A doce años del choque que dejó 52 muertos en la estación de Once, la Justicia finalmente confirmó la condena del exministro kirchnerista Julio De Vido. Sin embargo, una de las piezas más oscuras del caso sigue impune: el asesinato del motorman Leonardo Andrada, testigo clave en la causa y una de las primeras voces que advirtió sobre el deterioro del sistema ferroviario bajo la órbita del kirchnerismo.
Andrada, de 53 años, fue ejecutado de cuatro disparos por la espalda en la madrugada del 8 de febrero de 2013, mientras esperaba el colectivo a la vuelta de su casa en Ituzaingó. El atacante se llevó su teléfono celular, pero dejó el dinero que llevaba encima. El crimen se produjo apenas unos meses después de que el conductor declarara ante el juez Claudio Bonadío sobre el mal estado del tren chapa 16, la formación que chocó en Once el 22 de febrero de 2012.
En su testimonio, Andrada —quien había conducido la formación durante el turno previo al accidente— explicó que el tren tenía una “aplicación lenta del servicio de freno” y que era habitual trabajar con equipos sobrecargados y en mal estado. Sus palabras quedaron registradas en el expediente judicial y fueron usadas como evidencia para procesar a los funcionarios y empresarios responsables del servicio de Trenes de Buenos Aires (TBA).
Dos días después de su segunda declaración, el maquinista cambió su rutina: en lugar de ir al trabajo en remis, decidió tomar el colectivo 269. En la parada fue interceptado por un desconocido que le disparó a quemarropa y remató con un tiro de gracia. Ningún sospechoso fue detenido, y la causa a cargo de la fiscal Gabriela Millán quedó congelada en medio de versiones cruzadas sobre amenazas previas y presiones sindicales.










