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Antártida 2048: el futuro de la soberanía argentina entre la geopolítica, poder militar y sostén logístico

Antártida 2048: el futuro de la soberanía argentina entre la geopolítica, poder militar y sostén logístico
Imagen de Nicolás Promanzio
porNicolás Promanzio
Opinión

Una reflexión sobre el futuro de la Antártida y el escenario geopolítico que se asoma para 2048. Si Argentina quiere estar a la altura de las circunstancias, debemos empezar hoy un largo camino de construcción de capacidades y poder.

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Para el año 2048, se volverá a negociar la explotación comercial de los recursos de la Antártida. El Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, conocido como Protocolo de Madrid y en vigor desde 1998, prohíbe en su artículo 7 de manera explícita todas las actividades relacionadas con la explotación de recursos minerales en la Antártida, salvo las que tengan fines científicos. Según se establece allí, a partir de 2048 cualquier Parte Consultiva del Tratado Antártico podrá convocar una conferencia de revisión del funcionamiento del Protocolo.

Repito: Cualquier Parte Consultiva podrá convocar a la revisión del Protocolo. Según establece la propia Secretaría del Tratado Antártico, estos son los Estados que podrían convocar a la decisión de revisar el Protocolo.

¿Podemos depender de la buena voluntad de todos ellos para que NO PASE NADA en la Antártida? Lista: Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Bulgaria, República Checa, Chile, China, Corea del Sur, Ecuador, España, Estados Unidos, Rusia, Finlandia, Francia, India, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Perú, Polonia, Reino Unido, Sudáfrica, Suecia, Ucrania y Uruguay.

Antártida 2048: los recursos que estarán en juego son enormes

La principal hipótesis de conflicto es una disputa por los recursos antárticos. Citando a Ignacio Rovira, desde el punto de vista geológico la Península Antártica es el parte del mismo sistema que dio origen a la Cordillera de los Andes. Esto implica que, solo allí, se podrían encontrar reservas de cobre, níquel, cromo, manganeso y grafito comparables a las del continente americano.

Además, en el Mar de Weddel una estatal rusa encontró posibles yacimientos de petróleo y gas debajo de la superficie submarina. En el Mar de Scotia se identificaron costras ferromanganesianas compuestas por manganeso, hierro, cobalto, níquel y tierras raras. Todos estos recursos son clave en las cadenas de suministros globales en el siglo XXI.


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La reapertura del debate sobre la explotación de recursos traerá inevitablemente consigo la reactivación de los reclamos de soberanía que el Tratado Antártico de 1959 dejó en suspenso, pero nunca resolvió. Argentina, Chile y el Reino Unido tienen sectores superpuestos en la Península Antártica; Estados Unidos y Rusia, por su parte, se reservan expresamente el derecho a realizar reclamaciones si otros países hacen valer las suyas.

Este escenario de intereses contrapuestos entre potencias con capacidades militares disímiles no puede analizarse solo en clave diplomática. La historia demuestra que el instrumento militar es una de las formas reales de resolución de estas controversias. La pregunta que debemos hacernos hoy no es si habrá conflicto, sino si estaremos preparados cuando el equilibrio del Tratado comience a erosionarse.

El valor de la soberanía antártica no se defiende únicamente con documentos jurídicos o declaraciones diplomáticas; se sostiene con presencia efectiva, y la presencia efectiva depende de la logística. Argentina mantiene desde 1904 la presencia ininterrumpida en la Antártida más antigua del mundo, actualmente con siete bases permanentes y 6 transitorias, pero esa capacidad de proyección descansa sobre una cadena logística que muestra sus limitaciones cada vez que se somete a estrés operacional.

Actualmente, el grueso de los suministros, el combustible, los materiales de construcción y el relevo de personal se canalizan a través del rompehielos ARA "Almirante Irízar", operando en campañas estacionales. Un sistema así, centralizado en un único buque insignia, con bases antárticas que no cuentan con infraestructura de muelles que permitan dar escala real, es frágil ante cualquier hipótesis de mayor exigencia operativa.

Prepararse para una hipótesis de conflicto antártico, o incluso para sostener una presencia disuasoria creíble, implica construir redundancia, escala y capacidad de respuesta en tiempos comprimidos. Eso requiere infraestructura portuaria capaz de recibir buques de gran porte simultáneamente, instalaciones de almacenaje, reparación y combustible, conectividad aérea integrada con la capacidad naval, y nodos logísticos avanzados dentro del propio continente que permitan redistribuir recursos sin depender exclusivamente del puente desde el continente sudamericano.

