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El liberalismo se planta contra el discurso fascista de la carta K: "Comuna Argentina"

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La diputada de la Ciudad de Buenos Aires por La Libertad Avanza, Rebeca Fleitas, decide responder la carta abierta de los intelectuales K de "Comuna Argentina".

Hace unos días el grupo de intelectuales denominado Comuna Argentina integrado por kirchneristas y otros socialistas, publicó un artículo en Tiempo Argentino, en el que caracterizan al liberalismo representado por Javier Milei y La Libertad Avanza como un "nuevo fascismo".

Como primera diputada libertaria y representante de mi espacio, no puedo dejar pasar este tipo de descalificaciones erróneas y malintencionadas, provenientes de un sector político que persiste en sus ataques contra los opositores, busca profundizar la grieta postulando un “nuevo orden social alternativo” y convoca a la sociedad a difundir su absurdo manifiesto antifascista que tiene como finalidad estigmatizar al liberalismo e impugnar la libre representación democrática.

La carta afirma con argumentos rebuscados que el fascismo invoca la libertad y promueve su avance en lugar de una “emancipación cabal”. Pero, ¿a qué se refiere Comuna Argentina cuando habla de emancipación? ¿Acaso se refiere a la emancipación imaginaria esgrimida por Marx y los marxistas, mientras instigaban una revolución comunista sangrienta?

Estos llamados ‘intelectuales’ parecen querer disimular mediante artilugios retóricos lo que realmente representó el movimiento fascista encabezado por Benito Mussolini en Italia durante el siglo XX. Es preciso recordarles que se trató de un tipo de socialismo nacionalista y totalitario, y por lo tanto intervencionista y antiliberal, que en lugar de defender la libertad individual se propuso restablecer la supuesta esencia de la comunidad, en otras palabras lo “nacional y popular”, expresión que en nuestro país aún es reivindicada por el peronismo y parte de la extrema izquierda.

Es curioso que intenten asimilar el liberalismo al fascismo cuando ellos mismos en su manifiesto liminar hacen alusiones dudosas a un “proyecto latinoamericanista” en el que abogan por una radicalización de la democracia y una reconstrucción del Estado–Nación, en sus propios términos. Pero precisamente según el fascismo, el Estado es el único garante del bienestar social dotado de autoridad legítima para regular la vida de los ciudadanos: “todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, afirmaba Mussolini.  

Por lo tanto, al consistir en una ideología autoritaria, resulta imposible que el fascismo pueda siquiera congeniar con el liberalismo, pues no hay nada más opuesto al autoritarismo que defender al individuo y reconocerle sus derechos contra toda agresión de los demás y del Estado. Lo cierto es que el autoritarismo en general, y el fascismo en particular, son formas del crimen que cualquier liberal repudia. Asimismo, el fascismo rechaza toda competencia entre partidos políticos dado que se alza como un movimiento que pretende expresar a la totalidad del “pueblo”; esto exige silenciar a aquellos que piensan diferente, lo que a su vez conduce a domesticar a los medios de comunicación para manipular a la sociedad e intervenir en el sistema educativo a fin de reducirlo a medio de adoctrinamiento, todo lo que los liberales y libertarios repudiamos.

Comuna Argentina ataca a La Libertad Avanza, Avanza Libertad y a Javier Milei, porque apelamos a la racionalidad y al sentido común de los ciudadanos, y los interpelamos a fin de que cuestionen el accionar de la casta política y defiendan su derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada, que resulta un instrumento indispensable para alcanzar la prosperidad.

Claramente nos encontramos frente a una batalla moral y cultural donde del otro lado están quienes demonizan el progreso y el capitalismo, al que acusan de ser el culpable de la explotación, el hambre, la desigualdad y la muerte, mientras disfrutan de los beneficios de la tecnología producida por el mercado capitalista del que participan, y que al igual que la libertad les permite propagar sus ideas como no podrían hacerlo en los países que responden al modelo que tanto defienden.

