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Hacia la construcción de la Derecha Nacional: Qué es y cómo debe conformarse el nuevo camino político

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Si la ciudadanía pretendiese efectivamente cambiar la situación y lograr la prosperidad de la República toda, no queda opción alguna más que el involucramiento en el plano de la actividad política.

En los últimos tiempos de nuestra era, hemos comenzado a experimentar en la Nación Argentina el corrimiento del eje político ciudadano hacia espectros que comprenden lo que comunmente se denomina como “derecha”. Dicho corrimiento, comenzado acaso a partir de los errores del gobierno del Presidente Macri -quien los asume y hace autocrítica de los mismos-, y profundizado por los horrores del gobierno de la Vicepresidente Cristina F. de Kirchner, tiene que ver con la identificación del sector político como un cúmulo de personas tendientes a mantener el statu quo de la cosa pública y la situación nacional, una casta, como se ha empleado recientemente. Ahora bien, si la ciudadanía pretendiese efectivamente cambiar la situación y lograr la prosperidad de la República toda, no queda opción alguna más que el involucramiento en el plano de la actividad política.

Para ello, resulta indispensable pergeñar el movimiento político que sintetice y ordene las acciones tendientes al objetivo último: ganar el poder. Ese movimiento, que debiera servir como vehículo transitador de una ajetreada hoja de ruta hasta el logro de los objetivos debe, a mi parecer, construirse partiendo de una serie de presupuestos que deberán definirse a estos efectos y que su amplitud y complejidad a la hora de la efectivización, necesariamente lo encuadrarán en un concepto superador y aunador. La Derecha Nacional. 

Partiendo de la base histórica, el término “Derecha Nacional” no es sino una profundización de lo que en nuestra Nación experimentamos bajo el mote de “Centro Nacional”, pero que de centro tenía poco, se trataba entonces de una configuración de carácter nacional, pro-mercado, respetuosa de las libertades civiles y enaltecedora de los valores patrios. Era una construcción de la derecha política. Me estoy refiriendo a la construcción política lograda a partir de 1958 por el Presidente Arturo Frondizi, que se mantuviera hasta el año 1973 con la asunción de Héctor Cámpora al Sillón de Rivadavia. Cabe destacar que el Tte. Gral. Perón, en su tercer gobierno, trató de reflotar la idea pese a que su originalidad había sido manchada por Cámpora, de quien no se debe olvidar su simpatía por Montoneros.

Se trataba pues del acuerdo de sectores nacionalistas, desarrollistas, y liberales, con el patrocinio de la totalidad de la estructura justicialista (el “peronismo sin Perón”, aunque con asentimiento del exilado líder) como vertebradora orgánica y dadora de maniobrabilidad política en el marco del vehículo electoral de entonces, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), que derivaría luego en el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).

Si bien el vehículo político variaría a lo largo del mencionado período (UCRI, UCRP, y gobiernos de facto), se constataría a esta como la época de mayor vigor económico de toda la historia argentina, superando incluso los años dorados del modelo agroexportador. Nuestra Nación llegó a ser incluso el país con mayor cantidad de holdings empresariales del mundo. También fue este el momento de mayor desarrollo de la red ferroviaria nacional, que tocó los 47.000 kms. en 1962. 

La virtuosidad de este complejo tejido de alianzas políticas, económicas, y socioculturales, culminaría de lleno -dejando de lado el interín de Cámpora- con la consumación del golpe de Estado perpetrado el 24 de marzo de 1976. 

Quien remite, se tomó la molestia de desarrollar brevemente la historicidad de modo tal de comparar la situación que se presentaba en aquellos entonces, con la de nuestros días. Bien se podría haber tomado el modelo del PAN de 1880, o la Concordancia de 1930, pero resultaría incompleto para lo que esta epístola dispone. Ello por un factor decisivo, ni en 1880, ni en 1930 se encontraba en el plano del juego político un fenómeno tal como lo es el peronismo, que sí se hace presente en la alianza de Centro Nacional que vivió nuestra Nación, y que también se presenta como actor de gran envergadura en nuestros días. 

