Durante siglos, los mercados navideños han sido mucho más que simples ferias. Forman parte del alma europea: espacios de encuentro familiar, tradición cristiana, comunidad e identidad. Hoy, sin embargo, se han convertido en símbolos de algo mucho más inquietante: la incapacidad (o falta de voluntad) de las élites europeas para proteger su propia cultura cristiana.
En Alemania y en toda Europa, ya no es posible disfrutar pacíficamente de un mercado de Navidad con la familia. Donde antes había luces, villancicos y vino caliente, hoy hay bloques de hormigón y miedo. Miedo a atentados terroristas, miedo a ataques con cuchillo, miedo a amenazas constantes que todos conocen, pero que muchos prefieren no nombrar. Esto no es normal. Y no debe aceptarse como la “nueva normalidad”.
Europa ya ha pagado un precio muy alto. En diciembre de 2016, un terrorista yihadista arremetió con un camión contra el mercado navideño de Breitscheidplatz, en Berlín, asesinando a 13 personas que simplemente habían salido a celebrar el tiempo de Adviento. Aquel ataque no fue un hecho aislado: fue una advertencia que en gran medida quedó sin respuesta.

El patrón es inconfundible. En Berlín en 2016, civiles inocentes fueron asesinados en un mercado navideño. En Ludwigshafen, ese mismo año, las autoridades frustraron un atentado con bomba planeado contra un mercado de Navidad antes de que pudiera ejecutarse. En Estrasburgo, en 2018, un atacante islamista abrió fuego cerca del mercado navideño de la ciudad, matando a cinco personas e hiriendo a muchas más. En los años posteriores, la policía alemana ha descubierto repetidamente planes concretos contra mercados navideños, incluidos intentos de ataques con vehículos en Baviera, que obligaron a evacuaciones y a la instalación de enormes barreras de seguridad. No se trata de incidentes aislados. Forman un patrón claro y trágico.
Ya en esta temporada, las autoridades han desarticulado un grave plan para embestir con un vehículo un mercado navideño concurrido en Baviera, arrestando a varios sospechosos y evitando lo que podría haber sido otra masacre de familias inocentes. En París, las autoridades han elevado las alertas terroristas al nivel máximo y cancelado grandes eventos públicos por razones de seguridad, mientras los mercados navideños funcionan bajo una vigilancia sin precedentes, con restricciones y una fuerte presencia policial.









