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El liberalismo se planta contra el discurso fascista de la carta K: “Comuna Argentina”

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La diputada de la Ciudad de Buenos Aires por La Libertad Avanza, Rebeca Fleitas, decide responder la carta abierta de los intelectuales K de “Comuna Argentina”.

Hace unos días el grupo de intelectuales denominado Comuna Argentina integrado por kirchneristas y otros socialistas, publicó un artículo en Tiempo Argentino, en el que caracterizan al liberalismo representado por Javier Milei y La Libertad Avanza como un “nuevo fascismo“.

Como primera diputada libertaria y representante de mi espacio, no puedo dejar pasar este tipo de descalificaciones erróneas y malintencionadas, provenientes de un sector político que persiste en sus ataques contra los opositores, busca profundizar la grieta postulando un “nuevo orden social alternativo” y convoca a la sociedad a difundir su absurdo manifiesto antifascista que tiene como finalidad estigmatizar al liberalismo e impugnar la libre representación democrática.

La carta afirma con argumentos rebuscados que el fascismo invoca la libertad y promueve su avance en lugar de una “emancipación cabal”. Pero, ¿a qué se refiere Comuna Argentina cuando habla de emancipación? ¿Acaso se refiere a la emancipación imaginaria esgrimida por Marx y los marxistas, mientras instigaban una revolución comunista sangrienta?

Estos llamados ‘intelectuales’ parecen querer disimular mediante artilugios retóricos lo que realmente representó el movimiento fascista encabezado por Benito Mussolini en Italia durante el siglo XX. Es preciso recordarles que se trató de un tipo de socialismo nacionalista y totalitario, y por lo tanto intervencionista y antiliberal, que en lugar de defender la libertad individual se propuso restablecer la supuesta esencia de la comunidad, en otras palabras lo “nacional y popular”, expresión que en nuestro país aún es reivindicada por el peronismo y parte de la extrema izquierda.

Es curioso que intenten asimilar el liberalismo al fascismo cuando ellos mismos en su manifiesto liminar hacen alusiones dudosas a un “proyecto latinoamericanista” en el que abogan por una radicalización de la democracia y una reconstrucción del Estado–Nación, en sus propios términos. Pero precisamente según el fascismo, el Estado es el único garante del bienestar social dotado de autoridad legítima para regular la vida de los ciudadanos: “todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, afirmaba Mussolini.  

Por lo tanto, al consistir en una ideología autoritaria, resulta imposible que el fascismo pueda siquiera congeniar con el liberalismo, pues no hay nada más opuesto al autoritarismo que defender al individuo y reconocerle sus derechos contra toda agresión de los demás y del Estado. Lo cierto es que el autoritarismo en general, y el fascismo en particular, son formas del crimen que cualquier liberal repudia. Asimismo, el fascismo rechaza toda competencia entre partidos políticos dado que se alza como un movimiento que pretende expresar a la totalidad del “pueblo”; esto exige silenciar a aquellos que piensan diferente, lo que a su vez conduce a domesticar a los medios de comunicación para manipular a la sociedad e intervenir en el sistema educativo a fin de reducirlo a medio de adoctrinamiento, todo lo que los liberales y libertarios repudiamos.

Comuna Argentina ataca a La Libertad Avanza, Avanza Libertad y a Javier Milei, porque apelamos a la racionalidad y al sentido común de los ciudadanos, y los interpelamos a fin de que cuestionen el accionar de la casta política y defiendan su derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada, que resulta un instrumento indispensable para alcanzar la prosperidad.

Claramente nos encontramos frente a una batalla moral y cultural donde del otro lado están quienes demonizan el progreso y el capitalismo, al que acusan de ser el culpable de la explotación, el hambre, la desigualdad y la muerte, mientras disfrutan de los beneficios de la tecnología producida por el mercado capitalista del que participan, y que al igual que la libertad les permite propagar sus ideas como no podrían hacerlo en los países que responden al modelo que tanto defienden.

