No se trató simplemente de una frase altisonante. Fue la forma que encontró Milei de ponerle nombre al fenómeno del falso libertario, del liberal de café, del que se suma al cambio para sacar ventaja, pero que cuando hay que dar la pelea, retrocede, se borra o peor: sabotea.
Lealtad al proyecto, no a los cargos
En la lógica de Milei, la lealtad es a las ideas, no a las personas. El proyecto de la libertad —que implica dinamitar los privilegios de la casta, abrir la economía, reducir el gasto público, restablecer el orden y devolverle la dignidad al argentino de a pie— no puede permitirse ser infiltrado por los oportunistas de siempre.
Por eso, cuando detecta que alguien que está adentro no comparte esa visión, o que simplemente juega a dos puntas, actúa sin dudar. Y lo hace con la frialdad de un emperador romano. No hay espacio para sentimentalismos. No hay lugar para los tibios. No hay recompensa para los traidores.