Los pseudointelectuales de Comuna Argentina —es más apropiado llamarlos así— sostienen que “afirmar la libertad implica retracción”; pero intentar engañar a la gente para que crea que hablar de libertad atrasa, implica quitarles a los individuos su derecho a defenderla.

Los firmantes de Comuna Argentina se identifican en gran parte con el actual gobierno kirchnerista, que ostenta un largo historial de violaciones contra las libertades individuales de los argentinos —y más aún durante la cuarentena—, como la libertad de transitar, reunirse y trabajar, acallando voces disidentes y persiguiendo a quienes pretenden ejercer libremente sus elecciones vitales, como la de vacunarse o no, entre otras. Se erigen, por lo tanto, en defensores de un modelo en el que el Estado es el único capaz de solucionar la suma de los problemas económicos y sociales, cuando la evidencia demuestra que tanto su gobierno como el Estado mismo no han hecho más que profundizarlos.

Dicen representar en su espacio a las minorías, pero detestan a la “minoría conspicua que sufragó por La Libertad Avanza o Avanza Libertad”, y el hecho de que liberales, libertarios y simples ciudadanos hartos de la política tradicional obtengan representación parlamentaria. Por ello, buscan ponernos un freno político, cultural y jurídico, como admiten en su proclama. Deberían saber que los liberales y libertarios respetamos la libertad de expresión mientras agrupaciones como la suya estigmatizan a quienes se pronuncian en favor de las ideas de la libertad.

Por otra parte, quienes manifiestan una “superioridad esencial” y llaman a la erradicación de opositores no somos los liberales y libertarios, puesto que creemos que todos los individuos tenemos los mismos derechos y somos iguales ante la ley.

Discursos como el de Comuna Argentina son los que sacralizan de forma demagógica al “pueblo” e intentan someter a la población a un sistema vertical autoritario dominado por el líder carismático de turno y una casta política permanente; y a su vez propagan la ideología del pobrismo, la envidia y el resentimiento que implica la noción expropiatoria de justicia social, menoscabando al individuo y sus potencialidades, mientras persiguen a opositores, periodistas y ciudadanos en general calificándolos de “enemigos del pueblo”, “vendepatrias” o “cipayos”. Estos son los verdaderos fascistas que promueven discursos de odio.

Tampoco somos los liberales quienes buscamos suprimir “toda forma de organización autónoma del campo popular”, sino los socialistas quienes niegan el orden espontáneo y buscan limitar o suprimir la autonomía individual para, finalmente, hacerlo con los individuos como tales, bajo concepciones y políticas colectivistas.

No es de extrañar que al referirse al fascismo sea ése el sector que comete tamaños errores de juicio de interpretación política e histórica, puesto que antes que suponer que este grupo desconoce el verdadero significado del fascismo, es más probable conjeturar que están utilizando la estrategia de su referente y teórico del populismo Ernesto Laclau, quien siguiendo a Lacan y Gramsci proponía alterar o invertir de forma intencionada el significado corriente de ciertos términos a fin de construir poder político.


Por Rebeca Fleitas, Diputada de la Ciudad de Buenos Aires (2021-2025).

Opinión

Los argentinos votaron para salir de la esclavitud el 19 de noviembre, pero algunos todavía tienen la esclavitud dentro suyo

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"Si bien los hebreos habían salido de Egipto, Egipto aún no había salido de ellos".

Si bien los argentinos elegimos a Javier Milei el 19 de noviembre del año pasado, para liberarnos de las garras de la esclavitud kirchnerista, vemos hoy en día muy claramente, que abandonar la esclavitud en la cual nos sumergió durante años la casta política, no es tan fácil.

Si exploramos en la historia universal, sobre el tema de la esclavitud, tenemos sobrados casos que nos sirven como ejemplo para analizar en profundidad esta cuestión. Podemos tomar el ejemplo de Moises y Egipto, como ya lo citó varias veces el propio Milei.

Encontramos en el libro de Éxodo que al principio, los hebreos no querían ni escuchar la opinión de Moises cuando les hablaba sobre la posibilidad de ser liberados. Luego de que Moises diera una gran batalla cultural y religiosa contra el faraón, logró liberar de manera milagrosa al pueblo hebreo.

