Lo que está ocurriendo en la Argentina es un experimento económico extraordinario. El mundo descubrirá si una nación que alguna vez fue rica puede volver a serlo mediante las reformas adecuadas.
Pero la Argentina también es un experimento político. Javier Milei está poniendo a prueba si un líder puede rechazar el populismo y alcanzar el éxito electoral. En particular, está rechazando las típicas maniobras electoralistas que, lamentablemente, son muy comunes en la mayoría de los países.
No está intentando comprar votos mediante un mayor gasto público.
No está presionando al Banco Central para darle a la economía un estímulo artificial y transitorio mediante una política monetaria expansiva.
No está utilizando el proteccionismo ni los subsidios para conseguir el apoyo de distintos grupos de interés.
No está mintiéndoles a los votantes al decirles que pueden ganar más sin producir más (como el plan contrario a la creación de empleo del presidente Lula en Brasil, que busca imponer una jornada laboral más corta).
Por qué Milei está aplicando ortodoxia económica
En cambio, Milei está siguiendo una agenda ortodoxa de liberalización económica. Durante su campaña presidencial de 2023 prometió reducir el peso del Estado y ha impulsado esa agenda durante los últimos tres años. Y mantiene ese rumbo a medida que se acercan las elecciones de 2027.
Incluso quienes desean un Estado más grande deberían admirar su coherencia y su integridad filosófica. No es un político convencional.









