Por Santiago Santurio, diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires (LLA), para La Derecha Diario.
Argentina atraviesa una de las peores crisis demográficas de su historia reciente. En los últimos diez años, los nacimientos cayeron un 40% a nivel nacional (INDEC). En la Provincia de Buenos Aires, bajo la gestión de Axel Kicillof, la caída supera el 44%. Son los niveles más bajos desde 1980. La foto es clara: menos familias, menos niños, menos futuro.
Pero frente a este escenario alarmante, el gobernador reacciona promoviendo condiciones para que crecer, trabajar y formar familia sea cada vez más difícil. En lugar de facilitar la vida de los bonaerenses, profundiza un enfoque antinatalista. Una Argentina antihumana. Con menos personas, de individuos solos, aislados y dependientes del Estado.
En ese camino, atacaron los valores fundamentales de nuestra sociedad y erosionaron nuestra identidad, empujando a los argentinos hacia un modelo individualista que nada tiene que ver con nuestra tradición de comunidad y familia.
El peligroso proyecto de Axel Kicillof
En este contexto, ignorando las urgencias de salud, el gobierno de Axel Kicillof lanzó una "jornada de vasectomías ambulatorias" en los hospitales de la Provincia de Buenos Aires, financiadas totalmente con fondos públicos. Vasectomía sin bisturí en la Provincia.

Hoy nuestro país tiene apenas 1,3 aportantes por cada jubilado. El sistema previsional está al borde del colapso. Necesitamos más trabajadores activos, más actividad económica, más familias que sostengan un país vivo. La base de cualquier sociedad son los niños, si la pirámide deja de tener base, la sociedad tiende a desaparecer.
Sin embargo, en vez de reducir impuestos, liberar a los laburantes, estimular la inversión y generar condiciones para que la gente pueda proyectar, el kirchnerismo insiste en políticas que desincentivan la natalidad. Kicillof lo vende como “progresismo”, pero no es otra cosa que el control poblacional. El discurso que hoy reaparece en sectores del progresismo no es nuevo. Tiene raíces históricas profundas.
Thomas Malthus, a fines del siglo XVIII, afirmaba que la población crece más rápido que los recursos, y que la única salida era contener o reducir el número de seres humanos. Su tesis fue refutada una y otra vez —desde la Revolución Industrial hasta la revolución tecnológica— pero su lógica sobrevivió en ciertos círculos elitistas.
Un siglo y medio después, el Club de Roma retomó esta idea con su famoso informe Los límites del crecimiento (1972), donde planteaba que el planeta no podría sostener a una población creciente. A partir de ese documento, se popularizó la noción de que “el problema son las personas”.