De todas maneras, apenas tuvieron algunos inconvenientes en el desierto empezaron a reclamarle a Moises, su liberador, arrepentiedose de haber salido y exigiendo retornar a Egipto. Esto nos demuestra que si bien uno puede liberarse de las garras físicas de la esclavitud, no es tan fácil luego liberarse de la misma psicológicamente y culturalmente.

Si bien los hebreos habían salido de Egipto, Egipto aún no había salido de ellos. Y por más que recorrían muchos kilómetros en el desierto, no lograban alejarse de Egipto, ya que lo llevaban dentro de sí mismos. Es más si pensamos en profundidad, podemos observar que no solo que no lograron dejar atrás a Egipto, sino que lo expandían cada vez más, llevando con ellos mismos a Egipto a cada lugar que ellos viajaban.

Parece que los pueblos olvidan de manera fácil. Solamente transcurrió medio año de que salimos de nuestra propia esclavitud en Argentina. Sin embargo, muchos se comportan de manera ambigüa. Por un lado, le exigen a Javier Milei cambios inmediatos y mágicos, como si las últimas elecciones hubiesen ocurrido hace años. Pero por otro lado, son estas mismas personas que siguen con la esclavitud dentro de ellos mismos. Siguen pensando y comportándose como esclavos.

Y obviamente que un punto está ligado al otro. Como aún no logran desprenderse de su esclavitud interna, eso les produce una distorsión cognitiva y exigen soluciones mágicas y falsas, las cuales son erróneas y los hunden más en su esclavitud interna.

Retornando al pueblo hebreo es interesante recalcar el momento en el cual, se quejan con Moises por comer todos los días el maná en el desierto. El versículo dice: "recordamos los pescados que comíamos en Egipto GRATUITAMENTE, los pepinos, los melones, el puerro las cebollas y los ajos. Pero ahora nuestra alma está seca, pues no hay nada excepto el maná ante nuestros ojos" (números, cap. 11, versículos 5 y 6).

Ellos querian seguir comiendo GRATIS la comida de Egipto. No querian esforzarse en ir a recolectar el maná. El maná caía del cielo pero ellos mismos debian esforzarse en recolectarlo. Este es el punto. Tener beneficio gratuito por medio de alguna ayuda gubernamental, eso significa ser esclavo. Exigir soluciones fáciles y gratuitas a un gobierno, es un pensamiento completamente de esclavo.

Exigir que los politicos nos solucionen la vida, es de esclavos. Reclamar ayuda y exigir intervenciones estatales, es de esclavo. Y por más que los hebreos físicamente estaban libres, el versículo puntualiza: "sus almas estaban secas", sus almas aún no se habían liberado por completo.

La solución para poder liberarnos por completo de las garras de la esclavitud, no está únicamente en lo que haga Javier Milei o cualquier otro político. Si seguimos exigiendo que los políticos solucionen nuestras vidas, no entendimos en profundidad el cambio radical que vino a hacer Javier Milei.

La solución está principalmente dentro de cada uno de nosotros. Trabajando con esfuerzo, con constancia, con fe en Dios y en nosotros, actuando e interactuando con nuestros semejantes, de manera digna, respetuosa y correcta. Trabajando dentro del marco de la ley, "dentro de la ley todo, fuera de la ley nada". Repito. No hay nada GRATIS en esta vida.

Hay sobrados casos de ejemplos en el mundo, de personas que aparentemente amasaron una gran fortuna de manera rápida y fácil, y luego la pierden por completo, o terminan usando la fortuna que obtuvieron de manera dudosa, para pagar los problemas que la misma obtención de su fortuna les provoco.

El 19 de noviembre salimos de Egipto. Logramos en las urnas liberarnos de la casta política, logramos liberarnos de años y años de romanticismo de la probeza nacional y popular. No olvidemos esta gran hazaña. Fue la campaña más sucia de la historia contra Javier Milei, pero a su vez también fue la campaña más heroica, más épica, emotiva, mística y milagrosa de la historia.