Los pseudointelectuales de Comuna Argentina —es más apropiado llamarlos así— sostienen que “afirmar la libertad implica retracción”; pero intentar engañar a la gente para que crea que hablar de libertad atrasa, implica quitarles a los individuos su derecho a defenderla.

Los firmantes de Comuna Argentina se identifican en gran parte con el actual gobierno kirchnerista, que ostenta un largo historial de violaciones contra las libertades individuales de los argentinos —y más aún durante la cuarentena—, como la libertad de transitar, reunirse y trabajar, acallando voces disidentes y persiguiendo a quienes pretenden ejercer libremente sus elecciones vitales, como la de vacunarse o no, entre otras. Se erigen, por lo tanto, en defensores de un modelo en el que el Estado es el único capaz de solucionar la suma de los problemas económicos y sociales, cuando la evidencia demuestra que tanto su gobierno como el Estado mismo no han hecho más que profundizarlos.

Dicen representar en su espacio a las minorías, pero detestan a la “minoría conspicua que sufragó por La Libertad Avanza o Avanza Libertad”, y el hecho de que liberales, libertarios y simples ciudadanos hartos de la política tradicional obtengan representación parlamentaria. Por ello, buscan ponernos un freno político, cultural y jurídico, como admiten en su proclama. Deberían saber que los liberales y libertarios respetamos la libertad de expresión mientras agrupaciones como la suya estigmatizan a quienes se pronuncian en favor de las ideas de la libertad.

Por otra parte, quienes manifiestan una “superioridad esencial” y llaman a la erradicación de opositores no somos los liberales y libertarios, puesto que creemos que todos los individuos tenemos los mismos derechos y somos iguales ante la ley.

Discursos como el de Comuna Argentina son los que sacralizan de forma demagógica al “pueblo” e intentan someter a la población a un sistema vertical autoritario dominado por el líder carismático de turno y una casta política permanente; y a su vez propagan la ideología del pobrismo, la envidia y el resentimiento que implica la noción expropiatoria de justicia social, menoscabando al individuo y sus potencialidades, mientras persiguen a opositores, periodistas y ciudadanos en general calificándolos de “enemigos del pueblo”, “vendepatrias” o “cipayos”. Estos son los verdaderos fascistas que promueven discursos de odio.

Tampoco somos los liberales quienes buscamos suprimir “toda forma de organización autónoma del campo popular”, sino los socialistas quienes niegan el orden espontáneo y buscan limitar o suprimir la autonomía individual para, finalmente, hacerlo con los individuos como tales, bajo concepciones y políticas colectivistas.

No es de extrañar que al referirse al fascismo sea ése el sector que comete tamaños errores de juicio de interpretación política e histórica, puesto que antes que suponer que este grupo desconoce el verdadero significado del fascismo, es más probable conjeturar que están utilizando la estrategia de su referente y teórico del populismo Ernesto Laclau, quien siguiendo a Lacan y Gramsci proponía alterar o invertir de forma intencionada el significado corriente de ciertos términos a fin de construir poder político.


Por Rebeca Fleitas, Diputada de la Ciudad de Buenos Aires (2021-2025).

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Qué se puede aprender de las tomas de los Capitolios: ¿Esta Democracia no sirve?

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Los acontecimientos en Brasil durante los últimos meses pusieron al descubierto fisuras dentro del sistema de gobierno que rige en nuestro país y el resto de la región. Esta crisis interpone nuevos desafíos para una derecha que aún tiene dificultades para desarrollarse.

En la campaña de las PASO 2011, el por aquel entonces precandidato a presidente José Alejandro Bonacci, un fascista confeso también conocido como “El Señor de los Sellos” por su amplia cartera de sellos partidarios en alquiler, había lanzado un spot propagandístico donde se pronunciaba de una manera bastante controversial sobre el sistema democratico

“Esta democracia no sirve, es necesario un nuevo acuerdo”, declaraba Bonacci con descaro. En ese momento, el anuncio prácticamente no tuvo alcance, pero en Taringa y Twitter con el correr del tiempo se terminaría consolidando como un clásico meme político.

