En un ensayo escrito años atrás, titulado: Sobre la libertad de escribir, el joven Mariano Moreno habia expresado que la opinión pública era un medio confiable para alcanzar la verdad: “la verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo”. Sostuvo que la mejor manera de terminar con los males sociales es “el dar ensanche y libertad a los escritores públicos, para que las atacasen a viva fuerza y sin compasión alguna”.
Ahora bien, esta libertad de expresión que defendía Moreno, en sus años mozos, no debía ser absoluta; pues no se debía atacar ni a la religión, ni al gobierno: “los pueblos yacerán en el embrutecimiento más vergonzoso, si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar de todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno”. Estas expresiones son compatibles con el Moreno universitario, en contacto con la enseñanza escolástica de Charcas y con el círculo ilustrado de los canónigos de la ciudad; que se explican en este pasaje de ese mismo trabajo: “seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones: tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración”.
Manuel Moreno, hermano del prócer, en su Vida y Memorias del Dr. Mariano Moreno explica cómo era el régimen opresor de la colonia española, contraponiéndolo con la libertad de prensa que estableció el Primer Gobierno Patrio, inspirado por el secretario de la Junta: “Un Govierno que està seguro de la rectitud de sus operaciones; que reconoce su estabilidad en el afecto de sus Subditos; y que trata de corresponder sinceramente à la confianza pública, no huye jamàs de que sus acciones sean examinadas. Conforme à esta maxima, la Junta de Buenos Ayres excitaba voluntariamente la atencion del Pueblo sobre cada uno de sus pasos. Quando en un Pais està establecida la libertad de la prensa, los Governantes tienen en ella, quieran ò nò, un freno en las usurpaciones del poder, y la arbitrariedad de sus juicios.
Promover la vigilancia publica sobre asunto tàn importante ès un rasgo de sinceridad, y un deseo heroico de ponerse voluntariamente en la feliz imposibilidad de faltar à sus obligaciones. El Pueblo de Buenos Ayres era convidado por la Junta à sèr el Censor de sus operaciones; y sus miembros demostraban, con esta franqueza, que ni temian perder su reputación, por los juicios de la multitud, ni pensaban abandonar sus deberes…”
Antes de la Revolución, existían muchas trabas al derecho de publicar las ideas por la imprenta. La libertad de escribir estaba prácticamente proscripta. Rememora Manuel Moreno: “Escritos, que podian circular en los Dominios Europeos, estaban muchas veces prohibidos en las Americas… Todo ensayo politico, todo examen de la constitucion del Pais y sus recursos; en una palabra, la Historia de los sucesos de la Conquista, y los subsiguientes hasta la presente epoca, estaba vedada à los Americanos. Algunas disposiciones de la Corte prohivian expresamente se escriviese sobre estos puntos en las Colonias”.

De todas formas, la Junta estableció la libertad de la prensa; pero de una forma limitada. Para Manuel Moreno: “reflexionando en las circunstancias, veremos que esta precaucion fuè muy sabia y mucho màs benefica que una repentina abolicion de las prohiviciones de escrivir; lo primero, porque una alteracion de esta naturaleza habria hecho degenerar en licencia el uso libre de la prensa, como puede verse en Cadiz; donde el Pueblo hà pasado, de golpe, de una absoluta compresion, à la màs ilimitada libertad; y lo segundo, por que la guerra que los Enemigos de la Causa hacian violentamente, exigia mucha prudencia para entablar reformas inesperadas, y hacia necesario evitar el estruendo y aparato de toda formal mutacion”.