Los gerentes de la pobreza y los econochantas fracasados, y los micrófonos ensobrados están desesperados, porque saben que estamos en el desierto camino hacia la tierra prometida. Saben que estas son las últimas oportunidades que tienen, porque ya estamos cada día más cerca de llegar a la libertad suprema.

Pero debemos tener presente,el camino hacia la tierra prometida duró 40 años. No es fácil ni rapido ni automático. Debemos seguir luchando día a día, debemos seguir dando la batalla cultural constantemente. Los obstáculos y dificultades van a seguir apareciendo.Pero tengamos la seguridad que estamos en el camino correcto.

Estamos cada vez más cerca de llegar a esa Argentina que tanto anhelamos. Sigamos con esfuerzo y lo vamos a conseguir. Y recordemos siempre que: "La victoria en la batalla, no depende del número de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo".


El fenómeno barrial (@mileibarrial, Twitter, X).

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Opinión

El fenómeno Milei en el mundo: Entendiendo la ideología liberal libertaria de Javier Milei que ganó las elecciones en Argentina

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Todos hablan del fenómeno que significa Javier Milei en la política del mundo, pero muy pocos entienden realmente el alcance de su ideología. Es clave entender que la libertad que propone, viene acompañada de responsabilidades ineludibles.

El presidente Javier Milei no solo ha llegado a la cima del conocimiento popular en su país, Argentina, sino que el fenómeno que él representa se ha extendido por todo el mundo. En Estados Unidos, en Europa, en los países hermanos latinoamericanos y hasta en Japón hablan del "fenómeno Milei".

Pero ni acá ni en el resto del mundo terminan de entender exactamente la ideología de Javier Milei, que es liberal en serio, doctrinaria y ligada a la praxis libertaria. Muchos creen que es una nueva versión de lo mismo, pero es algo completamente nuevo en política.

El liberalismo pone el principal énfasis en la libertad de los individuos. Esto significa que cada quien es libre en su accionar, y por ende es responsable de manera total por su accionar. Esto significa que un presidente no debe ni tampoco puede solucionar todos los problemas de los ciudadanos.

La mayoría de los argentinos elegimos un cambio verdadero. Elegimos a Milei entendiendo que cada uno de nosotros debemos hacer lo máximo que podamos para solucionar nuestros propios problemas y para sacar el país adelante. Nosotros tenemos la responsabilidad de hacer el cambio.

Repito. El presidente NO debe solucionar ni dirigir todo. Solo tiene que trabajar en pos de que el Estado no oprima a los individuos y otorgar seguridad física y jurídica para que cada ciudadano pueda actuar de la manera más libre posible y que cada quien disfrute del producto de su esfuerzo.

Si bien un presidente obviamente debe dirigir y gobernar un país, en el liberalismo gobernar implica que el mandatario quita las regulaciones del Estado y le otorga cada vez más libertad a la población; y por ende, más responsabilidad a todos los ciudadanos por igual.

El que las hace, las paga”, decía Milei en campaña sobre la inseguridad, pero aplica a todos los aspectos de la vida en sociedad. Cuando tenés libertad de elegir, también tenés la responsabilidad de responder por tus actos.

Si bien hay libertad de expresión y cada quien puede emitir su opinión, los argentinos deben dejar de quejarse, y deben hacerse cargo de aquello que votaron, en el buen sentido. Es decir, que hay que empezar a entender que ningún líder político le puede solucionar la vida a un ciudadano de manera directa.

Ya lo dijo Javier Milei en su primer acto de campaña: “yo no vine a guiar corderos, vine a despertar leones“. Si queremos ser leones, debemos dejar de quejarnos con el presidente si los mercados financieros bajan o si sube el dólar. Debemos dejar de quejarnos con el presidente si suben o los precios o si hay menos ventas. Si la economía es completamente libre, no es su responsabilidad, es la tuya.

El león es el "rey de la selva". No se queja de aquello que sucede en la selva, sino que intenta cambiar y modificar todo aquello que él cree que debe mejorar para su propio bienestar y para el bienestar de los demás. Los leones no lloran si todo no sale como ellos desean.

