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Martín Miguel De Güemes: Un centauro en la forja de la Nación

Martín Miguel De Güemes: Un centauro en la forja de la Nación
Antes de convertirse en el baluarte del Norte, Güemes ya había probado su temple frente al invasor extranjero.
Imagen de Juan Pablo Bustos Thames
porJuan Pablo Bustos Thames
Opinión

Antes de convertirse en el baluarte del Norte, Güemes ya había probado su temple frente al invasor extranjero.

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La historia de los pueblos es a menudo el campo de batalla donde se dirimen las causas del destino de una sociedad. Al conmemorarse un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes, resulta imperativo rescatar del olvido los detalles y las anécdotas que forjaron su leyenda. Lejos de las estatuas de bronce inanimadas, el prócer salteño fue un hombre de carne, hueso, pasiones y una astucia militar sin precedentes. Su figura, fundamental para entender la Independencia Argentina, se erige no solo como un escudo en la frontera norte, sino como el estratega de una guerra de recursos que desangró a las fuerzas realistas.

A través de los documentos y testimonios de quienes lo conocieron, podemos desentrañar cómo era, así como la magnitud de su obra. Muchos lo recuerdan como "calavera", aventurado en correrías amorosas y proezas ruidosas. Era alto y flexible como una caña, y al mismo tiempo fuerte y atrevido.

El genio militar, la valentía y la audacia del general Martín Miguel de  Güemes | Argentina.gob.ar
El genio militar, la valentía y la audacia del general Martín Miguel de Güemes | Argentina.gob.ar

Su aspecto no pasaba desapercibido. Vestía un llamativo y lujoso uniforme. Era lujoso en su vestir y dadivoso en sus hábitos. Se destacaba por cabalgar con una elegancia y destreza inigualables por las asperísimas calles de Salta, ataviado de color grana y con alamares. A pesar de ser gangoso, poseía una elocuencia arrolladora y era sumamente carismático y popular.

Ayudado por la opulenta casa de los Gurruchaga, Güemes utilizó el poderoso influjo que había adquirido sobre el pueblo bajo y los gauchos para decidirlos a enrolarse con él. No solo los convencía con palabras, sino que les adelantaba dinero y los vestía militarmente con colores y adornos vistosos. Así nacían las bases de lo que luego serían sus míticos soldados.

Don Francisco de Gurruchaga, prócer de mayo - Cuarto Poder
Don Francisco de Gurruchaga, prócer de mayo - Cuarto Poder

Don Francisco de Gurruchaga

Antes de convertirse en el baluarte del Norte, Güemes ya había probado su temple frente al invasor extranjero. Se había batido heroicamente contra los británicos en 1807, durante las Invasiones Inglesas. Esta experiencia temprana en combates irregulares y defensa territorial sería el preludio de su gran obra táctica.

La Primera Campaña al Alto Perú

El avance del Ejército Auxiliar del Perú (conocido popularmente como Ejército del Norte), en su primera campaña hacia el Alto Perú, estuvo plagado de contratiempos, indisciplina y decisiones políticas erráticas. Tras sofocar la contrarrevolución en Córdoba y fusilar a Santiago de Liniers, el Ejército Patrio reanudó su marcha hacia el Norte. Es en este contexto donde la figura de Güemes irrumpe en el escenario principal.

Las fuerzas patriotas, al mando del General Antonio González Balcarce, sufrieron un revés inicial frente a las tropas realistas, acantonadas en Santiago de Cotagaita. En razón de lo cual, Balcarce debió retroceder como ochenta y cinco kilómetros hacia el Sur, para conseguir refuerzos, municiones y restablecer la moral. Durante esta angustiosa retirada de 85 kilómetros, fue Martín Miguel de Güemes quien, con su caballería tarijeña y salteña, cubrió la retirada de sus camaradas.

Solo un simple delegado
Solo un simple delegado

Gral. Antonio González Balcarce

La Batalla de Suipacha, tuvo lugar el 7 de noviembre de 1810. Tras el repliegue, Balcarce se acantonó a orillas del río Suipacha. Salteños contemporáneos a los hechos, narraron que el valor y habilidad de Güemes se hicieron notorios en la jornada de Suipacha, donde al frente de sus tarijeños y jujeños no solo contuvo, sino que rechazó a las fuerzas realistas, acuchillándolas sobre ambas riberas del famoso río.

Aún más contundente es el testimonio del veterano Miguel Otero, quien afirmó categóricamente que la acción no fue entre el ejército patriota y el del Rey, sino entre la división de Salta al mando de Güemes y una columna realista. Como muestra de este arrojo innegable, fueron los hermanos salteños Miguel y Alejandro Gallardo quienes, bajo un nutrido fuego enemigo, tomaron como trofeo la bandera realista.

