La Derecha Diario hizo una entrevista a su columnista el senador Agustín Monteverde a causa de las múltiples noticias positivas ocurridas esta semana de octubre.
¿Qué balance hacés de la Argentina Week en Francia y de los anuncios de inversiones?
Fue un éxito rotundo. Se anunciaron inversiones por más de 27.000 millones de dólares, una cifra realmente importante. A eso hay que añadirle el comunicado de Estados Unidos sobre la construcción del corredor Andes-Atlántico. Realmente fue una semana exitosa en materia de inversiones.
No solamente eso, sino que también se aprobó el proyecto de inversión de Toyota, que es el primero del sector automotriz en ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Son novedades muy importantes que muestran la magnitud de lo que está sucediendo en la Argentina.
Hay que tener en cuenta que el RIGI ya tiene 50.000 millones de dólares en proyectos aprobados, sin computar lo de Toyota, y alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos presentados, sin incluir tampoco los anuncios realizados en Francia.
El régimen adquiere cada vez una dimensión mayor. Realmente, el mundo habla de lo que ha conseguido la Argentina en materia de inversiones.
¿Por qué es tan importante el papel de las inversiones?
Porque la Argentina viene de muchísimos años en los que prácticamente no hubo crecimiento. Y, básicamente, no hubo crecimiento porque no hubo inversión en la Argentina.
Nadie invierte en un país del cual después no puede salir. Durante muchos años las compañías tuvieron restricciones para girar sus utilidades al exterior. ¿Quién va a invertir en un país donde no puede disponer libremente de su dinero?
Además, las reglas de juego se cambiaban a capricho y se imponían impuestos de un día para otro. Era imposible generar condiciones de previsibilidad para quienes querían desarrollar proyectos de largo plazo.
Sin inversiones no hay desarrollo económico, no hay crecimiento de ningún tipo. Y cuando una economía permanece estancada durante tanto tiempo, mientras la población sigue creciendo, inevitablemente termina deteriorándose el nivel de vida de sus habitantes.
Por eso es tan importante lo que estamos viendo ahora. La Argentina está recuperando la capacidad de atraer capitales y generar proyectos productivos.
¿Cómo jugó el levantamiento del cepo cambiario?
El cepo cambiario tuvo dos componentes. Por un lado, las limitaciones a los flujos de capitales, a las compras de dólares y a las transferencias de divisas. Pero también existió un manejo discrecional del tipo de cambio, que se mantuvo artificialmente deprimido.
Cuando estaba terminando el gobierno de Alberto Fernández, el tipo de cambio oficial equivalía aproximadamente a un tercio del valor al que se conseguía un dólar en la calle.
Supuestamente, con un tipo de cambio administrado de esa manera, la economía tenía que estar estabilizada, al menos de acuerdo con las pretensiones de quienes alentaban esas políticas.
Pero sucedió exactamente lo contrario. La Argentina, lejos de estar estabilizada, vivía una inflación creciente.
Al mismo tiempo, se hablaba permanentemente de la importancia de las exportaciones, pero la realidad era que no existía el flujo exportador que estamos viendo actualmente.
Muchos críticos señalan un creciente atraso cambiario
Las exportaciones vienen creciendo con una fuerza inusitada. Están alcanzando récords todos los meses, incluidos los productos netamente industriales.
Y esto es muy importante porque, según quienes insisten con el discurso del supuesto atraso cambiario, justamente las exportaciones industriales deberían ser las más perjudicadas.
¿Cuántas veces escuchamos hablar del atraso cambiario? Permanentemente. Sin embargo, cuando uno observa los resultados, encuentra una realidad completamente distinta.
¿De qué atraso cambiario me hablan si estamos exportando mucho más que antes? ¿De qué atraso cambiario me hablan si tenemos un superávit comercial enorme?
Y hay otro elemento fundamental: el resultado de la cuenta corriente. Cuando uno considera el conjunto de las entradas y salidas de divisas, también observa un superávit.