El león no le exige a otro león que no viaje a ningún otro sitio y que se quede en la selva para cuidarlo. El león se ve a sí mismo como un rey. Él es líder de su propia vida, es responsable de todo lo que le sucede y sabe que posee todas las herramientas para alcanzar lo que desea.

Los ciudadanos argentinos elegimos el pasado 19 de noviembre ser leones y no corderos. Por lo que llegó el momento de empezar a actuar y pensar con madurez y entender de una vez por todas que los políticos no pueden ni deben solucionar nuestras vidas.

En diciembre del año pasado, comenzó una nueva Argentina. Una Argentina en el camino correcto. Y aunque Javier Milei nos advirtió que el camino no iba a ser fácil, debemos luchar hasta el final por conseguir y materializar aquello que ya elegimos.

“La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. Viva la Libertad Carajo!"


El Fenómeno Barrial. @mileibarrial (Twitter, X)

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Argentina

Marcha universitaria: La crónica de una sociedad transigente y cómplice, que deja que la política tome sus banderas

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La manifestación del martes pasado expuso la compleja trama que permanece en la sociedad sobre la naturaleza y la necesidad de una educación superior que sea pública como herramienta de movilidad social.

El pasado martes 23 de abril se llevó a cabo en Argentina una marcha en “defensa de la educación pública”. Entre las pancartas de los manifestantes se pudo apreciar consignas tales como “Educación libre y gratuita”, “La universidad es de todos”, o “La educación es la base de la movilidad social”.

Lo más probable y siendo justo con muchos de los que marcharon, es que las mencionadas consignas hayan sido levantadas con las mejores intenciones, tal vez movilizadas por una sentido de pertenencia, agradecimiento para con la universidad pública o bien por una cuestión de pensamiento filosófico.

Sin embargo, un amplio espectro de quienes vemos este reclamo desde una óptica diferente, percibimos que hubo otra gran parte de manifestantes cuya única intención era la de defender sus intereses económicos y personales, que no necesariamente se correspondían con el funcionamiento o la existencia de la educación pública.

Ejemplo de ello lo podemos encontrar con la presencia de agrupaciones sindicales enemistadas con el Gobierno, agrupaciones políticas opositoras y hasta ex ministros de economía que ajustaron el presupuesto de las defendidas universidades en años anteriores, incluso, ajuste de mayores dimensiones que el que se reclama actualmente.

Soy graduado de una universidad pública, tuve excelentes docentes, y la volvería a elegir, pero jamás diría que mí paso por la educación pública fue "gratuita", ya que la pagué con mis impuestos, todavía la sigo pagando y y pagaré la de próximos alumnos.

Es por eso que, analizando la temática de las “consignas levantadas”, he descubierto que Argentina es un país donde la mayor parte de sus habitantes “romantiza la épica” por encima de la razón y, por sobre todo, ignora los hechos concretos que la realidad impone.

Sospecho que es por ignorancia o simplemente como menciono en el título de esta nota, por una arraigada, crónica y cómplice transigencia hacia un sistema que nos devora como seres libres y racionales.

¿Es necesario acaso analizar si la “educación pública gratuita” es un herramienta de “movilidad social ascendente” cuando estamos sumidos en la más profunda decadencia económica, moral, cultural y con niveles de pobreza como no se veían en décadas?

Con esto no quiero decir que la educación no sea importante, solo digo que existen otras herramientas para la prosperidad de una sociedad, especialmente en tiempos de crisis, donde no se piensa en la movilidad de una generación a otra, sino en salir de la pobreza ahora mismo a través del trabajo.

Vale aclarar también que la universidad no es “de todos”, ni mucho menos es “gratuita”. Para ilustrar esta situación basta con mirar cuántas personas estudian una carrera, qué porcentaje de la sociedad. Si bien todos los argentinos contribuyen al funcionamiento de las unversidades públicas, en un año aproximadamente entre 3 y 5% de la población estudia una carrera universitaria.

