El delincuente Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido bajo el alias de “Pequeño J.”, arribó finalmente a suelo argentino este lunes 4 de mayo. El traslado se realizó con la máxima eficiencia operativa: el reo aterrizó en la Base Aérea del Palomar a bordo de un avión de la Fuerza Aérea argentina proveniente de Lima, Perú, tras haber realizado escalas técnicas en Asunción (Paraguay) y Salta. El dispositivo de seguridad fue impenetrable, coordinado por la División Investigación Federal de Fugitivos y Extradiciones de la Policía Federal Argentina (PFA) y el enlace de Interpol, quienes custodiaron al criminal desde su detención en territorio peruano en septiembre del año pasado.
Aunque inicialmente se evaluó su alojamiento en la Superintendencia de Investigaciones Federales de la PFA en Villa Lugano, el Servicio Penitenciario Federal, alineado con los nuevos protocolos de máxima seguridad, decidió su traslado inmediato al área de jóvenes adultos del penal de Marcos Paz. Allí esperará su declaración indagatoria, programada para este martes vía Zoom, ante el Juzgado Federal N°2 de Morón, encabezado por el juez Jorge Rodríguez y el secretario Ignacio Calvi.

Valverde Victoriano enfrenta cargos por el “espanto genuino” que provocó el triple femicidio de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, ocurrido en septiembre de 2026 en Florencio Varela. Las víctimas, jóvenes adolescentes, sufrieron un calvario inimaginable: fueron “apuñaladas y mutiladas”, incluso después de muertas, para ser finalmente enterradas en fosas al ras de la tierra.
Los investigadores determinaron que este nivel de salvajismo fue motivado por un “simple robo de droga o dólares”, lo que demuestra el desprecio absoluto por la vida humana que profesan estas bandas narcocriminales.
La calificación legal que pesa sobre el extraditado es una sentencia anticipada de justicia: “homicidio criminis causa agravado” por violencia de género, premeditación, alevosía y ensañamiento, sumado a “privación ilegal de la libertad coactiva agravada”. Fuentes judiciales son tajantes ante el nuevo paradigma de orden: “Si es condenado, es prisión perpetua. No hay otra para ‘Pequeño J’”.