El Spot de Bonacci

Mirando críticamente los sucesos del fin de semana en Brasil al tiempo que contemplamos nuestras propias miserias, quizás podamos concluir que en el fondo la premisa de Bonacci no estaba del todo equivocada.

Según establece la Constitución (con mayúscula adrede), somos una República soberana que adopta una forma de gobierno republicana, democrática, representativa y federal. Otros países, como Reino Unido, carecen de dichos papeles y su forma de gobierno no se encuentra codificada a través de documentos específicos. No obstante, todos los actores políticos entienden a grandes rasgos cómo funcionan las cosas, los balances de poderes, y demás pormenores. Esa sería su constitución (con minúscula)

En Argentina se nos enseña desde muy chicos la Constitución, aprendemos a recitar su preámbulo, nos preguntan en exámenes los artículos añadidos en 1994, etc. Sin embargo, muchos puntos de dicha Constitución pueden ser de aplicación laxa. Tal es el caso de los requisitos impuestos a los candidatos a legisladores, quienes deberían ser residentes de los distritos donde se presentan. Como gozan de “buenas conexiones” pueden cambiar de domicilio varias veces entre elecciones o incluso ser elegidos Legisladores por CABA con domicilio en Vicente López. Dice Curtis Yarvin: “Si la Constitución es idéntica a la constitución, es superflua. Si la Constitución no es idéntica a la constitución, es un engaño”. 

Según explicita el artículo 22 de la Constitución Nacional Argentina, “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”. En éste caso, se cumple de forma y de facto.

La política tiene una altísima barrera de entrada: para participar se necesita, al menos, mucho tiempo. Lidiar con autoridades y representantes puede ser demasiado desgastante y poco fructífero para que un ciudadano sin “buenas conexiones” pueda tener un impacto relevante en la agenda, o evacuar sus reclamos. Cultivar dichas amistades y habilidades sociales lleva todavía más tiempo.

Un grupo de ciudadanos organizados y con una agenda común deberá enfrentar auténticas corporaciones formadas dentro del sistema político, con sus respectivas cajas millonarias, “buenas conexiones”, experiencia y formas de neutralizar a sus rivales. Pensar que cualquiera es capaz de canalizar un fenómeno colectivo simplemente yendo a las urnas requiere un nivel avanzado de ingenuidad. Ésto genera una serie de problemas con la democracia representativa, y dificulta que las personas puedan involucrarse para “cambiar algo”.

Incluso si alguien se siente representado por un político, existen altísimas probabilidades de que tampoco pueda hacerle llegar sus opiniones e inquietudes o que éste defraude sistemáticamente a su votante. Brevemente, enumero otros motivos por los cuales resulta evidente lo fallido del sistema representativo:

  • A veces es difícil conocer realmente a nuestros representantes. Es un recurso bastante común utilizar a candidatos de otras jurisdicciones para que su imagen “arrastre” votos en una elección distrital. Si representan genuinamente a la población de su provincia, no hay forma real de saberlo. A ésto se le suman fenómenos como listas sábana, partidos “fantasma” que se presentan para hacer caja con el dinero que otorga la Cámara Nacional Electoral, dinero de boletas, etc
  • Los partidos cada vez tienen menos vida interna democrática, el caso más destacado es el del Partido Justicialista pero de los sectarismos no se salva ni el FIT. El intento por utilizar las PASO como mecanismo para suplir ésto no hizo más que agravar el problema y añadir una instancia más para hacer caja con sellos fantasma. Por ejemplo, Bonacci, viejo abonado al negocio, hizo escuela alquilando, vendiendo y “prestando” sellos para que los más variados políticos puedan presentarse a elecciones. Ésto habla bastante más de sus clientes que del propio Bonacci.
  • El poco control que hay sobre la dirigencia los vuelve bastante baratos y fáciles de corromper. Arribistas y valijeros sobran. Tanto al momento de conformar listas como una vez sentados en una banca o cargo público. ¿Los votantes del Fdt realmente “eligieron” al ex-CEO de Syngenta para que sea jefe de asesores presidencial? A ésto podemos sumar casos obscenos de transfuguismo y gente que se baja misteriosamente de sus candidaturas.

