En política, a veces una sola frase resume años de gestión. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando Axel Kicillof, en plena apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura bonaerense, lanzó una declaración que generó estupor: “Mientras el Estado provincial abandona, nosotros seguimos cuidando la salud de nuestro pueblo”. La frase no provino de un dirigente opositor ni de un funcionario libertario, sino del propio gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien conduce el Estado provincial desde diciembre de 2019. Es decir, el mismo Estado que —según sus palabras— “abandona”.
El pasaje se dio en un discurso marcado por un tono electoral y de confrontación con el Gobierno nacional. En esa misma intervención, Kicillof afirmó que “la construcción de una alternativa requiere de mucho más que decir ‘no a Milei’”, en referencia directa al presidente Javier Milei, e intentó posicionarse como articulador de una propuesta productiva y federal frente a la crisis económica. Sin embargo, fue aquella frase la que terminó eclipsando el resto del mensaje.
Si el “Estado provincial abandona”, como sostuvo Kicillof, la responsabilidad política recae inevitablemente en quien lo conduce. No se trata de una estructura ajena ni de una gestión heredada sin control: es su propio gobierno.
En el mismo discurso, el mandatario bonaerense buscó responsabilizar al Ejecutivo nacional por la situación provincial y señaló: “Nos enfrentamos a un Gobierno Nacional que recorta transferencias a las provincias, que paraliza obras públicas estratégicas en todas las regiones del país, un gobierno nacional que centraliza decisiones fiscales y que se vincula con las provincias a través de la extorsión”.
También convocó a la oposición al afirmar: “No puede ser que cada sector o provincia quede sola negociando migajas o administrando la caída. Todos los que no queremos una sociedad rota, un país fallido, una Argentina de pocos ganadores y muchísimos perdedores, tenemos que sumar fuerzas”.