Es dable decir que la construcción de la Derecha Nacional, partirá necesariamente de la base de ciertos esbozos ya existentes, para lo cual se deberá dejar de lado todo tipo de sectarismo o rechazo de la actividad política y/o de imperio del Estado. A esto me remito dado que un movimiento real, con capacidad de fuerza electoral y eventualmente de gobierno, nunca podrá nacer si su concepción es obstada por pequeñas células de corte anarquista o que rehúyen a la autoridad del Estado como núcleo rector de la vida institucional de la Nación.

Tampoco podrá hacerlo sin contar con la experiencia de actores con numerosas décadas en el ámbito de la actividad política, así como, tampoco, sin la presencia de nuevos actores que aporten renovación y nuevas perspectivas. Fundamental será el núcleo de apoyos extra-políticos, de notoria influencia mediática, que lleven el mensaje del movimiento a aquellos ciudadanos que carezcan de la politización suficiente como para seguir los eventos del movimiento.

Asimismo, se debiera contar con una fuerte estructura de financiamiento privado y transparente, que permita a los suscribientes ideológicos aportar la suma que deseen. Ello sin dejar de lado grupos de poderoso capital concentrado que vean oportunidades de llevar al plano de lo público, mejores prácticas para la rentabilidad de sus negocios y de los de toda la República.

Indudablemente deben verse con buenos ojos, en el sentido de todo lo expuesto precedentemente, los gestos que el Presidente Macri ha efectuado hacia el referente y candidato liberal Javier Milei, de cara a su debut electoral oficial en las elecciones legislativas 2021. En este mismo sentido se ha expresado el elogiado, no solo enalteciendo al ingeniero, sino también incluyendo a diversos actores del plano político, ellos representantes de sectores duros de Juntos por el Cambio, algunos quizás con una impronta PRO y otros con una impronta peronista federal. Los augurios de una eventual alianza, paso previo quizás a la consolidación de lo que este texto caracteriza como Derecha Nacional, se encuentran acaso en un estado embrionario dado a la coyuntura electoral y política que se vive en este 2021, pero bien puede ese embrión crecer sano y fuerte de cara a la disputa presidencial de 2023 y más adelante.

Párrafo aparte, quiero remarcar la importancia supina de uno de esos sectores duros de Juntos por el Cambio. Me refiero a la estructura federal, con cierto componente peronista pero no limitada a ese único concepto, por fuera de todo ideal kirchnerista o de izquierda, hoy creciendo dentro de la coalición opositora y referenciada en el Dr. Miguel Ángel Pichetto. Será clave, a mi parecer, su consolidación y maniobrabilidad de cara al futuro de la Argentina en el plano político tanto doméstico como externo, y a la consolidación también de un proyecto de magnitudes y características semejantes a aquel que esta epístola pretende desarrollar. Ella, en conjunción con fuerzas de similares características que hoy crecen cada cual por su cuenta, serán las encargadas de llevar a buen puerto el ideal de un proyecto federal, pro-mercado, de estrategia política nacional e internacional, para colocar a la Argentina en ese peldaño de relevancia global que su acervo histórico, territorial, cultural y su potencial material y humano le auguran, pero cuyas fuerzas no han sido liberadas aún. 

Existe una amplia gama de opciones a partir de las cuales la construcción de la Derecha Nacional -capitalismo moderno, nacional, con libertad, justicia, seguridad y defensa- puede construirse. Ningún sector debe querer ser más de lo que puede, y la eventual conducción debiera de dirimirse en grandes procesos internos, en los cuales el ganador conduce y los demás cooperan en la conducción, sin privarse de la realización de planteos y críticas en pos del logro de los objetivos. Mencionada la sentida preeminencia hacia el esquema del Dr. Pichetto y el reconocimiento de la importancia de los sectores del liberalismo puro en su esquema Milei-Espert y el conjunto de influencers que poseen, auguro que tampoco deben ser dejados de lado los sectores comandados por la Dra. Patricia Bullrich (halcones, PRO duro), o Ricardo López Murphy (Republicanos, JxC), actualmente disputando una banca en el Congreso Nacional por la Capital.

Ni siquiera olvidar actores de relevancia, pero con truncado protagonismo contemporáneo, tales como las numerosas escisiones que derivan del ex PAN siendo estas el Partido Demócrata Nacional y sus distritales, el Partido Demócrata Progresista, etc., así como las derivaciones del socialcristianismo aconfesional representadas por el Partido Demócrata Cristiano, que contó con representación en la HCDN hasta 2019. 

