El panorama global se transformó el día en el que el Mossad israelí estableció una empresa fachada en Budapest y fabricó buscapersonas modificados con explosivos bajo una licencia obtenida en Taiwán, que fueron introducidos en Líbano y distribuidos dentro de la red de comunicaciones de Hezbolá.
De esta manera, cuando el grupo terrorista se dio cuenta de que sus radios también estaban comprometidas, Israel activó los explosivos, causando la muerte de varios miembros y generando una gran confusión en la estructura interna de la organización.
Los israelíes demostraron al mundo que la tecnología de uso cotidiano no solo es efectiva para el espionaje masivo, sino también para llevar a cabo asesinatos selectivos. De un golpe, lograron destrozar la moral de Hezbolá, exterminar a su cúpula y desmantelar las redes de comunicación que los conectaban.
La brillante operación de los servicios de inteligencia de Israel, que llevó casi un año de preparación, fue el preludio de un desmantelamiento que un mes atrás hubiera parecido imposible.
El primer paso fue la detonación sincronizada de los dispositivos comunicación en los bolsillos o a escasos centímetros de los rostros de sus portadores. El segundo, al día siguiente, fue la explosión de cientos de teléfonos móviles, walkie-talkies, radios portátiles e incluso paneles solares.
El tercero, especialmente en la última semana, fue una oleada de ataques aéreos en el sur del Líbano y en el barrio chiita de Beirut, áreas bajo control de Hezbolá, con el objetivo de destruir los arsenales de la organización.
El cuarto paso, en este mismo período, fue eliminar, uno a uno, a los hombres más influyentes del grupo terrorista, dejando para el final al líder máximo, Hassan Nasrallah, quien había recibido miles de millones de dólares de Irán para intentar destruir o al menos intimidar al Estado de Israel.
Ningún asesinato anterior se compara en relevancia con el de Nasrallah. Sin embargo, entre los muertos resaltan algunos nombres clave. Ibrahim Aqil, jefe de Operaciones y comandante de la élite de Hezbolá, los Radwan, fue abatido el sábado pasado.









