A poco más de un año de las elecciones de 2027, el gobierno de Javier Milei enfrenta la disyuntiva que tarde o temprano define a toda administración reformista: elegir entre lo correcto y lo conveniente.
No se trata de la elección entre el bien y el mal, que sería fácil. Es la elección entre dos cursos que, para cualquier gobierno, se sienten ambos razonables. Uno rinde en el mediano plazo y cuesta caro ahora. El otro rinde ahora y se paga después, cuando el que paga ya es otro.
El coro de la micro
La conversación pública argentina gira desde hace meses alrededor de una sola palabra: la micro. La opinión pública, el círculo rojo y hasta los socios del PRO martillan a diario sobre el mismo diagnóstico. Se destruye empleo formal en los cascos urbanos. La actividad se mueve en serrucho. Y la conclusión, siempre la misma: la gente se está cansando.
Conviene empezar reconociendo que los datos son reales, porque negarlos sería exactamente el error que este espacio le critica al kirchnerismo. El empleo asalariado privado registrado cayó a 6,130 millones en abril, 128.600 puestos menos que un año antes. La irregularidad del crédito a las familias llegó a 12,8% en mayo, 8,3 puntos por encima del mismo mes de 2025. El consumo masivo encadenó en junio su sexta caída interanual consecutiva. Nada de eso admite relativización.
Muchas veces la clave no es entender lo que se dice, sino lo que se omite.
Lo que el coro omite
Empecemos por la mora, que es el dato que más se agita y el peor entendido. La irregularidad del crédito a las familias explotó porque el crédito a las familias volvió a existir. En 2023 la mora era baja por la razón más sencilla del mundo: nadie prestaba. Como sostiene el ministro Caputo, el aumento de la mora es producto de que los bancos volvieron a actuar de bancos. El fenómeno es real y doloroso para los hogares que quedaron del lado equivocado, pero es el precio de entrada de una economía que recupera intermediación financiera después de veinte años sin ella. El propio sector bancario estima que la irregularidad se reducirá en los últimos seis meses del año.
Con el empleo hay que ir más al fondo. La caída del empleo registrado privado no empezó con este gobierno: el propio informe del SIPA señala que mantiene una trayectoria descendente desde septiembre de 2023, tres meses antes de que Milei asumiera. La Argentina no crea empleo formal privado desde hace más de una década, bajo ningún signo político, y la razón no es coyuntural: el marco regulatorio del empleo registrado es un desastre. Contratar bajo relación de dependencia es asumir un pasivo contingente de dimensiones desconocidas, y el sistema castiga sistemáticamente al empleador que cumple.
Lo interesante es que los trabajadores lo saben y actúan en consecuencia. Mientras el asalariado registrado caía, el monotributo sumó 49.500 nuevos inscriptos en doce meses. Buena parte de ellos no son changarines: son profesionales, técnicos y prestadores de servicios que eligen facturar antes que entrar en una relación de dependencia tradicional. El país estigmatiza el «empleo informal» como si fuera siempre una desgracia impuesta, cuando en muchísimos casos es una decisión.
Y los números lo confirman de manera brutal. Según el índice de salarios del INDEC, en mayo los ingresos acumulaban desde diciembre una suba de 12,3% en el sector privado registrado, 13,7% en el público y 23,9% en el privado no registrado. Contra una inflación acumulada del 14,7% en el mismo período, el trabajador registrado perdió y el no registrado ganó por diez puntos. Si la informalidad fuera pura precariedad forzada, esa relación sería la inversa. Fuera del corsé de la negociación colectiva y de las cargas del régimen formal, los ingresos se mueven más rápido. El problema argentino no es que la gente huya del empleo registrado; es que el empleo registrado sea tan caro de ofrecer y tan poco atractivo de aceptar.
Queda el consumo, el flanco más expuesto, y donde conviene no hacer trampa en ninguna dirección. El consumo masivo está mal y el dato oficial lo confirma: la Encuesta de Supermercados del INDEC registró una caída de 0,7% interanual en mayo y de 2,8% acumulada en el año a precios constantes. No es un invento de las consultoras.