Habría que preguntarle al otro 95% de la población, quienes “no consumen” la universidad pública (por los motivos que fuere) si piensan que la universidad “es de ellos” y si están contentos pagando impuestos de forma directa (por ejemplo, Ganancias o Bienes Personales) o por vía indirecta (IVA, impuesto a los combustibles, o ingresos brutos), para financiarla.

Es decir, una parte de la sociedad paga la cuenta que no consume en favor de quienes sí la consumen. Además, como nota de color, la educación pública se paga de por vida ya que una vez producida la graduación y hasta tanto no se produzca la derogación de los impuestos que la financian, los egresados pagarán la cuenta hasta el fin de sus días. Esto es una gran diferencia con una universidad privada cuya financiación es limitada en el tiempo.

En libertad, sin un conjunto de burócratas estatales defendiendo la diatriba mentirosa de que la educación es “un derecho universal” con la única finalidad de aumentar el poder de dominación sobre una sociedad, las universidades privadas podrían ofrecer múltiples alternativas de financiación de contenidos educativos para aquellas personas que no puedan acceder a ella.

Brevemente, cito algunos ejemplos: becas que cubran la totalidad o parte de la carrera; convenios multi empresas que permitan a los trabajadores obtener beneficios para educar a sus hijos en diversas instituciones; convenios entre bancos y clientes para financiar las cuotas, como ocurre en Estados Unidos; o empresas que cubran la educación de “potenciales talentos” como ocurre en Europa.

Un mercado actuando en verdadera libertad, sin ningún tipo de intervención estatal, es capaz de lograr una amplia inclusión de las personas que por cuestiones económicas no pueden acceder a la educación universitaria. Y si hay intervenciones del Estado, que estén dirigidas a estos grupos, como ocurre con los vouchers que se entregan a las personas de bajos recursos, terminando con la falacia de la universalidad.

Sin lugar a dudas, la marcha del martes sirvió para ilustrar que muchos conciudadanos viven en una nebulosa levantando consignas de la década del ’40, tales como que “el hijo del obrero puede educarse”, cuando en plena era del internet, la inteligencia artificial, la globalización y la tecnificación, el acceso a la educación se hizo mucho mas accesible y diverso haciendo que una cuota universitaria obligatoria, tenga cada vez menor validez.

Tampoco pueden ver que la pobreza crónica de Argentina tiene que ver con la matriz de intervencionismo estatal salvaje a la que estuvo sometida durante décadas y que el problema es el Estado y no los “empresarios codiciosos”.

Si la mayor parte de la sociedad pudiera darse cuenta que el mensaje de fondo no es “educación gratuita para todos” sino más bien “ustedes son tan inútiles e incapaces de poder autofinanciarse la educación que por ello van a necesitar que nosotros, los políticos iluminados y seres superiores a ustedes, se lo tengamos que conceder”.

Dentro de este “paquete de mentiras” también se nos habló de educación en términos que solo ellos (los burócratas del Estado y sus cómplices morales) pueden hablar o mencionar. Cómo si esta fuera una especie de contenido indisoluble, de valor y significado único y que solo quienes la defienden tienen el “derecho moral” de dictaminar que debe ser un “contenido educativo” y que no.

La Educación no se limita en los contenidos obligatorios impuestos por un Ministerio, sino que también es provista a través de las diversas vivencias y/o contextos sociales de cada individuo. Un viaje, una película, una función de cine o teatro, un deporte, la cultura familiar, un oficio, comercio, profesión, entre tantos otros, pueden ser grandes fuentes de educación a lo que no necesariamente toda la población puede acceder en la misma forma y cantidad.

La educación no es monopolio del Estado, sino más bien un patrimonio difuso y divisible de la subjetividad de cada individuo y su contexto. Nos han mentido, nos han empobrecido, nos han dominado y, por si fuera poco. nos dicen que sin ellos “seremos brutos”.

Mí obligación ética y moral no se debe al levantamiento hueco y pasivo de consignas transigentes que solo contribuyen a mantener viva esta dominación estatal, sino más bien a la intransigencia de la razón liderada por las ideas correctas.

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