Por años, Alfredo Coto fue presentado como el empresario honesto, sin embargo, detrás del relato del supermercadista enfrentado con el poder, se esconde una historia de conveniencias mutuas, subsidios, rescates financieros y una cercana alianza con el kirchnerismo, que permitió a uno de los hombres más ricos del país expandir su imperio.
Propietario de la cadena Coto CICSA, la tercera más grande de la Argentina y la primera de capitales nacionales, Alfredo Coto amasó una fortuna estimada en 450 millones de dólares, según Forbes 2020.
Su imperio, que nació del negocio de la carne y se transformó en una poderosa estructura vertical integrada, desde los frigoríficos hasta los supermercados, supo adaptarse con astucia a cada gobierno. Pero fue bajo los años del kirchnerismo cuando su expansión se consolidó, en medio de un contexto inflacionario que perjudicó a millones de argentinos y benefició a quienes podían cambiar precios o recibir apoyo estatal.
Del enfrentamiento público al acuerdo privado
En noviembre de 2005, cuando la inflación empezaba a desbordar las estadísticas oficiales, Coto se animó a advertir que el índice anual llegaría al 12%. La respuesta del entonces presidente Néstor Kirchner fue furiosa y pública: “Señor Coto, yo lo conozco muy bien y sé cómo trabaja sobre los bolsillos de los argentinos”, lanzó el mandatario, acusándolo de especular con los precios.

Sin embargo, apenas una semana después, el tono cambió por completo. Coto fue recibido en la Casa Rosada y, tras la reunión, declaró que el encuentro había sido “muy cordial” y que su empresa colaboraría con el Gobierno kirchnerista para “controlar los precios”. Desde entonces, la relación se transformó: el supermercadista que había sido señalado como responsable de la inflación pasó a ser un aliado del modelo K.
Esa docilidad, obviamente, le trajo grandes beneficios. En 2007, cuando aún se arrastraban deudas importantes del grupo, el Gobierno de Néstor Kirchner intervino para facilitarle un rescate financiero de 200 millones de dólares. Fue un gesto directo del Estado a un empresario que, puertas afuera, seguía siendo presentado como víctima del intervencionismo oficial, pero que puertas adentro recibía el favor de la política.









