Tras regresar de China, Sylvestre defendió la reforma que mató a más de 50 millones de personas, la comparó con el peronismo y sostuvo que Argentina debería haber profundizado el socialismo como hizo China.
La utilización sistemática de las pantallas de televisión para la propaganda ideológica y la reivindicación de regímenes colectivistas ha alcanzado un nuevo hito de distorsión mediática en la Argentina. El más reciente y escandaloso episodio de esta línea ocurrió tras el regreso desde China del conductor de la señal C5N, "Gato" Sylvestre. Luego de recorrer el museo del Partido Comunistaen Beijing, el presentador elogió abiertamente la estructura económica del país asiático, comparando el desarrollo de dicha potencia con la trayectoria política argentina e instando a cuestionar por qué la Argentina no profundizó el camino del socialismo.
El punto máximo de la controversia radica en que en C5N defendieron el Gran Salto Adelante y la política de colectivización forzada del régimen maoísta. Al referirse a la desastrosa reforma agraria instaurada por el dictador Mao Zedong, Sylvestre aseguró en tono de celebración que "fue una reforma agraria en serio que sacó a millones de chinos de la pobreza", desestimando abiertamente las denuncias sobre la mortandad masiva que provocó dicho proceso.
Durante su intervención televisiva, Sylvestre trazó un paralelismo directo entre Mao Zedong y el expresidente Perón, afirmando que el país debió haber profundizado la senda estatista adoptada por Beijing. El conductor recordó que tras la fundación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949, el régimen comunista lanzó su primer plan quinquenal en 1952, un instrumento de planificación que en la Argentina de Perón ya se había implementado previamente con la producción estatal del auto y el avión.
Asimismo, contrapuso el presente de China —que bajo su 15.º plan quinquenal discute sobre inteligencia artificial y nuevas tecnologías— con el estancamiento nacional, lanzando el interrogante: "¿cómo se quedó la Argentina? ¿Cómo nos atrasamos? ¿Cómo seguimos envueltos en disputas, debates que no sirven para nada mientras otros países avanzan a ritmo acelerado?".
Juan Domingo Perón
Sin embargo, la narrativa presentada en el canal kirchnerista choca frontalmente con la verdad histórica y las escalofriantes cifras documentadas por la historiografía rigurosa. Lejos de ser un modelo de prosperidad, el Gran Salto Adelante (1958–1962) detonó la Gran Hambruna China, la peor de la historia humana, con estimaciones de fallecidos por hambre que oscilan entre 15 y 55 millones de personas.
Investigaciones basadas en archivos regionales, como las del historiador Frank Dikötter, establecen un piso de al menos 45 millones de muertes en ese período, revelando que al menos 2,5 a 3 millones de personas fueron además ejecutadas, torturadas o golpeadas hasta la muerte por los caudillos del Partido Comunista por intentar buscar comida o resistirse a la colectivización.
El trágico saldo del Gran Salto Adelante representa tan solo un capítulo del brutal legado de Mao Zedong, cuyo régimen acumuló un récord de atrocidades sin parangón en el siglo XX. Durante la Reforma Agraria Inicial y las purgas entre 1949 y 1953, se calcula que entre 1 y 4 millones de terratenientes y opositores fueron ejecutados o murieron exterminados en los campos de trabajo forzado (Laogai).
Mao Zedong
Décadas más tarde, la Revolución Cultural (1966–1976) sumó entre 1,5 y 3 millones de muertos adicionales producto del terror desplegado por los Guardias Rojos. En total, obras de referencia monumental como El libro negro del comunismo estiman en 65 millones de muertos el costo humano del maoísmo, mientras que investigaciones biográficas de Jung Chang y Jon Halliday elevan el total a más de 70 millones de muertes en tiempos de paz, convirtiendo a Mao Zedong en el mayor genocida de la historia contemporánea.
Frente a este prontuario de opresión y sangre, el intento de los voceros de C5N por blanquear la figura de Mao Zedong y presentar el colectivismo como un ejemplo a seguir para la Argentina no solo configura una grave falta de ética periodística, sino una afrenta a la memoria de decenas de millones de víctimas del totalitarismo marxista. La persistente predilección de los sectores vinculados al periodismo alineado con el kirchnerismo por ensalzar dictaduras sangrientas y esquemas de planificación centralizada demuestra un sesgo ideológico que ignora de forma deliberada la evidencia histórica, los fracasos del estatismo y el aberrante costo humano de la ingeniería social.