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Estados Unidos

Trump tuvo la posibilidad de allanar a Hillary Clinton pero decidió priorizar la estabilidad política: Hoy lo persiguen a él

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El 20 de enero del 2017 Trump llegaba a la Casa Blanca y su entrante Fiscal General estaba listo para allanar a Hillary Clinton por la eliminación de correos electrónicos, pero el presidente republicano decidió no hacerlo.

El 9 de octubre del 2016, durante el debate presidencial en Estados Unidos de cara a las elecciones de noviembre, el entonces candidato le dijo en la cara a Hillary Clinton que en caso de ganar designaría un fiscal especial para investigar sus crímenes y que si fuera por él, estaría presa.

En su momento, los medios tradicionales alineados al Partido Demócrata explotaron de furia y tildaron al candidato republicano de fascista y de querer perseguir a su principal rival política. Sin embargo, luego de ganar las elecciones y asumir el poder el 20 de enero del 2017, Trump tuvo en su mano la lapicera con la que iba a firmar la investigación de los Clinton, pero decidió no hacerlo.

El ex presidente designó como Fiscal General a Jeff Sessions, por entonces el senador republicano quien más había denunciado a Hillary Clinton durante su paso por la Secretaría de Estado. Todo estaba listo para que el Departamento de Justicia de Trump ordenara un allanamiento y abriera una investigación en su contra. Pero Trump le puso la correa a Sessions, y le pidió que dedicara sus esfuerzos a otras cosas.

Razones para allanar a la ex Primera Dama no le faltaban. Durante su paso por la Secretaría de Estado, la Cancillería de Estados Unidos, Hillary Clinton estableció un correo electrónico en un servidor externo a la Casa Blanca y lo escondió del Servicio Secreto y de las auditorías federales.

Desde ese correo electrónico coordinó cientos de actos delictivos. Ordenó repartir armas a grupos rebeldes en Libia, ataques con drones, habló con empresarios chinos y rusos, e instruyó espionajes masivos a dirigentes extranjeros.

El servidor no estaba dentro de la red .gov de la Casa Blanca, y fue fácilmente hackeado por ciberataques rusos en reiteradas ocasiones entre 2012 y 2014. En diciembre del 2014, sabiendo que había cometido un crímen, Hillary Clinton eliminó 31.830 e-mails a escondidas y destruyó con ácido las computadoras para que sus discos rígidos sean irrecuperables. Estos mails luego serían publicados por WikiLeaks en 2016, ya que fueron hackeados antes de que los borrara.

Un año después, el Congreso abrió una investigación de Hillary Clinton por sus acciones en la desestabilización de Libia que resultó en el asesinato del embajador estadounidense en Bengazi, y en el Comité de Investigación se le pidió que entregue los correos electrónicos del servidor paralelo, un pedido que no pudo cumplir ya que los había borrado todos.

El FBI abrió una investigación paralela de la ex funcionaria de Obama, y el propio director de la policía federal James Comey compareció ante el Comité y testificó que Hillary cometió una serie de crímenes federales en su accionar, pero no recomendó procesarla ya que “no actuó con intención criminal”, una de los mayores blindajes gubernamentales de la historia.

La testificación de Comey no era vinculante, y la decisión de no denunciar a Hillary Clinton provino de la Fiscal General de Obama, Loretta Lynch, quien unas semanas antes de anunciar que no presentaría cargos contra la ex funcionaria se reunió en privado con el ex presidente y marido de Hillary, Bill Clinton.

Cuando Trump ganó las elecciones, todos esperaban que el republicano instruyera a Jeff Sessions que abriera la investigación que Obama no abrió. Esto hubiera implicado un allanamiento a las propiedades de Hillary Clinton para evitar que destruya evidencia, y cualquier juez se vería obligado a firmar la orden ya que existe el antecedente de la eliminación de los e-mails.

Según han contado funcionarios de la Casa Blanca de Trump, el entonces presidente decidió en los primeros días de su mandato no perseguir a Hillary Clinton, ya que eso traería inestabilidad política y acaparía todas las acciones de su gobierno, imposibilitando que promueva su agenda.

A partir de hoy Estados Unidos empieza a sanar. No vamos a designar un fiscal especial para que persiga a Hillary Clinton desde la Casa Blanca, aunque sí le pedimos a los fiscales federales y al Poder Judicial que haga lo que tiene que hacer con un caso criminal tan evidente“, dijo la portavoz de Trump, Kellyanne Conway, pocos días antes que asuma como presidente.

Esto probó ser un gran error. La Justicia no hizo nada por aplicar la ley contra Hillary Clinton, quien quedó completamente en libertad; y a los demócratas no les importó nada el llamado a estabilidad política.

