El escritor y politólogo Agustín Laje, quien reside varios meses al año en España y viaja con frecuencia por Europa por compromisos laborales y académicos, describió la profunda crisis identitaria que atraviesa el viejo continente. Su diagnóstico, expuesto en la red social X (ex Twitter), apunta directamente a la combinación letal entre inmigración descontrolada, relativismo cultural y autonegación europea.
Laje relata cómo, en cuestión de pocos años, la Navidad pasó a considerarse una ofensa mientras las expresiones religiosas islámicas avanzan sin restricciones. Un pesebre puede ser tildado de “odio”, mientras en la vía pública se multiplican símbolos y prédicas vinculadas al islam. A esto se suma un fenómeno alarmante: iglesias profanadas con impunidad y cristianos arrestados por predicar en países que se autoproclaman defensores de la libertad.

Según Laje, no se trata solo de religión. El proceso es más amplio: festividades tradicionales canceladas para “no excluir a nadie”, dietas escolares modificadas para ajustarse a costumbres de grupos que raramente muestran intención de integrarse y normas culturales que empiezan a imponerse sobre los anfitriones. El resultado es una Europa donde sus propios ciudadanos se convierten en huéspedes incómodos dentro de su tierra.
La identidad nacional también quedó bajo ataque. Laje recuerda episodios como el de Inglaterra, donde se acusa de “racismo” a quienes exhiben su bandera, y el caso de España, donde un joven fue apuñalado por usar la camiseta de su selección. Para el analista, este clima de criminalización del orgullo nacional es síntoma de un continente que renunció a sí mismo.