Heráldica en la Argentina: La bandera tomada en Suipacha
Heráldica en la Argentina: La bandera tomada en Suipacha

Historiadores bolivianos coinciden en señalar a Güemes como el principal protagonista y el autor de la sorpresa táctica. Con astucia, ordenó un rápido cambio de flanco de las tropas patrias, sorprendiendo a los atontados atacantes realistas que suponían al Ejército del Norte en fuga total. Esta maniobra genial de simulación y contraataque sería la marca registrada que Güemes repetiría exitosamente años más tarde durante la Guerra Gaucha.

Sin embargo, la gloria le fue mezquinada. Juan José Castelli, el representante de la Primera Junta en el Ejército del Norte, no mencionó a Güemes ni en su primera carta a Buenos Aires ni en el parte oficial de la victoria. Esta omisión flagrante abrió una gran polémica histórica. Castelli, ya enfermo con un cáncer de lengua que lo devoraba, tomó decisiones cuestionables. Despreció el aporte de las milicias locales y generó un profundo malestar.

Batalla de Suipacha | El rol de Güemes y sus gauchos salteños en el primer  triunfo patrio en la guerra de la independencia - Cuarto
Batalla de Suipacha | El rol de Güemes y sus gauchos salteños en el primer triunfo patrio en la guerra de la independencia - Cuarto

Batalla de Suipacha

El descontento con el mando del ejército llevó a que varios cuerpos (como los tarijeños, jujeños y salteños, encabezados por el propio Martín Miguel de Güemes) abandonaran las filas regulares y retornaran a sus provincias. Esta ruptura privó al Ejército del Norte de su mejor caballería, precipitando, en gran medida, el espantoso desastre y la total desintegración militar que ocurriría poco después en la Batalla de Huaqui, a manos del mariscal José Manuel de Goyeneche.

La Visión de San Martín y el Nacimiento de la Guerra Gaucha

El destino del Norte cambió drásticamente con la llegada del General José de San Martín, quien reemplazó a Manuel Belgrano en la jefatura del diezmado Ejército del Norte tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, a principios de 1814. San Martín comprendió rápidamente que las tácticas convencionales europeas no bastarían para detener el avance realista en un terreno tan vasto y escarpado.

Durante su estadía en España, San Martín había sido destinado al ejército de Cataluña para enfrentar el embate napoleónico. Allí decidió instruir milicias irregulares, asimilando la experiencia de las guerrillas españolas que hostigaban constantemente a los invasores franceses, capturando suministros y generando emboscadas. San Martín aprendió el inmenso valor de la guerra de desgaste, la sorpresa y el desconcierto del enemigo.

Con esta visión estratégica, San Martín se convirtió en el cerebro detrás de la Guerra Gaucha, encomendando su ejecución al hombre ideal para la tarea. Destacó a Güemes (a quien reconoció como buen conocedor del terreno y maestro de la guerra de guerrillas) para emprender una guerra de recursos en Salta y Jujuy. La misión era clara: cubrir las espaldas del Ejército del Norte mientras éste se instruía y remontaba en Tucumán.

La caballería gaucha, armada de manera precaria, pero con un espíritu indomable, se convirtió en una pesadilla para los ejércitos del Rey. Se impuso el uso de la chuza (una lanza corta para la caballería, improvisada con astas – palos denominados “latas” – y  un filo o moharra atado en la punta); un arma letal en manos de jinetes expertos. Aunque Güemes nunca se enfrentaría en persona en combate cuerpo a cuerpo con el enemigo, su liderazgo intelectual y táctico organizó un escudo impenetrable. Copiando las enseñanzas de guerra de zapa y espionaje de San Martín, Güemes desquició a las vanguardias imperiales.

Perfiles. Martín Miguel de Güemes, el caudillo de la “guerra gaucha”
Perfiles. Martín Miguel de Güemes, el caudillo de la “guerra gaucha”

 

Alianzas de Sangre y Fuego: El Marqués de Yavi y los Infernales

La consolidación del poder de Güemes en el Norte requirió aliados estratégicos. Uno de los más curiosos y fundamentales fue su pariente, el Coronel Mayor Juan José Fernández Campero, conocido como el Marqués de Yavi o Marqués del Valle del Tojo. A pesar de sus iniciales titubeos y de haber pactado algunas acordadas de conveniencia para preservar sus inmensos territorios, el Marqués volcó todo su empeño, fortuna y vida al servicio de la naciente Nación tras el regreso de Güemes a Salta en 1814.