Fundamentalmente, creo que no sería inteligente vedar al Presidente Macri, quien reconoció todos y cada uno de sus errores, principalmente en la matriz económica y de ejercicio del poder. Asimismo, como se mencionó precedentemente, el ingeniero se encuentra en un esquema de elogio y positivo intercambio de opiniones con los candidatos liberales, así como de gran entendimiento y probada afinidad con su compañero de fórmula 2019 y uno de sus principales sostenes en el año 2020 cuando se lo intentó jubilar.

A modo de cierre, cabe destacar que la puesta de los intereses personales por detrás del supremo interés de este eventual proyecto, y que es la grandeza de la Patria, tendrá que ser la moneda corriente de toda la dirigencia que vertebre y construya desde los cimientos hasta la cúspide, el movimiento que se dé a identificar como Derecha Nacional. La totalidad de lo expuesto solo encuentra como finalidad, que de una vez y para siempre -parafraseando las estrofas originales de nuestro Himno Nacional- se levante a la faz de la Tierra, una nueva y gloriosa Nación; coronada su sien de laureles, y a sus plantas rendido un león.


Por Facundo Torres, para La Derecha Diario.

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Espionaje a familiares del ARA San Juan: El rol de la Inteligencia y el colapso total de un sistema

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#Opinión. La causa por el presunto espionaje a los familiares de las víctimas del trágico accidente revela un problema de fondo, ningún presidente hace décadas entiende cómo usar el sistema de Inteligencia.

La causa judicial por el supuesto espionaje de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) a familiares de tripulantes del siniestrado Submarino ARA San Juan, por la que el juez federal Martín Bava dictó el procesamiento del ex presidente Mauricio Macri es, para decirlo muy sencillamente, otro completo absurdo de la decadencia argentina.

Una vez más el Poder Judicial, degradado a Poder Prevaricador, exhibe con toda obscenidad y en el enviciado marco de República subvertida que su rol no es administrar justicia sino servirse como árbitro interesado en su propia supervivencia de las disputas entre facciones de la casta política.

Entiéndase que en Argentina el que era Poder Judicial dejó de serlo cuando se zambulló en el prevaricato linchando en sus estrados a los vencedores del terrorismo castrista, algo para lo cual se cometieron horrores jurídicos como ignorar la irretroactividad de la ley penal, convalidar la anulación inconstitucional de leyes e indultos, interpretar de forma sesgada tratados internacionales, invertir la carga de la prueba y por si todo eso no bastaba encarcelar y condenar en base a lo que algún testigo que no fue testigo dijo creer recordar y cosas por el estilo, entendiendo los “jueces” que el imputado no podía no saber. Repito, desde esa aberración jurídica no hay Poder Judicial en Argentina, hay Poder Prevaricador.

Por esa razón no tiene ningún sentido analizar la causa judicial, pues todos sabemos no se va a resolver en virtud del Derecho sino del viento político que esas veletas clavadas sobre la Constitución Nacional, autodenominadas jueces, bien saben percibir y seguir.

Dado que la cuestión ofrece varias aristas, propongo verla desde lo que significa la actividad de Inteligencia.

Hace unos 2400 años el General chino Sun Tzu, de quien el Libertador General José de San Martín demostró en los hechos ser un discípulo aplicado, enseñó en El Arte de la Guerra que “cada asunto requiere un conocimiento previo” y esa es la base fundacional de la actividad de Inteligencia.

Inteligencia es, muy simplemente, el proceso racional que antecede la toma de decisiones, consistente en reunir y analizar información para esa finalidad y previendo escenarios futuros.

Todos quienes deben tomar decisiones hacen Inteligencia, desde el ama de casa que planifica como llegar a fin de mes hasta un Jefe de Estado. Es una actividad inherente a la responsabilidad humana. Porque recurrir a la Inteligencia es decidir responsablemente. Algo que, en lo que va del Siglo XXI, la conducción política de la Argentina no hace. Y el resultado está a la vista de todos. 

En el ordenamiento jurídico argentino la Ley 25.520, con las modificaciones de la Ley 27.126, define como “Inteligencia Nacional a la actividad consistente en la obtención, reunión, sistematización y análisis de la información específica referida a los hechos, riesgos y conflictos que afecten la Defensa Nacional y la seguridad interior de la Nación”.