Ni bien tuvieron oportunidad, colocaron un fiscal especial para que lo investigue a él basándose en la teoría conspirativa que inventó la campaña de los Clinton de que Trump trabajaba para el Kremlin. Después de 3 años de investigación, el fiscal Robert Muller exoneró a Trump, y el presidente republicano se creyó que ahí había terminado todo.

Pero los demócratas recién empezaban. Intentaron hacerle un impeachment por una conversación totalmente benigna con el ahora famoso presidente Volodímir Zelénski, luego montaron un sistema de fraude electoral basado en el voto por correo y hasta le hicieron un segundo impeachment.

Por último, ya afuera del Gobierno, los demócratas ahora cruzaron el Rubicón y ordenaron el allanamiento que Trump se negó a hacerle a Hillary Clinton. Biden instruyó a su Fiscal General, Merrick Garland, que ordenara una redada a la residencia de Trump en Miami sin ningún susteno legal y abrió un capítulo oscuro en la historia norteamericana, tal vez el fin de la República.

Economía

Las medidas de Joe Biden agregarán más de 4,8 billones de dólares al déficit fiscal hasta 2031

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El Presidente se jactó por la reducción del déficit en 2022 y se la atribuyó a sí mismo, pero el grueso de sus propias iniciativas apuntan a desequilibrar las finanzas públicas por más tiempo del que se proyectaba en la administración anterior. 

El Gobierno del presidente Joe Biden anunció que el déficit fiscal fue recortado en US$ 1,7 billones en el año fiscal 2022, un hecho que por supuesto atribuyó exclusivamente a su gestión y no escatimó en críticas y acusaciones hacia el Gobierno de Donald Trump.

Sin embargo, el Presidente manipuló la información para verse favorecido y decidió eludir los hechos de la realidad que marcan una situación muy diferente. Si bien es cierto que el déficit fiscal federal se redujo fuertemente en 2022, esto se debió al cese del “gasto covid” y los cheques de asistencia social otorgados por la emergencia.

No hubo ningún recorte efectivo del gasto público presupuestado por fuera de las erogaciones extraordinarias. De hecho, el gasto primario del Gobierno federal (sin intereses de deuda) ascendió al 22,05% del PBI en noviembre del año pasado, aún muy por encima del 19,35% que se registraba antes de la pandemia en febrero de 2020.

El déficit fiscal se redujo en 10 puntos del PBI durante el Gobierno de Biden, pero con dos importantes excepciones: la primera en marzo de 2021 con el lanzamiento del “Plan de Rescate Estadounidense” y la segunda en septiembre de 2022 con la cancelación de préstamos estudiantiles

La ley de rescate aprobada incrementó el déficit fiscal del 15,66% del PBI hasta superar el 18%, el valor más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, la cancelación de préstamos estudiantiles marcó el fin de la corrección fiscal y disparó el desequilibrio del 3,9% del producto al 5,2% en noviembre de 2022 (0,3 puntos por encima de febrero de 2020). 

Aún obviando el incremento de los intereses de deuda por el ajuste de tasas de la Reserva Federal, las finanzas públicas no muestran mejoría. El déficit fiscal primario del Gobierno federal se incrementó del 2% del PBI en julio de 2022 al 3,37% en noviembre, principalmente debido al salto que provocó el rescate de deuda.

Por la propia dinámica de los gastos asignados únicamente por una emergencia sanitaria, la corrección del déficit fiscal habría tenido lugar de manera natural y premeditada, la administración Biden solo añadió la expansión de partidas discrecionalmente seleccionadas y sin preocuparse por la responsabilidad fiscal. 

Resultado del Gobierno federal de Estados Unidos entre 2019 y 2022.

Los economistas de Moody’s Analytics estiman que el presidente Biden añadió hasta 4,8 billones de dólares más al déficit fiscal entre 2021 y 2031, siendo el 48% de este monto explicado únicamente por el Plan de Rescate Estadounidense de 2021. Estos gastos no tuvieron ningún tipo de contraprestación, el Gobierno no se preocupó por compensar las pérdidas. 

La Ley de Reducción de la Inflación (IRA por sus siglas en inglés) sí compromete un ajuste al déficit pero solamente por US$ 200.000 millones hasta 2032, un monto que de ningún modo puede compensar el rojo fiscal de US$ 4,8 billones.

La política fiscal del Gobierno se volvió errática y abiertamente contradictoria. Si la principal herramienta de la IRA era la reducción del déficit fiscal para controlar la inflación, esta se ve completamente boicoteada por otros programas igualmente aprobados y promovidos por la misma administración.

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Estados Unidos

En plena crisis energética, los demócratas quieren cerrar la última central nuclear de California

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Si bien el gobernador Gavin Newsom pidió prorrogar el cierre hasta 2030, el gobierno de Biden reafirma su intención de que los dos reactores dejen de operar en 2024 y 2025, respectivamente.