La lógica es la misma que rige cualquier doctrina de proyección de fuerza: sin logística, no hay política; sin infraestructura, no hay logística. Hoy, Argentina opera el rompehielos desde Buenos Aires, un despropósito logístico y económico total, en una lógica que no está planificada para un escenario de competencia de alta intensidad.

Antártida 2048: el puente aeronaval Ushuaia - Isla Dundee, el primer paso firme

Los dos proyectos en curso de infraestructura de mayor relevancia estratégica para la proyección antártica son la Base Naval Integrada (BNI) en Ushuaia y la Base Antártica Conjunta (BAC) Petrel en la Isla Dundee. En la BAC Petrel el proyecto es construir un muelle que permita recibir buques logísticos y, además, un aeródromo habilitado para constituir una plataforma de despliegue aéreo.


Implantación/ componentes del proyecto de readecuación de la Base Antártica Petrel.
Implantación/ componentes del proyecto de readecuación de la Base Antártica Petrel.



Así será la estratégica Base Naval Integrada en Ushuaia: el futuro Polo  Logístico Antártico - Radar Austral
Así será la estratégica Base Naval Integrada en Ushuaia: el futuro Polo Logístico Antártico - Radar Austral


La Base Naval Integrada en Ushuaia: el nodo que Argentina necesita. Emplazada en la Península de Ushuaia y en las inmediaciones del aeropuerto, el diseño de la BNI contempla una integración de capacidades aeronavales: un muelle con un calado que permita operar buques rompehielos, galpones industriales para almacenaje y reparación, laboratorios científicos, planta de combustible y, entre otras cosas, un hangar sobre el aeropuerto con capacidad para aeronaves estratégicas de transporte de carga.

Los beneficios logísticos y diplomáticos de la Base Naval Integrada. En primer lugar, permitirá que Argentina deje de operar desde Buenos Aires y desde el pequeño muelle comercial de Ushuaia, una limitación que compromete tanto la eficiencia como la confidencialidad operativa, y disponga de infraestructura naval exclusiva con capacidad para recibir simultáneamente varios buques de gran porte.

La BNI contará con talleres propios de reparación de buques, capacidad de aprovisionamiento de combustibles, laboratorios científicos nacionales (COCOANTAR, DNA, IAA, otros), y viviendas para el incremento de personal militar que la actividad del polo demandará.

Esta integración de funciones convierte a la BNI en un verdadero polo logístico antártico internacional, capaz de prestar servicios de apoyo no solo a las operaciones propias sino también a otros países aliados que operen en la región, posicionando a la Argentina como la puerta de entrada a la Antártida. Actualmente, la mayoría de las misiones científicas salen desde Punta Arenas en Chile, ya que tienen desarrollada la infraestructura para sostener la logística que Argentina no puede proveer.

La posición de Ushuaia desde una simple perspectiva geopolítica

El dato geográfico que define la ventaja competitiva de la BNI es uno que pocas veces se menciona con la contundencia que merece: Ushuaia se encuentra aproximadamente 400 kilómetros más cerca de la Península Antártica que Punta Arenas y que Puerto Argentino (Islas Malvinas).

Ushuaia está a solo 1.000 kilómetros de la Península Antártica, con 150 kilómetros hasta el Cabo de Hornos y luego 480 millas náuticas del Pasaje de Drake. Punta Arenas, que hoy actúa como base logística de múltiples expediciones científicas y turísticas, pero queda a unos 400 kilómetros al noroeste de Ushuaia. Esa diferencia de distancia se traduce directamente en reducción de 2 días (de ida) en tiempo de navegación, menor consumo de combustible, menor desgaste de los buques y mayor capacidad de respuesta operativa.

En escenarios de urgencia, rescate, reabastecimiento de emergencia o despliegue de fuerza, esos kilómetros son la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde. Otro detalle es que Ushuaia es una ciudad más bonita que Punta Arenas y Puerto Argentino para visitar, dato no menor que inclina la balanza en favor de Argentina de cara al turismo antártico.

Así será la estratégica Base Naval Integrada en Ushuaia: el futuro Polo  Logístico Antártico - Radar Austral
Así será la estratégica Base Naval Integrada en Ushuaia: el futuro Polo Logístico Antártico - Radar Austral


El Turismo Antártico es una realidad que ya no se puede ignorar. El turismo antártico dejó de ser una actividad marginal hace tiempo: en la temporada 2023-2024, 122.072 visitantes viajaron a la Antártida según datos de la IAATO. En perspectiva histórica, el salto es vertiginoso: a principios de la década de 1990, menos de 8.000 personas al año visitaban el continente blanco; hoy esa cifra se multiplicó más de quince veces. Para 2034, las proyecciones más conservadoras estiman que podrían llegar a 450.000 visitantes anuales.

