La reforma de la Ley Orgánica del Banco Central es algo que nos debemos como sociedad. El haber cambiado su misión original fue lo que nos condujo a décadas de inflación, un problema que lamentablemente caracterizó a la Argentina durante no menos de los últimos 60 o 70 años.
La misión original del Banco Central era ser guardián del valor de la moneda nacional, preservar su valor. Sin embargo, en la última modificación llegaron a darle cinco objetivos diferentes, algunos incluso contradictorios entre sí y para los cuales el Banco Central no tiene las herramientas ni debería tener la responsabilidad.
La misión del Banco Central es muy clara: es una cuestión estrictamente monetaria, vinculada con el manejo de la moneda nacional.
La independencia del Banco Central frente al poder político
Por eso, además de devolverle esa misión original, la reforma busca fortalecer su independencia. Para eso establece medidas destinadas a dificultar la remoción de sus autoridades y evitar que vuelva a ocurrir lo que vimos varias veces durante los últimos 30 años: que los políticos removieran a capricho a un presidente del Banco Central porque les estorbaba.
La posición del presidente del Banco Central es técnica y necesita continuidad en el tiempo. Por eso se busca que su remoción sea más complicada. Concretamente, se incorpora a la Cámara de Diputados y se requiere el voto de ambas cámaras.
El fin del financiamiento monetario al Tesoro
Otro punto fundamental es que la reforma impide taxativamente la asistencia monetaria al Tesoro. Esa asistencia fue precisamente la razón de la emisión monetaria espuria, sin respaldo, que caracterizó durante tanto tiempo al Banco Central y que llevó a la Argentina, en distintas oportunidades, a episodios mega o hiperinflacionarios.
La inflación es consecuencia del desequilibrio entre la oferta y la demanda de dinero: una oferta de pesos que no encuentra una demanda equivalente. Y funciona como un impuesto que no se vota en el Congreso.
Es un impuesto escondido y tramposo. La gente solamente se entera cuando descubre que el dinero que tiene en el bolsillo vale menos de lo que creía.
Además, el impuesto inflacionario afecta principalmente a los más pobres, porque son quienes tienen una mayor proporción de su capital en el bolsillo. Al no contar con activos que puedan protegerlos de la inflación, como puede ocurrir con un inmueble, ese impuesto afecta una parte mucho más importante de su patrimonio.
Para evitar la emisión destinada a sostener al Tesoro, la reforma prohíbe expresamente los adelantos al Tesoro y también la compra de bonos soberanos en el mercado primario, es decir, en el momento de su emisión.
El Banco Central sí puede comprar bonos soberanos, pero en el mercado secundario. La diferencia es importante: cuando compra en el mercado secundario le paga a un privado que tiene ese bono, no al Estado.
Los mecanismos que permitieron vaciar y deteriorar el Banco Central
La reforma también elimina otros dispositivos tramposos de emisión y de vaciamiento del Banco Central.
Uno de ellos fueron las letras intransferibles. Durante el kirchnerismo, el Tesoro retiraba reservas del Banco Central para utilizarlas, por ejemplo, para pagar deuda, y entregaba a cambio esos papeles.