Acá la corto pero creo que se entiende el espíritu general, es bastante fácil darse cuenta que la Democracia no sólo está retroalimentando sus imperfecciones, sino que el modo en que ésto impacta en la vida diaria de las personas es muy simple de ver. Ésto no es una apología a plebiscitar cada decisión política alla Suiza, pero en algunas cuestiones sorprende cómo se deja de lado la voz de los interesados. El concepto de “crisis de representatividad” además de ser un latiguillo de panelistas e intelectuales, es algo bastante tangible.

Un ejemplo de ésto puede ser el asunto de las grúas y fotomultas en la Ciudad de Buenos Aires. Concesiones fraudulentas, mecanismos hechos para recaudar y molestar a la gente en lugar de solucionar problemas reales, dirigentes y periodistas que hacen oídos sordos y que validan año a año esos curros. Es indudable que esto alimenta la frustración de amplios sectores de la población con un sistema político, que, a priori cultiva expectativas difíciles de cumplir. 

Por eso resulta insólito atribuirle a una manifestación masiva contra un edificio gubernamental el carácter de “golpe de estado” cuando se parece más a un berrinche furioso e impotente contra un sistema que no puede ni siquiera tolerar a alguien quejarse por los altos impuestos.

Foto de la toma del Congreso por parte de manifestantes en contra del gobierno de Lula

Y es que no hay forma realista de que la turba que entró al congreso de Brasilia el domingo tuviera capacidad alguna de hacerse con el control del gobierno. Claramente “el poder” es mucho más que un edificio y unos asientos en un Parlamento; creer que se puede dar un golpe de estado copando un edificio es una idea arcaica, pre-moderna. También es bastante útil para la izquierda que puede, con costo cero, hacer un teatro de victimización durante meses. 

Ellos pueden quemar ciudades enteras, saquear comercios, incendiar edificios, con el fin de cambiar una Constitución o para protestar por un asesinato policial. Pero en el momento en que “la derecha” pone un pie en los lugares sagrados del “poder”, todos tenemos que preocuparnos porque la democracia está en peligro. Sin embargo, no debemos caer en la trampa de denunciar la doble moral de la izquierda y quedarnos ahí.

Las experiencias de Trump y Bolsonaro deberían enseñarnos a maniobrar con más sutileza. A entender que el caos, la envidia y el resentimiento son herramientas que la izquierda puede usar porque expresan su verdadera esencia. Nosotros no somos eso.

Debemos aspirar a ser una expresión política inteligente, que sepa canalizar las demandas insatisfechas desde lo material y desde lo espiritual, de una población que está obviamente harta de no verse representada en la dirigencia. Debemos abandonar las ingenuidades, dejar atrás el “nos cagaron de vuelta”, cortarla con ser denunciadores seriales, y aprender a operar en un juego arreglado. Podemos, por ejemplo, aprender a combatir la influencia de ONGs, organismos internacionales y corporaciones que perviertieron la democracia

El pueblo quiere explotación petrolera, minería, agricultura y carne, no miseria decrecionista. Si la izquierda defiende una democracia pervertida y viciada, demostrémosle que el pueblo no votó a Greenpeace. 

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El terrorismo legislativo feminista de la Triple E: Estalinismo, Estupidez, Elitismo

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La ola de propuestas de legislación en favor de promover la agenda feminista en la sociedad tiene una explicación en los tres pilares que sostienen la organización estatal y paraestatal de género.

