En una sesión marcada por el oportunismo político y el desprecio por los principios republicanos, el Senado de la provincia de Buenos Aires aprobó este jueves un proyecto que habilita la reelección indefinida de senadores, diputados, concejales y consejeros escolares. El empate técnico en la votación —22 votos a favor y 22 en contra— fue destrabado por el voto de la vicegobernadora kirchnerista Verónica Magario, quien desempató a favor y sentenció: “Mi voto es positivo. Así que la ley tiene media sanción”.
La iniciativa, impulsada por un sector del kirchnerismo, representa un retroceso institucional sin precedentes desde la sanción de la ley de 2016, que limitaba a dos los mandatos consecutivos en la Legislatura y en cargos municipales. Aquella norma, promovida durante la gestión de María Eugenia Vidal, buscaba frenar la profesionalización vitalicia de la política, un mal endémico que impide la renovación de ideas y figuras.

Ahora, el nuevo texto —que aún debe ser aprobado en la Cámara de Diputados— reinstaura el privilegio de la reelección indefinida para legisladores, aunque deja fuera de este beneficio a los intendentes. Este detalle no es menor: fue interpretado como una jugada de equilibrio entre el kirchnerismo y el sector del gobernador Axel Kicillof, en medio de versiones sobre posibles pactos para suspender las PASO.
De los 21 senadores peronistas, 19 votaron a favor. A ellos se sumaron dos aliados inesperados: un legislador libertario de perfil dialoguista y el senador Marcelo Daletto, vinculado al monzoísmo. Esta alianza circunstancial dejó al descubierto una red de intereses compartidos por los jefes territoriales que se resisten a abandonar sus bancas y privilegios.