Ahora bien, siempre que el Presidente de la Nación debe tomar una decisión en función de su cargo tiene la atribución lógica y constitucional de contar con apoyo de Inteligencia. Porque más allá de la definición legal, la Inteligencia de Estado es un requisito para el buen desempeño del Poder Ejecutivo. La función del Presidente, como así también de los gobernadores, es tomar decisiones y estas no pueden ser tomadas a prueba y error. Menos aún a error y error y error y más error como se vienen tomando en Argentina que ya es un país refractario a la Inteligencia en todas sus acepciones.

Siempre que uno hace algo en relación al Estado, por el motivo que sea, hay otro que toma nota. Ese otro puede ser la AFI, y no da para sentirse “espiado” o mucho menos “perseguido”. Ej: Si pido ver al Presidente es lógico no me reciba a ciegas. Debe ser informado de quién soy y qué pretendo antes de siquiera decidir recibirme. ¿O alguien supone que a los familiares de las víctimas de Once que Cristina Fernández recibió en Olivos y en la Casa Rosada los recibió sin ser informada de quiénes eran y sus planteos concretos más allá del dolor?

Y digo: Sería irrespetuoso, insensible e inepto para el cargo, cualquier presidente argentino que ante una tragedia no exija información, previo a reunirse con víctimas o deudos, para responder de la mejor manera posible a sus expectativas. Que en la reunión responda bien o mal, ya es otro asunto.

Inteligencia informa, no decide, pero que la AFI haya adelantado a Mauricio Macri los reclamos que harían los familiares de los marinos, o a Cristina Fernández los de los familiares de Once, es enteramente correcto. Así debe ser. Y no se trata de espionaje sino de recolectar información, algo muy similar en la práctica a lo que rutinariamente hace cualquier periodista.

Esos que quieren hacer creer que los servicios de Inteligencia no deben monitorear nada ni a nadie, son los primeros que los llaman inútiles cuando cualquier situación escala a niveles problemáticos por falta de información.

La deplorable actualidad de la AFI, convertida en un penoso hazmerreir bajo la intervención castrista de Cristina Caamaño, es el corolario del constante desprecio de la casta política hacia la Inteligencia.

Desde 2003 y hasta diciembre de 2014 el kirchnerismo condujo al colapso al Sistema de Inteligencia Nacional, no obstante lo cual Cristina Fernández tuvo la caradurez de aparecer por cadena nacional pretendiendo borrar de la historia que hacía 11 años mal usaba ese sistema desde el gobierno.

Allí se inventó que los malvados servicios de Inteligencia eran una “deuda de la democracia”, algo desmentido por la propia Ley de Inteligencia Nacional promulgada en 2001 tras un notorio trabajo parlamentario. Esa responsabilidad inexcusable del kirchnerismo planteó un desafío que en su interregno Mauricio Macri no supo enfrentar ni resolver.

Nunca entendió Macri el rol de la Inteligencia. A tal extremo no lo entendió, que su secretario privado en los cuatro años de su presidencia, Darío Nieto, entrevistado por Silvia Mercado dijo que “Mauricio Macri no revisaba informes de Inteligencia. Así que eso ya te lo desmiento absolutamente. En segundo lugar, Arribas y Majdalani han ido a lo de Macri en contadas ocasiones”.

En cualquier país normal el presidente siempre tiene algún informe de Inteligencia a la mano y contacto fluido con los encargados de proveerlo, que Macri no haya tenido ninguna de las dos cosas explica gran parte de su fracaso.

Como conclusión, cabe afirmar que contar con servicios de Inteligencia es un atributo de la soberanía, porque en definitiva la soberanía no es otra cosa que la capacidad de decidir el propio destino. Gracias a toda la casta política, Argentina hoy no es un país soberano, por ende a nadie le preocupa que no tenga servicio de Inteligencia ya que el gobierno títere, golpista, corrupto, criminal y comunista de Alberto de la Fernández se limita a obedecer lo que le dictan desde La Habana. Y si alguien cree que esto no es así: ahí está el alineamiento de la Cancillería con los intereses cubanos para clarificar el sometimiento.

