Entre sus víctimas no hubo distinción: militares, policías, civiles, incluso trabajadores inocentes. Mujica fue arrestado y pasó más de una década preso, no por pensar distinto, sino por cometer crímenes violentos contra el Estado de derecho.
Pero los medios callan. La progresía internacional lo convirtió en un ícono del “socialismo con mate”, elogiando su vida sencilla, su auto viejo y sus discursos llenos de frases hechas. ¿De qué sirve vivir con humildad cuando se tiene la conciencia manchada de sangre?












