están invadiendo la frontera sur y el Congreso se niega a aprobar un paquete de ayuda para nuestra magnífica Guardia Nacional“.

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Economía

¿Nueva guerra comercial con China? Biden apunta a triplicar los aranceles para la importación de acero y aluminio

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La administración Biden amenaza con lanzar una nueva ofensiva arancelaria contra el ingreso de productos chinos, una maniobra que podría conducir a una pronta respuesta por parte del gigante asiático.

El giro proteccionista de la Casa Blanca bajo la presidencia de Joe Biden se hace cada vez más evidente. Pese a prometer lo contrario en su campaña electoral, Biden promete redoblar los aumentos tarifarios contra China y otros países del mundo.

Hasta ahora, las medidas proteccionistas del Gobierno se focalizaron en subsidios encubiertos, como por ejemplo los dispuesto en la llamada “Ley de Reducción de la inflación” del 2021. Pero esta vez se estudia abiertamente un nuevo rediseño del sistema arancelario.

El Presidente Biden propuso triplicar el arancel de importación para el acero y el aluminio provenientes de China, del 7,5% al 25%. Esta resolución amplía una anterior que ya había adoptado el expresidente Donald Trump, en virtud de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial (establecida en 2018). Pero la ley sancionada durante la administración anterior sólo alcanzaba a unos productos específicos, y la propuesta de Biden es generalizar el aumento arancelario sin excepción en todo el sector.

Estados Unidos se constituye actualmente como el cuarto productor mundial de acero, mientras que China ocupa el primer lugar. Semejante participación en el mercado haría muy efectivo el impacto de un arancel sobre la importación de China (con beneficios positivos para la industria local), pero este tipo de medidas resultan en su mayoría estériles, debido a que se espera una pronta respuesta por parte de China y la situación volvería al punto de inicio (o aún peor debido a la persistente volatilidad).

Siguiendo el mismo patrón, la administración Biden intervendrá deliberadamente en la adquisición de US Steel por parte de inversores japoneses, un acto populista y desesperado en medio del clima de la campaña electoral.

Asimismo, el Presidente Biden propuso incrementar los aranceles para la importación de madera canadiense del 8% al 14%, sin ningún tipo de justificación convencional. Esto supone un golpe hacia uno de los mayores socios comerciales de Estados Unidos en la región.Queda en evidencia que la política comercial de Biden no se limita exclusivamente a China.

Biden despliega este paquete de propuestas como respuesta a las medidas prometidas por Trump, entre las cuales se encuentra el establecimiento de un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones, y una tasa especial del 60% sobre todas las importaciones de China.

Como es de amplio conocimiento, la dictadura comunista en China se negó a cumplir con la liberalización total de su mercado de divisas, un requisito al que se había expresamente comprometido tras su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2000. En lugar de ello, solo se dio lugar a una serie de desregulaciones parciales y progresivas que, hasta el momento, no llegaron a desembocar en un mercado libre.

Las políticas proteccionistas se utilizaron como una medida coercitiva para forzar la liberalización cambiaria de China durante la administración de Donald Trump, aunque una vez finalizada la guerra comercial (2018-2020) se llegó a un nuevo status-quo sin mayores cambios en esta materia y con aranceles más elevados entre ambos países (la relación final entre ellos favoreció ligeramente a Estados Unidos).

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