El dictador Lula da Silva encabezó este sábado un desfile cívico-militar por el Día de la Independencia del 7 de septiembre. Sin embargo, el mandatario, con la banda presidencial y desde un descapotable, paseó por las calles de Brasilia sin público, a pesar de que hubo una convocatoria abierta.
Apenas unas 1.000 personas se acercaron a las inmediaciones de la casa de gobierno para saludar al autoritario presidente brasileño. Un fuerte contraste con las más de 2 millones que se acercaron para el 7 de septiembre del 2022, el último año de Jair Bolsonaro en el poder.
El desfile movilizó a cerca de 9.000 personas entre militares, estudiantes de escuelas públicas del Distrito Federal de Brasilia y deportistas que representaron al país en los Juegos Olímpicos de París.
Hubo más gente dentro del desfile que a los costados viéndolo. Las imágenes son lamentables, con rejas colocadas para contener a un público inexistente y plazas enteras vacías.
Al evento acudieron también los jefes del Congreso, el senador Rodrigo Pacheco y de la Corte Suprema, el juez Luís Roberto Barroso, así como varios ministros del Gobierno.
Brasil se independizó de Portugal el 7 de septiembre de 1822 y la fecha, declarada festivo nacional por el Congreso, es históricamente celebrada con desfiles militares en los que participa el presidente junto a millones de ciudadanos.








