En agosto de 1936, en el primer proceso de Moscú, Grigori Zinóviev y Lev Kámenev (bolcheviques de la primera hora, compañeros de Lenin) fueron declarados culpables de pertenecer a un bloque trotsko-fascista. La acusación no se apoyaba en ninguna prueba de connivencia con el fascismo real, encarnado entonces por Mussolini y Hitler ; servía para fundir en una sola palabra a todos los opositores posibles, situándolos, según la fórmula del fiscal Vishinski, entre los enemigos del pueblo a quienes ya no valía la pena contradecir, pues se encontraban fuera de la humanidad política legítima.
Casi noventa años después, el procedimiento no ha desaparecido; solo ha cambiado de vocabulario.









