La situación económica es tema de conversación diario a lo largo y ancho del territorio argentino. “Es la economía, estúpido” se convirtió en una frase célebre de la política norteamericana cuyo propósito es recordar a los políticos sobre aquello que realmente le importa a la gente, y en nuestro país por justas razones parece aplicar más que en cualquier otra parte del mundo.
Gracias a los desmanejos a los que hemos sido sometidos durante décadas por parte de una clase política irresponsable, violadora de contratos, dispuesta a todo por obtener y conservar su metro cuadrado de poder, los argentinos nos hemos convertido de alguna manera en expertos del análisis macroeconómico. Está más que claro que en este país hay que tenerla por lo menos un poco clara si uno quiere proteger su patrimonio de la voracidad del político de turno.
Por eso sintonizamos los medios, que diariamente nos hablan de la inflación, del tipo de cambio, de la actividad económica, del riesgo país. Expertos y no tan expertos nos dan lecciones sobre pasado, presente y futuro que con algo de suerte nos ayudarán a decidir entre comprar y no comprar, ahorrar e invertir, jugársela y esperar. No saber simplemente no es una opción para quien no se resigna a ser arrastrado por la corriente.
En la mayoría de los casos, por supuesto, los medios presentan los datos de manera tendenciosa para construir una narrativa puntual; en otros casos, directamente someten a la audiencia a operaciones de terrorismo psicológico, infundiéndole pánico con el fin de esmerilar la confianza en el gobierno en favor de la oposición.