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El popular resurgir del liberalismo: Milei y Espert expresan un cambio más profundo

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Las ideas liberales parecen estar llegando a todas las dimensiones de la sociedad y promoviendo un cambio de verdad.

En los últimos años comenzó a gestarse un renacimiento de las ideas liberales en la Argentina. De la mano de distintos personajes que iban a expresar dichas ideas a la televisión, el liberalismo pasó de ser un concepto oxidado, perdido en el olvido de la historia de nuestro país, a un movimiento político-cultural con grandes aspiraciones nacionales.

Esto último se vio reflejado especialmente en la candidatura de José Luis Espert tanto para las elecciones presidenciales del 2019 como las legislativas del 2021 y en la de Javier Milei también para estas últimas.

Históricamente en la Argentina se relacionó socialmente al liberalismo con las clases altas y, en política, con los gobiernos de fines del siglo XIX, la dictadura militar de 1976-1983 y el Gobierno de Carlos Menem. Hoy por hoy, el resurgir de estas ideas viene a romper con ese pensamiento inexacto.

Digo inexacto porque si bien los gobiernos de Roca, Sarmiento, Avellaneda, etc. fueron liberales, y el gobierno menemista ejecutó ciertas políticas liberales, el liberalismo nada tuvo que ver con la dictadura encabezada por los grupos de las Fuerzas Armadas argentinas.

Ni las políticas económicas encabezadas por Martínez de Hoz ni las decisiones políticas-sociales de la Junta Militar tuvieron que ver con las convicciones liberales. Tal es así que el referente liberal de esa época, Álvaro Alsogaray, fue de los pocos políticos que condenó la irrupción militar semanas antes de que ocurriera en marzo de 1976.

Pero, ¿y por qué viene a romper? Porque este rebrote liberal está ocurriendo de una manera completamente transversal en la sociedad. Jóvenes cansados de que les digan que en este país no hay futuro, adultos cansados de vivir con la soga al cuello y ancianos queriendo que sus nietos no tengan que vivir lo que ellos vivieron.

Uniendo desde personas con un pobre nivel de vida socioeconómico a personas a las que el dinero no les representa un problema mayor. Gente de todas las orientaciones sexuales y de todas las creencias religiosas. Todos unidos por una convicción, la de vivir libres.

Las caminatas de Espert por la provincia de Buenos Aires y las clases de economía de Milei en la Ciudad de Buenos Aires tuvieron dos cosas en común. El deseo de libertad y la diversidad social por parte de quienes acompañaban.

Dicha diversidad es uno de los bastiones del liberalismo, siempre lo fue, pero nunca se supo como aglomerar bien esas diferencias, llevando a que las uniones políticas que hubo duren muy poco. Será labor fundamental de todos los liberales respetar ese famoso principio de respeto hacia el proyecto de vida del prójimo para que este movimiento pueda perdurar política y culturalmente a través del tiempo.

Se puede estar horas, días y hasta meses discutiendo sobre quién o qué es más liberal, pero se está viendo que eso no le importa a este resurgir. O por lo menos no actualmente.

Ahora lo que se busca es sentar las bases (esas de las que tanto hablaba Alberdi) para así después poder comenzar a discutir y ver como ejecutar todo lo que el liberalismo conlleva. Hoy lo que se busca es seguir llegándole a la gente, llevar estas ideas desde el barrio más rico hasta el barrio más pobre, que dejen de ser demonizadas y mal asociadas con el “neoliberalismo”.

Actualmente en todos los grupos de la sociedad hay un liberal expresando su opinión. Y es que, con el contexto actual, sumado a lo ocurrido durante los últimos años y la aparición de numerosos referentes, se le hace mucho más fácil a las personas identificarse con estas maneras de pensar. Ya nadie puede concebir a estas ideas como “elitistas” (por más que nunca lo fueron), este es un pensamiento que recorre todo el país sin ningún tipo de discriminación a ningún grupo de personas.

Justamente eso es el liberalismo. Es algo inherente a los seres humanos, sin exclusión alguna. Nadie quiere vivir siendo esclavo, todos queremos ser libres.


Por Francisco Pirovano, para La Derecha Diario.