En el plazo de 48 horas, por el Congreso han entrado dos nuevos proyectos de ampliación de la Ley Micaela, uno para decretar la obligatoriedad de la capacitación de género para estudiar cualquier carrera universitaria o terciaria y otro para obligar a todos los directivos y dirigentes de los clubes de AFA a ser adoctrinados anualmente. Asimismo, la Ministra de Género junto a la Senadora Catalfamo, realizó una jornada sobre la Ley de Gestión Menstrual con distintas activistas del colectivo feminista. Todo esto solo en cuarenta y ocho horas.

Cualquiera pensaría que en Argentina faltan problemas o sobran recursos. Lo que evidentemente abunda es un ejército de personas dedicadas a la politiquería barata. Nos sobran prebendas y nos sobra paciencia, porque vienen destruyendo todo a su paso hace años.

Ya vimos a la ministra Gomez Alcorta capacitar a los diputados denunciando cosas tales como que “hoy todavía muchísimos utilizan el concepto de ‘mi mujer’ para referirse a su compañera o a su esposa, o a su pareja” o solicitando que “esperamos que no sea más llamado Cámara de Diputados porque llevó ese nombre cuando solamente eran diputados”. La agenda de la Ministra tiene un nivel de urgencia realmente abrumador, ¿no?

Por eso se percibe en el aire que hace años estamos a merced del terrorismo psicológico, cultural y económico de una organización estatal y paraestatal de género: la Triple E. Cada sigla es programática, es un norte de acción. Porque nada se presenta o se hace sin pasar por el filtro de la “orga”.

Estalinismo

Cada proyecto necesita ser lo más ideológicamente perverso y obligatorio posible. La izquierda de antaño vendía o regalaba libros, popularizando sus ideas a través de la distribución masiva de contenido marxista. Ahora parecería que no hay tiempo para eso, nadie quiere leer. Por lo tanto, hay que utilizar con toda violencia la fuerza estatal para que las ideas entren hasta con tirabuzón en cada cabeza más o menos apta para recibirlas.

No es casual que vayan por los pocos alumnos argentinos que logran llegar a la educación superior, ya que en una batalla de ideas son los pocos que podrán (o no) sostener ideológicamente al régimen político “de la orga” de género.

Vale mencionar que el feminismo de género es descrito por Judith Butler, filósofa y principal referente en la materia, en su bestseller “El género en disputa” como una teoría política, no como una teoría sociológica o un cambio cultural por la vida y la dignidad de las mujeres o el colectivo LGBT+.

Ya no alcanza que en los distintos niveles del Estado, donde hay más de tres millones y medio de personas trabajando, sea obligatorio capacitarse en cuestiones de género en función de una ideología impuesta por un colectivo. No. Ahora van por los estudiantes que ya han sido machacados con estos contenidos durante el secundario a través de la ESI.

Aproximadamente la mitad de los alumnos que egresan anualmente del secundario se inscriben en carreras de pregrado o grado y sólo 1 de cada 4 culmina los estudios superiores. No es casual que quieran imponer la capacitación como condición de ingreso, ya que cuadruplican el alcance que tendrían si lo exigieran para recibirse. Más es más para el dogma estalinista.

Estupidez

La etimología de la palabra “estupidez” nos lleva al verbo latino stupere que quiere decir quedar paralizado o aturdido, o sea, quedar fuera de juego.

Con este tipo de iniciativas realmente podemos sentirnos condenados por la clase dirigente a quedar absolutamente inmovilizados, golpeados, aturdidos ante la realidad que pega, y pega fuerte, mientras estamos quietitos discutiendo a quiénes obligamos a ser adoctrinados aquí o allá.

El feminismo se ha transformado en el perro del Hortelano de la política, no hacen nada por los problemas concretos de nadie y tampoco dejan hacer, encadenando recursos y tiempo de debate público en planteos inconducentes. Han transformado al Congreso en un teatro de operaciones para conseguir caja y prebendas. Mucha rosca, mucho tiempo y mucha plata dedicada a fortalecer causas sobrerrepresentadas en el ámbito legislativo.