La última central nuclear de California podría verse obligada a cerrar, a pesar de la prórroga de Newsom
Diablo Canyon, la última central nuclear operativa de California.

Mientras otros estados están apostando a aumentar la producción energética a partir de fuentes nucleares, California decidió iniciar el cierre de su última central nuclear, para 2025.

Diablo Canyon, la última central nuclear operativa de California, podría verse obligada a cerrar en 2025 a pesar de la prórroga de cinco años firmada por el gobernador demócrata Gavin Newsom, dejando al estado potencialmente corto de energía.

El martes, la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) federal, que depende de Joe Biden, rechazó un intento de la Pacific Gas & Electric Company de restablecer las solicitudes de permiso que había retirado. Sus permisos actuales expiran en 2024 y 2025 para cada uno de los dos reactores de la central, y las nuevas solicitudes podrían tardar meses.

La decisión marca la última batalla en una larga lucha sobre el funcionamiento y la seguridad de la planta de Diablo Canyon. Mientras los demócratas a nivel nacional quieren cerrarla, el gobernador Gavin Newsom dice que debe seguir funcionando más allá de su cierre programado para 2025 para evitar posibles apagones como la transición del estado a la energía solar y otras fuentes renovables.

En octubre, Pacific Gas & Electric pidió a la Comisión Reguladora Nuclear que reanudara el examen de una solicitud presentada inicialmente en 2009 para ampliar la vida útil de la central, que posteriormente fue retirada después de que PG&E anunciara en 2016 sus planes de cerrar los reactores.

Según las normas vigentes, las licencias de explotación de los reactores hermanos expiran en 2024 y 2025, momento en el que se verían obligados a cerrar. Cabe aclarar que el apagón no es inmediato, y en los años previos a las fechas de corte, el reactor irá bajando su producción de energía año tras año hasta llegar a cero.

Si bien el propio Newsom apoyó por años el cierre de Diablo Canyon, desde el año pasado dio marcha atrás a su antigua oposición a la energía nuclear e instó con éxito a la legislatura estatal a votar a favor de ampliar la vida operativa de la central hasta 2030, para evitar cortes de luz en los próximos años.

El gobernador de California Gavin Newsom observa durante una visita a la Planta de Tratamiento de Agua de Antioch el 11 de agosto de 2022 en Antioch, California.

Tras varios cortes de electricidad en el estado, Newsom y los demócratas californianos, que se han fijado el objetivo de cero emisiones netas de carbono para 2045, no quieren perder ese 6% del suministro eléctrico que provee la central de Diablo Canyon, dado que la energía solar y eólica todavía son incapaces de llenar esa demanda.

Muy por el contrario, grupos ecologistas se mostraron eufóricos por la decisión de la NRC. Caroline Leary, abogada del Environmental Working Group (EWG), declaró en un comunicado que apoyan la decisión del gobierno federal y llamó a “recapacitar” a los legisladores del estado.

“No es demasiado tarde para que la Legislatura de California reoriente los mil millones de dólares destinados a la reactivación de estos reactores inseguros y antieconómicos al apoyo de fuentes de energía alternativas, seguras y renovables, como la energía solar y eólica, la eficiencia energética y la gestión de la carga”, sentenció, sin entender que estas fuentes de energía, aunque reciban miles de millones de dólares en inversiones, no son capaces de otorgar la misma producción de un reactor nuclear.

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Economía

“Ley de Impuestos Justos”: El Partido Republicano lanza un proyecto de ley para eliminar todos los impuestos federales

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Se trata de una reforma histórica y muy ambiciosa que pretende eliminar la mayor parte de los impuestos federales, reemplazándolos por un único impuesto generalizado al consumo. El proyecto tiene el apoyo de Trump y McCarthy.

El Partido Republicano de los Estados Unidos presentó un proyecto de ley sin precedentes para reformar el código fiscal del país, una iniciativa que surge desde el sector más conservador y defensor del liberalismo económico, y cuenta con el apoyo del ex presidente Donald Trump.

El recientemente nombrado Presidente de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, dio su visto bueno para el tratamiento de la ley y prometió respaldar el proyecto como parte de las negociaciones con el bloque trumpista para que aprueben su nominación.

La legislación propuesta busca eliminar miles de impuestos federales y unificaron en un impuesto único enfocado al sector del consumo. Entre otros, se eliminaría el Impuesto a las Ganancias, tanto individuales como corporativas, el Impuesto a la Herencia, el Impuesto a la Renta Financiera, el Impuesto a la Transferencia de Dividendos, el Impuesto a la Seguridad Social (cargas patronales y sociales), y casi la totalidad de los tributos que rigen a nivel nacional.

