Las fuerzas federales lograron evitar un grave ataque terrorista contra una instalación crítica de gas de alta presión el pasado 31 de enero en la zona de los Bosques de Ezeiza, en el sur del conurbano bonaerense.
El hecho es investigado por la Justicia Federal como un “atentado terrorista” dirigido a un objetivo estratégico, debido a la naturaleza del blanco elegido, el tipo de armamento utilizado y la disposición de los explosivos hallados en el lugar.
Según fuentes de seguridad con acceso a la investigación, el episodio se desencadenó a partir de un alerta por la presencia de personas armadas en un sector sensible. Un cabo de la Gendarmería Nacional Argentina detectó a dos individuos que circulaban en una moto negra en las inmediaciones de un gasoducto troncal. Al advertir la presencia del uniformado, los sospechosos emprendieron la fuga y efectuaron disparos con armas calibre 9 milímetros.

Para los investigadores, esos disparos no tuvieron únicamente el objetivo de garantizar la huida. La principal hipótesis sostiene que buscaban detonar el material inflamable previamente colocado en el lugar para provocar una explosión masiva, una modalidad relacionada con ataques terroristas contra infraestructura estratégica.
Tras la huida de los sospechosos, se desplegó un operativo de rastrillaje que permitió dimensionar el alcance del ataque planificado. En sectores clave del sistema, claramente identificados con carteles de “peligro: gas de alta presión”, se encontraron dos granadas listas para detonar.









