En una contudente decisión, Argentina, Estados Unidos e Israel conformaron un firme "eje antiwoke" en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al votar en contra de la resolución A/C.3/80/L.19, presentada bajo el título de “mejora de la situación de mujeres y niñas en áreas rurales”.
Aunque el nombre parecía ser alineado con objetivos humanitarios, la letra chica de la iniciativa generó fuertes cuestionamientos por parte de los tres países, que denunciaron que el texto escondía un paquete de medidas de carácter ultraprogresista, con privilegios unilaterales y sin un enfoque equilibrado hacia la verdadera igualdad.
La resolución proponía impulsar el acceso digital, educativo y social para mujeres y niñas en zonas rurales, reconociendo supuestas barreras estructurales de género. Sin embargo, no incluía ninguna referencia comparable a hombres o niños en las mismas situaciones de vulnerabilidad, lo que constituía un sesgo ideológico evidente.

Este tipo de iniciativas, al igual que muchas otras, aunque se presenten con un discurso inclusivo, terminan convirtiéndose en herramientas para imponer agendas políticas de corte feminista radical, que lejos de fomentar la igualdad, crean nuevos desequilibrios legales y sociales.









