La escasez, los prolongados apagones y el deterioro económico provocan nuevas protestas, mientras el régimen vuelve a culpar a EEUU.
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Miles de cubanos volvieron a expresar su descontento contra el régimen comunista este martes por la noche, cuando nuevos apagones generalizados dejaron amplias zonas de la isla sin electricidad. En varias localidades, los habitantes salieron de sus viviendas y tomaron las calles mientras golpeaban cacerolas y gritaban consignas como ''¡Pongan la corriente!'', en una nueva muestra del creciente malestar social provocado por el deterioro de las condiciones de vida.
El corte nacional del suministro eléctrico registrado el lunes fue el tercero de este año y se suma a los prolongados apagones programados que el gobierno impone desde hace meses debido a la falta de combustible para mantener operativas las centrales eléctricas. Aunque las autoridades aseguraron que gran parte del servicio había sido restablecido durante el martes, numerosas comunidades permanecieron sin energía durante horas adicionales, alimentando la frustración de una población cada vez más golpeada por la crisis.
La empresa estatal de electricidad no explicó las causas del apagón, una situación que se ha vuelto habitual en un sistema energético deteriorado por décadas de falta de inversión, infraestructura obsoleta y una gestión ineficiente de los recursos. Mientras tanto, los ciudadanos continúan enfrentando cortes de energía que afectan prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.
Miles de cubanos tomaron las calles en distintas ciudades para protestar contra el régimen de Díaz-Canel
En las zonas rurales, los apagones se prolongaron hasta 70 horas consecutivas, mientras que en las principales ciudades los cortes programados alcanzaron fácilmente las 30 horas. La ausencia de electricidad afecta el funcionamiento de hospitales, comercios, escuelas y servicios básicos, además de dificultar la conservación de alimentos y medicamentos en un país donde ambos productos ya escasean severamente.
La segunda ciudad más grande de Cuba, Santiago de Cuba, figuró entre las localidades que continuaban completamente a oscuras durante la noche del martes, pese a los anuncios oficiales sobre la recuperación del sistema eléctrico.
A diferencia de otros países, donde las protestas suelen formar parte del debate democrático, en Cuba cualquier manifestación pública contra el gobierno implica un alto riesgo para los participantes. Organizaciones internacionales de derechos humanos han denunciado repetidamente que el régimen responde con detenciones arbitrarias, procesos judiciales y largas condenas de prisión contra quienes participan en manifestaciones pacíficas o expresan críticas hacia las autoridades.
Pese a ello, el creciente deterioro económico ha llevado a muchos ciudadanos a perder el miedo y expresar abiertamente su indignación. La escasez de alimentos, medicamentos, combustible y transporte, sumada a los constantes apagones, ha incrementado el rechazo hacia un modelo político incapaz de ofrecer soluciones sostenibles a la población.
Varios apagones a lo largo del país azotaron a la población de Cuba durante al menos dos días consecutivos
El propio dictador Miguel Díaz-Canel reconoció que existe un profundo descontento social. Admitió que los cubanos sufren por la falta de transporte, alimentos, medicinas y por apagones que pueden superar las veinte horas diarias. Sin embargo, lejos de asumir responsabilidades por la gestión de su administración, el tirano volvió a responsabilizar a Estados Unidos de la crisis energética.
Según Díaz-Canel, quienes golpean cacerolas deberían dirigir su protesta contra Washington y no contra el gobierno cubano, al sostener que las sanciones estadounidenses serían la principal causa de los problemas eléctricos que enfrenta la isla.
Las declaraciones fueron respondidas desde Naciones Unidas por el embajador estadounidense Michael Waltz, quien responsabilizó directamente al régimen cubano por el deterioro de las condiciones de vida de la población. Durante una sesión de la Asamblea General, instó a las autoridades de La Habana a cambiar su forma de gobernar y devolver un suministro eléctrico estable a los ciudadanos.
Waltz también criticó que, mientras millones de cubanos permanecen sin electricidad, las instituciones del régimen continúan operando con normalidad, lo que, según afirmó, demuestra las prioridades del régimen frente a las necesidades de la población.
El dictador Miguel Díaz-Canel reconoció que existe un gran descontento social por parte de la población para con el régimen
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez insistió en acusar a Estados Unidos de desarrollar una ''guerra multidimensional" contra Cuba, argumentando que las sanciones económicas se han endurecido durante los últimos meses. No obstante, evitó referirse a las deficiencias estructurales del sistema energético nacional o a las críticas internas contra la administración comunista.
Las relaciones entre Washington y La Habana se han deteriorado significativamente desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La administración republicana ha endurecido las sanciones económicas, incrementado la presión diplomática sobre el régimen y restringido aún más el acceso de Cuba a suministros energéticos provenientes de terceros países.
Trump ha acusado al gobierno cubano de representar una amenaza para la seguridad nacional estadounidense y, tras la captura del ex-mandatario venezolano Nicolás Maduro, uno de los principales aliados de La Habana, aseguró que el régimen cubano mostraba signos de creciente debilidad. Posteriormente, Washington anunció nuevas sanciones, endureció las restricciones sobre el comercio petrolero y presentó cargos de asesinato contra el expresidente Raúl Castro.
El embajador estadounidense frente a las Naciones Unidas responsabilizó al régimen cubano por el deterioro de las condiciones de vida del pueblo cubano
A pesar del fuerte intercambio de acusaciones públicas, representantes de ambos gobiernos han mantenido conversaciones privadas en las últimas semanas. Sin embargo, el canciller Rodríguez reconoció que esos contactos no han producido avances significativos, aunque aseguró que Cuba continúa abierta al diálogo siempre que este se base en el respeto mutuo y la no injerencia.
Mientras tanto, la población cubana continúa enfrentando una crisis económica y energética que parece agravarse cada mes. Los apagones, la escasez y el deterioro de los servicios públicos han convertido el descontento ciudadano en una constante, reflejando el creciente desgaste de un régimen que, pese a sus reiteradas explicaciones, enfrenta cada vez más cuestionamientos por su incapacidad para garantizar condiciones básicas de vida a millones de cubanos.