Todo indica que los republicanos tienen los votos para aprobar esta ley en la Cámara de Diputados, pero no en el Senado. Además, en el extraño caso que por lo menos 10 senadores demócratas voten a favor y la ley se apruebe, todo indica que Biden vetaría el proyecto.

La reforma tributaria del Partido Republicano

El proyecto propone la completa eliminación del Impuesto a las Ganancias de Estados Unidos, conocido allá como “Income Tax“, que se implementó por primera vez en el país en 1861 para costear la Guerra Civil y nunca fue eliminado después de que terminara el conflicto. Desde 1913 también se aplica para empresas.

De aprobarse este proyecto, ni los ciudadanos ni las sociedades pagarían ningún tipo de impuesto como una alícuota de sus ganancias imponibles anuales.

También se eliminaría el Impuesto a la Renta Financiera y a la Transferencia de Dividendos, conocido como “Capital Gains Tax“, que se cobra a partir de las ganancias obtenidas por activos que aumentan su valor o por el cobro de dividendos por la tenencia de estos activos.

Este impuesto fue introducido durante la gestión demócrata de Woodrow Wilson en 1913, y se estableció a valores absurdamente elevados. Con el pasar de los años se redujo considerablemente, y actualmente se ubica entre el 10 y el 40%. Es uno de los principales factores de distorsión en el mercado financiero.

Otro de los impuestos más importantes que se eliminaría es el de la Seguridad Social, conocido como “Social Security Tax“, implementado en 1935 por el también demócrata Franklin D. Roosevelt para financiar un masivo sistema de salud pública.

También, con el tiempo este sistema fue adaptado para los más necesitados y no de manera universal, y actualmente el tributo se ubica en el 6,2% de todas las personas que quieran acceder a él.

Impuesto Único a las Ventas

El programa dispone del reemplazo de todos estos tributos por un impuesto federal único y generalizado al consumo: las ventas de todo el país, sea cual fuere su naturaleza y casi sin excepción, estarían sujetas a una tasa del 30%.

Este esquema tributario se conoce como “Fair Tax”, y la generalización de la tributación al consumo promete complementar la mayor parte de los recursos que se perderían por la eliminación de impuestos federales.

Esta no es la primera vez que el Partido Republicano propone una reforma de las características descritas. En 1999, la mayoría republicana en el Congreso presentó una propuesta similar, y en la década de 1990 se presentaron múltiples proyectos para “achatar” la estructura de los impuestos federales. 

No solo se vería una reducción considerable de la tasa efectiva total, que es cuánto percibe en impuestos un contribuyente norteamericano promedio por todos los impuestos que paga a nivel distrital, estatal y federal, si no que además se simplificaría sustancialmente el sistema impositivo y se eliminarían muchas distorsiones en el mercado.

“Impuesto negativo” para sectores más vulnerables

La reforma de los republicanos eliminaría completamente las escalas “progresivas” sobre los impuestos federales. A modo de compensación, el programa tributario propone incluir una serie de reembolsos fiscales para los estratos más bajos de la sociedad.

A estos fines, todos los hogares recibirían un cheque mensual por parte del Gobierno federal, equivalente al 23% del umbral de pobreza ponderado por el tamaño efectivo de cada hogar en cuestión. Una idea similar al impuesto a la renta negativo que proponía el economista Milton Friedman en la década de 1960. 

Se pretende erradicar completamente la pobreza extrema garantizando un mecanismo redistributivo dentro de un sistema tributario muy simplificado, pero sin dejar de lado los incentivos para dinamizar la oferta laboral.

Las motivaciones del proyecto y las ganancias en eficiencia asignativa

La principal motivación teórica del proyecto es la virtual eliminación de la ineficiencia en el sistema tributario, la cual entra en juego cuando se aplican tasas progresivas y distorsivas, o cuando se penaliza sistemáticamente la acumulación de capital para favorecer mecanismos redistributivos por medio de tratamientos tributarios diferenciales y arbitrarios.

Todo esto se vería casi completamente eliminado, ya que los impuestos al consumo son los menos distorsivos entre la batería de opciones políticamente viables para la aplicación práctica (los impuestos de suma fija carecen de sentido político). La asignación de recursos en el sistema económico no se vería alterada por la distorsión del Estado, potenciando así el crecimiento económico de largo plazo y la riqueza por habitante.

La inversión, el consumo, el ahorro, y muchas otras variables agregadas, fluctuarían en sus valores naturales dadas las necesidades de la economía y los incentivos de los agentes, y su trayectoria no se vería alterada por distorsiones gubernamentales arbitrarias

Una vez asignados eficientemente los recursos en la economía de mercado, sólo entonces el Gobierno emprendería una acción redistributiva a través de los reembolsos fiscales, pero de manera que no se alteran los incentivos sobre el flujo eficiente de recursos y la generación de la riqueza inicial sobre la cual operaría la posterior redistribución.

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