Fernández Campero instaló fábricas de pólvora y armerías en sus dominios, levantando un ejército de seiscientos efectivos mantenidos con sus propios recursos, denominado Ejército Peruano. Con esta fuerza, y asegurando el flanco derecho de Güemes, protagonizó diversos choques contra las avanzadas realistas.

En una ocasión memorable, corrió el rumor en el bando realista de que el General Belgrano marchaba sobre ellos con dos mil hombres. Alarmados, las unidades del Rey evacuaron Yavi y se replegaron cientos de kilómetros al norte, hasta Tupiza. Pronto descubrieron que la mentada invasión de Belgrano no existía; se trataba únicamente de los seiscientos infantes del improvisado Ejército Peruano del Marqués, reforzados, eso sí, por la temible caballería de los gauchos Infernales de su amigo Martín Miguel de Güemes.

Juan José Feliciano Fernández Campero - Wikipedia, la enciclopedia libre
Juan José Feliciano Fernández Campero - Wikipedia, la enciclopedia libre

Retrato de cómo pudo haber sido el aspecto del Marqués de Yavi

Estas tácticas de engaño y movilidad, en las que pequeños destacamentos de apenas cien Dragones Infernales se infiltraban hasta pueblos como Tojo para introducir armas y fusiles a los indios sublevados, mantuvieron en jaque constante a las tropas enemigas.

Las Intrigas de Buenos Aires y el Reconocimiento del Congreso

El éxito militar y la creciente influencia popular de Güemes no pasaron desapercibidos en Buenos Aires, donde el centralismo veía con recelo el surgimiento de líderes provinciales fuertes. Güemes realizó algo insólito; aprovechándose de su rol de jefe de la vanguardia del Ejército y del elevado predicamento que tenía entre el gauchaje de Salta, se apoderó del gobierno de su Provincia, destituyendo al gobierno designado por las autoridades nacionales.

Esta autonomía generó feroces fricciones, especialmente con el General José Rondeau, tras el descalabro patriota en Sipe Sipe. En el seno del mismísimo Congreso de Tucumán, algunos diputados veían en Güemes un tirano y un faccioso enemigo de la unión nacional.

Sin embargo, la realidad de la guerra se impuso sobre la mezquindad de los despachos. El Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, tuvo el tino y la cordura de enviar a Salta un comisionado para esclarecer la verdad de los hechos. El Congreso debatió acaloradamente la situación. El diputado Serrano, defendiendo la posición güemesiana, argumentó con pragmatismo que Güemes no dejaba de ser un oficial celoso de la defensa del país. Sostuvo que, en momentos en que la patria carecía enteramente de fuerza militar regular capaz de frenar a los españoles, Güemes prestaba al Estado servicios invaluables.

Personajes históricos
Personajes históricos

Mariano Serrano. Secretario del Congreso de Tucumán

Serrano logró imponer la lógica: no costaba nada confortar a Güemes después de los públicos enfrentamientos recientes, acceder a lo que solicitaba, y cursar órdenes al General Belgrano para que sus pedidos se cumplieran. Era una manera inteligente de retribuir la confianza que Güemes había depositado en el Congreso Soberano y, sobre todo, de ligarlo a la obediencia del gobierno central asegurándole que tenía amigos en Tucumán. Esta resolución política fue vital para mantener activa la trinchera inexpugnable del Norte.

Un Legado Inmortal

Al analizar la gesta de la Independencia Argentina, resulta imposible no rendirse ante la evidencia de que sin la guerra de recursos orquestada por el salteño, la Revolución de Mayo habría sido sofocada por las bayonetas realistas que bajaban desde el Altiplano.

Güemes nos enseñó que cuando los recursos escasean, la voluntad, el ingenio y el apego irrestricto a la tierra suplen cualquier deficiencia material. Sus Infernales, montados en la inmensidad de los cerros, no solo frenaron a un imperio, sino que forjaron la identidad definitiva de nuestra nación. ¿Qué hubiese sido de las Provincias Unidas si este hombre, tachado de calavera en su juventud, no hubiese decidido entregar su fortuna, su genio y, finalmente, su vida por la libertad americana? Pero el eco de los guardamontes golpeando en la espesura del monte salteño sigue resonando, recordándonos que la patria se hizo a caballo, con sangre, coraje y un amor indomable por la libertad. Así es como la figura de Güemes nos atrapa para siempre, cabalgando invicto hacia la eternidad, envuelto en su poncho grana, desafiando a la muerte misma desde las cumbres de nuestra historia.


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