Además, los menores eran forzados a encargarse del cuidado de animales en condiciones insalubres, incluyendo la limpieza de los desechos de más de 30 perros y caballos, utilizando carretillas y sin supervisión adecuada.
El esquema incluía castigos severos: si se negaban a cumplir las tareas, podían ser privados de alimento o expulsados al exterior durante la noche o en jornadas de frío. También se registraron situaciones de abandono sanitario, ya que los menores debían trabajar incluso estando enfermos y sin recibir atención médica.