Elitismo

El bochorno se agudiza si pensamos el contexto, sólo el 14% de los jóvenes de entre 25 y 29 años ha finalizado una carrera universitaria en Argentina. Es decir, ser un joven profesional es prácticamente un privilegio. A esa minoría privilegiada intelectual y/o económicamente se le dedica gran parte del tiempo y la atención de la agenda.

Es sujeto y objeto de la imposición cultural de género, de la discusión sobre las copas menstruales y de delirios varios. Son quienes, normalmente, acceden a los puestos de dirección de los distintos sectores económicos.

Cualquiera pensaría que el fútbol implica acercarse a un sector popular pero ¿a quién le cabe dudas que es una industria millonaria? Los contenidos de la triple E son absurdos en contextos populares, no cuajan. Por eso sus cañones están apuntados a las élites tanto intelectuales como económicas.

Así vivimos en el medio de una brecha de agenda cada vez más grande, élites progresistas que vociferan que “amplían derechos” cada vez que consiguen un nuevo capricho cubierto por la prepaga mientras, hipócritamente, gastan el dinero de los pobres en hegemonizar culturalmente a la sociedad con jornadas, capacitaciones y leyes de cumplimiento obligatorio.

El ahogo social de sentirse atrapado en este laberinto se transforma en indignación y recelo. Según la encuesta publicada este año por la Universidad de San Andrés, el movimiento feminista tiene un 59% de imagen negativa, siendo un 14% mala y un 45% muy mala. Este divorcio de la clase dirigente parecería profundizar cada vez más el hartazgo social. Aunque el kiosko elitista de la Triple E pareciera no tener fin, la realidad golpea cada vez más fuerte las puertas de una dirigencia que no da señales de acusar recibo.

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Libertad es responsabilidad y prohibir la portación de armas agrava el problema de la inseguridad

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El tiroteo en Texas no debe correr el eje de la discusión: cuando un delincuente está a punto de atacarte, tener un arma puede salvarte la vida. La protección de nuestras vidas es un derecho y no debe seguir postergándose.

El debate sobre la portación de armas volvió a estar en el centro de la escena después de que un asesino perpetrara un tiroteo en una escuela en Texas, donde murieron 19 estudiantes y dos maestros. Se trata de un debate que, a esta altura, pareciera no tener asidero en la realidad argentina: continuar con la tradicional regulación prohibicionista en un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo es seguir golpeándonos la cabeza contra la pared

Como ex soldado de las Fuerzas Especiales de Israel y actual habitante de los Estados Unidos, tengo armas, las usé y volvería a hacerlo. Cuando un delincuente armado está a segundos de atacarte y la policía está a minutos de llegar, tener un arma puede salvarte la vida. La cuestión de fondo no es “armas sí – armas no”, sino cómo regular su tenencia para que sea utilizada de manera correcta para la defensa personal. Una discusión que, en un país con ciudades como Rosario, donde según el Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe se comete un crimen cada 30 horas, no puede seguir postergándose.

La protección y la defensa no solo de nuestras vidas, sino también de nuestra propiedad material, es un derecho primario. Es por este motivo que prohibir su portación va en contra de las libertades individuales: cada ciudadano debe ser capaz de poder elegir qué derechos ejerce libremente, sin ser juzgado por ello. De esta manera, se le quitaría poder relativo al Estado, que es el que tiene el monopolio de la violencia y no sabe cómo ejercerla porque, lo dicho, los índices de homicidios en la Argentina no paran de crecer.

Por supuesto, libertad es responsabilidad y la tenencia de armas se debe hacer bajo un modo reglamentado y bien administrado, ya que asesinos como el que cometió el repudiable y lamentable crimen en Texas hay en todo el mundo. Pero esto no debe correr el eje de la discusión: prohibir la portación de armas no implica que haya menos en circulación y que no se cometan los asesinatos. La prohibición no termina con el problema; por el contrario, lo agrava.