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Un mal debate no es el fin de la batalla: las perspectivas a futuro de un gran candidato

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En esta nota de opinión se analiza las consecuencias que tuvo el polémica debate de la Ciudad y cómo impactará no solo en el resultado del 14 de noviembre si no en las perspectivas a futuro de Javier Milei.

El 13 de octubre pasado se llevó a cabo el debate televisivo en el canal TN entre cuatro de los candidatos a Diputado Nacional por el distrito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tanto como para adherentes como para detractores, muchas expectativas estuvieron volcadas en el debut de Javier Milei en este espacio tan típico de la política profesional.

Estratégicamente hablando, esta era la oportunidad de mostrarse al público como algo más que un tertuliano televisivo o alguien ideal para hacer recortes de Tik Tok. En fin, para mostrarse como alguien que puede ser mucho más que un canalizador de “voto bronca”, sino como una opción fresca, genuina y con chance serias de ser una alternativa de poder. Sin embargo, eso no pasó.

Puede haber fallas y aciertos técnicos en la performance del liberal, pero hay cuestiones negativas inobjetables. Por ejemplo, muchas respuestas se notaron sin un armado previo, seguramente para mostrar espontaneidad, algo que desgraciadamente no ocurrió, porque para poder limitarse a los tiempos pautados de exposición, Milei terminó refugiándose donde más cómodo se sentía: haciendo uso y abuso de una terminología científica que desencajaba completamente con el tipo de público y con el formato mismo del debate.

También puede objetarse que en muy pocas ocasiones les habló a los principales candidatos de par a par (a pesar de que las últimas encuestas lo dan casi en un empate con el candidato que salió segundo en las PASO) y terminó confrontando con la única candidata con menos votos que él.

La praxis del debate no será objeto de este análisis, eso corresponde al equipo de comunicación estratégica del candidato. Estas líneas nacen de las manifestaciones en redes sociales de las personas que militan la candidatura de Milei, ya sea desde un partido o desde los esfuerzos individuales. Desde los triunfalistas en el post-debate, los derrotistas, los que echaron culpas externas al desempeño y un último grupo de quienes no querían que hubiera ni una sola crítica pública por miedo a “debilitar el resto de la campaña”.

Un mal tramo de la campaña, un “tropiezo”, no siempre es motivo suficiente para dar todo por perdido. Existe la posibilidad de que este debate no modifique la intención de voto, así como quizá tampoco gran parte de la campaña influyó hasta ahora en el voto. Volveremos sobre esto luego.

El punto clave es comprender que como político, y más aún, como representante de una generación outsider de los partidos que hasta ahora gobernaron, es sumamente importante que tenga un feedback directo, constante y sutil con su base militante; que sirva para recordarle tanto a Milei como a su equipo cuál es el lugar y el rol histórico que esta candidatura está ocupando.

La figura de Milei representa una expresión política que no se sostiene en una estructura orgánica de cargos públicos ni de gente que literalmente viva de hacer política. No tiene un voto cautivo por tradición histórica o territorial. No tiene gente que lo vote por unas siglas o un sello partidario específico.

El principal valor con el que cuenta es su figura pública, basada en la confianza construida en años de exposición mediática. Su voto se basa en eso.

Las postales de actos con plazas llenas sin dudas han ayudado a reforzar esa imagen, pero hay que entender que un porcentaje enorme de las personas que lo votaron no lo hicieron por escuchar horas enteras de discursos de cada candidato. El grueso de votantes no está politizado como un militante, son personas que eligen confiar en el “producto-Milei” y jamás hay que dejar de construir sobre esa realidad.

Es comprensible que un político tenga como primera línea de contención a personas de su extrema confianza, así como también lo es que personas que debutan en roles específicos, impensados hasta hace unos meses, no puedan tener perspectiva sobre ciertos eventos. Es fundamental en estos casos la asesoría y el ojo externo para actos de campaña que manejan reglas específicas.

Como se mencionó anteriormente, no cabe desmotivarse. Pero sí recordarles que ante este momento histórico, hay que redoblar los esfuerzos en cuidar la imagen pública construida hasta el momento para poder perfilar a Milei con vistas más allá de las próximas elecciones del 14 de noviembre, para apuntalar y sostener el apoyo de cara al futuro. 


Por Pablo A. Schamray. Consultor Jr. en Mentor Público.

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