Esta realidad genera una doble dimensión estratégica que Argentina no puede desatender. Por un lado, el turismo antártico es un vector económico de primera magnitud para Tierra del Fuego y para la soberanía blanda del país: cada crucero que zarpa de Ushuaia refuerza la narrativa de Argentina como la "puerta de entrada a la Antártida". Por otro, el crecimiento sostenido del tráfico marítimo en la región impone demandas crecientes de infraestructura portuaria, servicios de seguridad náutica, rescate marítimo y gestión ambiental que el Estado argentino debe estar en condiciones de satisfacer con solvencia. No adaptarse a esta dinámica es literalmente ceder terreno a quienes sí se adaptan.

El poder militar argentino como otra gran deuda pendiente

Si la logística es el sostén de la presencia antártica, el poder militar es su garantía última. Argentina opera hoy con un único rompehielos de uso intensivo y, a pesar de ser un buque con capacidades importantes para operar en la Antártida, depender de un solo rompehielos es una vulnerabilidad estructural inaceptable para un país con la vocación y proyección que Argentina debe tener en ese continente. Un incidente mecánico, una emergencia simultánea en múltiples bases, un incendio como el que ya ocurrió o el escalamiento de la tensión geopolítica podría colapsar toda la cadena de apoyo en el peor momento posible.

La Argentina necesita desarrollar con urgencia una estrategia de diversificación de su flota polar. Esto implica explorar, de mínima, la adquisición o construcción de al menos un segundo buque rompehielos que permita mantener presencia simultánea en distintos puntos del sector antártico argentino y sostener operaciones durante todo el período estival sin sobrecargar el Irízar.

Paralelamente, el desarrollo de capacidades aeronavales propias es indispensable: aviones de patrulla marítima con capacidad de operar desde Ushuaia, Petrel y Marambio, mayor disponibilidad de helicópteros navales con capacidad en frío extremo, y el desarrollo sostenido de la aviación militar. El poder aeronaval es el multiplicador de fuerza que convierte infraestructura en soberanía efectiva; sin él, la BNI y Petrel son instalaciones valiosas, pero militarmente huecas frente a actores con mayor proyección. La construcción de estas capacidades es dual, con una implementación en tiempos de paz, pero con la posibilidad de también hacerse valer en tiempos de conflicto.

Desarrollo de Tácticas, Técnicas y Procedimientos (TTPs) específicas para operar en ambientes de frío extremo y hielo.

Argentina tiene que plantearse con cierta urgencia empezar crear pequeñas unidades que formalicen doctrina y conocimientos en TTPs para ambientes de hielo y frío extremo. Este es un campo en el que las Fuerzas Armadas argentinas tienen experiencia acumulada pero no sistematizada. La creación de unidades de combate e ingeniería preparadas para operar en condiciones antárticas, siguiendo modelos como el noruego, el chileno, el canadiense o el estadounidense, debe ser mandatorio. En primer lugar, esto lo escribo porque en tiempos de paz necesitas de tener gente formada para operar en la Antártida en tareas logísticas, de SAR, de supervivencia y de apoyo a la ciencia. Esta es una inversión de largo plazo que debe comenzar hoy, porque adiestrarse para el frío requiere años de exposición, cultura institucional y equipamiento especializado acumulado. En segundo lugar, la Antártida no es solo un escenario de soberanía diplomática, sino que también es un teatro de operaciones potencial que quizá nuestra historia requerirá.

Todas las cuestiones militares planteadas en el artículo no responden a la intención de utilizar el instrumento militar para imponer los intereses argentinos, si no que responden a la necesidad de contar con un instrumento militar fuerte para que los otros Estados no quieren imponer sus intereses por la fuerza sobre una Argentina incapaz de defenderse. De eso se trata la disuasión.

Última idea. Muchas son las aristas desde las que se puede desarrollar la cuestión antártica y que no fueron contempladas en este artículo, como por ejemplo las alianzas internacionales, telecomunicaciones y conectividad, o la ciencia como instrumento diplomático. La idea es poder reflexionar y madurar, al menos un poco, el debate que probablemente en algunas décadas esté en boca de todos. Argentina tiene que estar preparada para cumplir un rol protagónico cuando la historia lo demande. Que Argentina sea grande de nuevo dependerá en buena parte de nuestra política antártica.


Temas:

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