Some Texas gun groups oppose a state-funded safety campaign. Not the NRA. |  The Texas Tribune
Rifles en exhibición en McBride’s Gun Inc. en Austin, Texas.

La gran mayoría de los crímenes con armas de fuego son cometidos por armas que fueron adquiridas en el circuito ilegal. Con esto quiero decir que con leyes de control de armas o sin ellas, los criminales seguirán estando armados y seguirán cometiendo los crímenes. Solo que con la reglamentación actual los ciudadanos de bien, pacíficos y trabajadores están completamente indefensos ante los asesinos, sin posibilidad siquiera de disuadirlos.

A esto hay que sumarle dos factores extra. Por un lado, la Justicia ineficiente de la Argentina que no condena a los que tiene que condenar y deja libres a los que no hacen un uso correcto de las armas. Por el otro, las fuerzas de seguridad que, a pesar de las buenas intenciones que puedan tener, suelen llegar tarde muy tarde ante hechos de inseguridad

Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes demuestra una falta de sensatez enorme. Sin ir más lejos, tomemos el ejemplo de Uruguay con la marihuana: al analizar cuánto dinero y recursos públicos se destinaron a la penalización y represión del consumo de la droga se dieron cuenta de que lo mejor era legalizarla. Fueron pioneros en la región con el objetivo de terminar con el mercado negro y mejorar la salud de la población. La guerra contra las drogas y la represión demostró que, lejos de resolver el problema, solo generaba uno nuevo porque aumentaba la violencia y no cesaba la producción, el tráfico ni el consumo. Con las armas sucede exactamente lo mismo

En este contexto, no debemos restarle importancia a lo que ha representado la tenencia de armas para la historia democrática de los Estados Unidos. La Primera Enmienda dejó en claro la importancia de la libertad de expresión en el país, mientras que la Segunda Enmienda decretó la protección de la tenencia de armas como un derecho fundamental. Este factor brinda la posibilidad al pueblo de defenderse en caso de que un Gobierno no respete lo que dicta la Constitución.

Puede el lector, a partir de este análisis, comprender por qué los grandes regímenes totalitarios que tuvieron lugar a lo largo de la Historia (Fidel Castro, Mao Tse Tung, Adolf Hitler, Benito Mussolini) ni bien llegaron al poder se encargaron de desarmar al pueblo. Estados Unidos es la democracia más larga del mundo, nunca tuvo un golpe de Estado, porque el ejército más grande del mundo es el Gobierno de los Estados Unidos, y el segundo ejército más grande del mundo son los norteamericanos. El pueblo estadounidense tiene más armas que todos los otros ejércitos del mundo, entonces es inconquistable, y siempre será independiente.

Dicho sea de paso, cada Estado tiene su propia reglamentación y Washington D.C., el distrito con regulaciones más estrictas, es casualmente el que detenta la tasa de homicidios relacionados con armas de fuego más alta del país, según un estudio del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de 2019.

Por su parte, Israel, país donde aprendí a usar un arma de manera responsable, hace pocos años relajó sus leyes de control de armas, lo que permitió que hasta 500.000 ciudadanos posean una, con la esperanza de que una población mejor armada pudiera defenderse mejor de los ataques terroristas. El camino que debemos seguir los argentinos para defendernos de los ataques de la inseguridad.

El ciudadano de bien puede portar armas y no comete delitos, pero a un delincuente que comete crímenes mucho más graves que una tenencia ilegal de armas, como robo y asesinato, no le importa que le digan que no puede usar un arma. Va a matar igual. Por lo tanto, lo único que permite la prohibición es que el hombre que quiere usar el arma exclusivamente para defenderse no pueda tener una herramienta legítima para hacerlo.

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